El gobierno de Donald Trump comenzó a poner en marcha su nueva estrategia arancelaria para el sector farmacéutico, una política que utiliza la seguridad nacional como argumento para reducir la dependencia de Estados Unidos de las importaciones de medicamentos y principios activos.
La medida fue establecida mediante una proclamación presidencial firmada el 2 de abril de 2026. La Casa Blanca recurrió a la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, una herramienta que permite al presidente estadounidense imponer restricciones comerciales cuando las importaciones son consideradas una amenaza para la seguridad nacional.
Con esta decisión, Washington amplió el uso de una herramienta tradicionalmente vinculada con sectores estratégicos como el acero y el aluminio hacia una industria considerada crítica para la salud pública y la seguridad del país.
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¿De cuánto son los nuevos aranceles a los medicamentos?
La tasa establecida para determinados medicamentos patentados y sus ingredientes farmacéuticos activos importados puede llegar a 100%. Sin embargo, el esquema contempla diferentes condiciones y excepciones dependiendo del país de origen y de los acuerdos alcanzados con las compañías.
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Los productos farmacéuticos procedentes de la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y Suiza y Liechtenstein tienen una tasa de 15%, mientras que para Reino Unido se estableció inicialmente una tarifa de 10%, con la posibilidad de reducirla conforme a futuros acuerdos sobre precios farmacéuticos.
La estrategia de Trump, por tanto, no consiste únicamente en gravar las importaciones. El objetivo central es utilizar los aranceles como mecanismo de presión para relocalizar la fabricación de medicamentos en territorio estadounidense.
Fabricar en Estados Unidos para pagar menos
La proclamación contempla condiciones preferenciales para las compañías que se comprometan a trasladar parte de su producción a Estados Unidos.
Las empresas con planes de relocalización aprobados pueden enfrentar inicialmente un arancel de 20%, tasa que aumentaría hasta 100% cuatro años después si no se cumplen las condiciones establecidas.
Además, las compañías que alcancen acuerdos con el gobierno estadounidense relacionados con precios bajo el modelo de “nación más favorecida” (MFN) y con la instalación de producción y actividades de investigación en Estados Unidos pueden acceder a una tasa de 0% durante el periodo establecido por los acuerdos.
De esta manera, la Casa Blanca combina la política comercial con su estrategia para reducir los precios de los medicamentos en Estados Unidos y atraer inversiones de las grandes farmacéuticas.
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Los medicamentos genéricos quedan en el centro de la disputa
La situación de los medicamentos genéricos es distinta. La proclamación de abril decidió no aplicar inicialmente los aranceles de la Sección 232 a los genéricos ni a sus ingredientes, incluidos los biosimilares.
Sin embargo, el escenario cambió en julio. Donald Trump anunció que los medicamentos genéricos importados mantendrán un arancel de 0% durante dos años a partir del 1 de agosto de 2026. Después de ese periodo, la tarifa subiría a 100% durante un año y posteriormente a 200%.
El objetivo declarado por el presidente estadounidense es incentivar a las empresas a construir plantas y trasladar la producción de medicamentos genéricos a Estados Unidos.
La medida es especialmente relevante porque más de 90% de los medicamentos vendidos en Estados Unidos son genéricos, de acuerdo con datos citados por Reuters a partir de información de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos.
Una apuesta por cambiar el mapa de producción farmacéutica
Contexto: La estrategia de Washington puede modificar las decisiones de inversión de las compañías farmacéuticas durante los próximos años.
Construir nuevas plantas en Estados Unidos implicaría inversiones millonarias y una reorganización de las cadenas internacionales de suministro. A cambio, las compañías podrían reducir su exposición a futuros aranceles y garantizar un acceso más estable al mercado estadounidense.
El problema es que la relocalización de la producción no es inmediata. Instalar una fábrica farmacéutica, obtener las autorizaciones regulatorias y desarrollar cadenas de suministro locales requiere tiempo y grandes cantidades de capital.
En ese sentido, la política arancelaria estadounidense llega en un momento en el que las farmacéuticas ya están reorganizando sus estrategias de producción y comercialización debido a las nuevas exigencias de Washington.
Cabe recordar que el pasado mes de abril, Trump anunció acuerdos con grandes compañías farmacéuticas para reducir los precios de medicamentos en Estados Unidos a cambio de compromisos relacionados con inversión, fabricación y precios. Reuters reportó que 17 grandes farmacéuticas habían alcanzado o anunciado acuerdos con el gobierno estadounidense en torno a esta estrategia.
Para las empresas que no entren en esos esquemas, el arancel puede convertirse en un incentivo para producir dentro de Estados Unidos o modificar sus cadenas internacionales.
El efecto también puede sentirse fuera del territorio estadounidense. Una mayor concentración de inversiones y capacidad productiva en Estados Unidos podría alterar el equilibrio actual entre las plantas ubicadas en Europa, Asia y otras regiones.
Por ahora, el mensaje de Washington es claro: para Trump, la próxima batalla comercial no está en el acero ni en los automóviles, sino en quién controla la fabricación de los medicamentos.
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AJA
