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Nos hicieron creer que era flojera; la ciencia reivindica la siesta

Especialistas de la UNAM y estudios recientes explican que una siesta de entre 15 y 30 minutos responde a un proceso natural del organismo y puede favorecer la concentración, el aprendizaje y el bienestar

Nos hicieron creer que era flojera; la ciencia reivindica la siesta
Nos hicieron creer que era flojera; la ciencia reivindica la siestaCréditos: Foto de Jamie Street en Unsplash
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Son apenas unos minutos. Llegan después de la comida, cuando el cuerpo baja el ritmo y los ojos comienzan a cerrarse casi sin pedir permiso. Muchos aprendieron a ignorar esa sensación. Otros la disfrazaron con otra taza de café o con una caminata apresurada porque descansar, durante mucho tiempo, pareció sinónimo de pereza.

Especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explican que el llamado "mal del puerco", conocido como somnolencia postprandial, forma parte de una respuesta fisiológica del organismo. Después de comer, especialmente si la comida resulta abundante, aumenta la glucosa en la sangre y ese cambio reduce la actividad de neuronas que mantienen el estado de vigilia, lo que favorece la sensación de sueño.

Con esa explicación también pierde fuerza uno de los mitos más repetidos durante años. El sueño no aparece porque toda la sangre se concentre en el aparato digestivo. La propia UNAM señala que el cerebro mantiene el flujo sanguíneo que necesita para funcionar con normalidad mientras el organismo procesa los alimentos.

Lejos de representar un problema por sí mismo, ese momento invita a escuchar una necesidad natural del cuerpo. Cuando las condiciones lo permiten, los especialistas recomiendan no prolongar la lucha contra el cansancio, sino aprovechar una pausa breve para recuperar energía.

Una pausa con respaldo científico

La UNAM indica que una siesta de entre 15 y 30 minutos ayuda a recuperar el estado de alerta cuando después se deben realizar actividades que requieren atención, memoria o concentración. El descanso corto permite retomar la jornada con mayor claridad, sin caer en un sueño profundo.

Esa recomendación coincide con los resultados de investigaciones recientes. Un estudio publicado en la revista NeuroImage, realizado por especialistas de la Universidad de Friburgo y la Universidad de Ginebra, encontró que una siesta cercana a los 45 minutos reorganiza las conexiones entre las neuronas y facilita el aprendizaje de nueva información.

Los investigadores observaron que el descanso reduce la saturación que el cerebro acumula durante el día y abre espacio para formar nuevas conexiones. Ese proceso explica por qué muchas personas recuperan la concentración después de una pausa.

Otra investigación, encabezada por científicos del University College London, identificó una asociación entre el hábito de dormir siestas y un mayor volumen cerebral. Los autores precisan que los resultados muestran una relación estadística y no prueban que la siesta produzca ese efecto por sí sola, aunque consideran que el hallazgo aporta información relevante sobre la salud del cerebro.

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Foto de Adrian Swancar en Unsplash

Escuchar al cuerpo también cuenta

No todas las personas pueden detener su jornada para descansar unos minutos. La oficina, la escuela, el transporte o los horarios de trabajo muchas veces obligan a seguir adelante, incluso cuando el sueño aparece.

En esos casos, la UNAM recomienda realizar una caminata breve o tomar café para mantenerse alerta, sobre todo si la persona debe conducir o desempeñar actividades que requieren atención constante. Si la somnolencia ocurre con frecuencia o se acompaña de otros síntomas, la Secretaría de Salud aconseja consultar a un profesional.

Cada vez más investigaciones coinciden en que una pausa breve forma parte de una rutina saludable cuando las circunstancias lo permiten. Ese descanso no sustituye el sueño nocturno ni representa una solución para todos los casos, pero sí ofrece una forma sencilla de recuperar energía durante el día.

Quizá el mayor cambio no ocurre en el cuerpo, sino en la forma de entender ese momento cotidiano. Lo que durante años muchos señalaron como flojera hoy encuentra una explicación científica. Y esos 20 minutos que antes despertaban críticas ahora recuerdan que, algunas veces, escuchar al cuerpo también significa cuidar la mente.

VGB