La política exterior mexicana irrumpe con fuerza en el corazón del Congreso. El tradicional protocolo de instalar a Grupos de Amistad Parlamentarios con otras naciones, se ha convertido hoy en un campo de batalla ético y político, obligando a legisladores a tomar posturas directas sobre conflictos sensibles que ocurren en el ámbito internacional, entre estos: la ofensiva de Israel en gaza y el régimen dictatorial de Daniel Ortega en Nicaragua.
México se ha caracterizado por ser una nación amiga del mundo, que busca fortalecer sus lazos de amistad y esto se hace también desde las cámaras de Diputados y de Senadores. Ahora esta intención amistosa es señalada por desacuerdos dentro de la propia Cámara de Diputados y evidencia una profunda polarización en la que la influencia por consideraciones humanitarias y de derechos humanos.
Los Grupos de Amistad son un espacio de diplomacia parlamentaria que sirven para afianzar la amistad y los lazos con otras naciones con las que México mantiene relaciones internacionales; no se discute no se toma decisión alguna sobre la política exterior, solamente es un espacio de encuentro.
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¿Amistad México-Israel?
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La pretensión de instalar el Grupo de Amistad México-Israel ha sido la primera víctima de este choque entre lo global y lo local.
Este grupo debió instalarse el 29 de septiembre pasado, sin embargo, se pospuso por las inconformidades de legisladores. Diputados del partido en el poder, Morena, solicitaron su baja inmediata del grupo, obligando a posponer el trámite de instalación. Legisladores como Petra Romero, Aremy Velasco y Luis Humberto Fernández argumentaron que su desacuerdo radica en la ofensiva del régimen de Benjamín Netanyahu contra la población palestina.
La diputada Romero fue categórica al señalar que no podía formar parte de un grupo que, en su opinión, "representa el respaldo a un Estado señalado internacionalmente por cometer violaciones graves a los derechos humanos contra el pueblo palestino". Esta postura refleja la creciente presión dentro de la izquierda mexicana por alinearse con las críticas internacionales hacia la actuación israelí en la Franja de Gaza.
Aunque el liderazgo parlamentario de Morena calificó la acción como una decisión personal, el efecto fue inmediato: la diplomacia legislativa en este frente quedó temporalmente paralizada ante la sensibilidad del tema, mientras otras bancadas lamentaron la polarización.
La presidenta Claudia Sheinbaum recién lanzó un llamado para que “se detenga el acoso en contra de Gaza”.
¿Y con Nicaragua?
Si la situación en Gaza ha provocado fisuras, la intención de crear el Grupo de Amistad México-Nicaragua ha generado una condena explícita pero desde el exilio.
Ocho legisladores mexicanos de casi todos los partidos políticos: Morena, PT, PAN y Movimiento Ciudadano lanzaron una invitación para instaurar dicho grupo y ello ha encendido las alarmas.
El exilio nicaragüense reaccionó con una carta abierta a los legisladores, rechazando enérgicamente la iniciativa. La comunidad exiliada, que incluye a figuras prominentes como la escritora Gioconda Belli y exguerrilleras como Dora María Téllez, alertó que el grupo de amistad "contribuye a lavarle la cara a una de las dictaduras más crueles y feroces que han conocido en la historia de nuestro continente", en referencia al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Los exiliados, que enviaron una carta a la Cámara de Diputados mexicana, recordaron que Nicaragua vive bajo un "Estado Policial de facto" con graves violaciones a los derechos humanos, desapariciones forzadas y confiscaciones de bienes, y han exigido a los congresistas mexicanos "reorientar las acciones legislativas para promover la defensa de los derechos humanos en Nicaragua".
La carta está firmada por 74 nicaragüenses perseguidos y en ésta cuestionan el por qué México, un país que ha sido solidario con perseguidos políticos y solidario con la libertad, ahora busca tender la mano a un régimen como el de Daniel Ortega y Rosario Murillo, a quienes acusan de cometer crímenes de lesa humanidad.
Carta contra el grupo pro Nicaragua
En una carta de nicaragüenses que viven en México en calidad de exiliados del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, además de varias organizaciones y académicos mexicanos se buscó persuadir a los legisladores para que no participen en la instalación del Grupo de Amistad debido a la situación de terror y represión bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Los firmantes detallan una lista de abusos a los derechos humanos, incluyendo asesinatos, encarcelamientos, torturas y la desaparición de prisioneros políticos, y documentan la persecución a la sociedad civil, las iglesias y las universidades.
Finalmente, la carta exhorta a los diputados mexicanos a demandar la liberación de los presos políticos y a que México apoye el retorno a la democracia en Nicaragua, argumentando que el régimen busca utilizar el Grupo de Amistad para legitimar su dictadura.
La diplomacia condicionada
Ambos casos confirman que la política exterior mexicana, históricamente regida por la doctrina Estrada, la de la no intervención, se encuentra en un punto de inflexión donde las consideraciones éticas y humanitarias están rebasando el pragmatismo partidista.
La controversia en torno a Israel y Nicaragua demuestra cómo la reputación internacional de los regímenes se convierte en un factor decisivo para la alineación interna en México. Mientras que en el caso nicaragüense se observa un acuerdo multipartidista para promover el grupo (lo que sugiere un intento de respaldo al régimen de Ortega que choca con la realidad de su aislamiento), en el caso israelí, la oposición interna dentro del partido mayoritario (Morena) ha logrado frenar un proceso legislativo, colocando la defensa del pueblo palestino por encima de las formalidades diplomáticas.
En última instancia, la Cámara de Diputados se ha convertido en un termómetro de la conciencia global. La instalación de grupos de amistad ha dejado de ser un mero trámite para volverse un juicio de valor sobre los regímenes en cuestión, condicionando la agenda legislativa mexicana a las turbulentas aguas de la geopolítica mundial.
