La reducción histórica de nieve en las Montañas Rocosas y el avance de la sequía están poniendo en riesgo el futuro del Río Colorado, una de las fuentes de agua más importantes de Norteamérica. Así lo documenta un reportaje publicado por Los Angeles Times, que expone cómo la escasez de deshielo amenaza el abastecimiento de agua para millones de personas y extensas zonas agrícolas en el suroeste de Estados Unidos y el norte de México.
La investigación retrata una situación cada vez más crítica en la cuenca alta del río, donde los efectos combinados del cambio climático y la denominada “megasequía” han reducido significativamente los caudales que alimentan presas, ciudades y sistemas de riego.
El caso se desarrolla en la región de Granby, Colorado, una de las zonas donde nacen los afluentes que alimentan al Río Colorado. Allí, el ganadero de cuarta generación Merrit Linke describe un paisaje muy distinto al que conoció durante décadas.
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De acuerdo con su testimonio, arroyos permanentes y manantiales naturales que históricamente abastecían pastizales y humedales han desaparecido por completo. En su lugar quedan extensiones de lodo seco y vegetación afectada por la falta de agua.
Linke asegura que nunca había observado niveles tan bajos de nieve ni temperaturas tan elevadas en la región, una percepción que coincide con las advertencias emitidas por especialistas en recursos hídricos y cambio climático.
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La disminución del caudal amenaza a 35 millones de personas
La relevancia del problema va mucho más allá de Colorado. El Río Colorado suministra agua potable, energía y recursos para la producción agrícola en una extensa región que abarca siete estados de Estados Unidos y parte del territorio mexicano.
Según los datos citados en la investigación, alrededor de 35 millones de personas dependen directa o indirectamente de esta cuenca hidrográfica. Además, el sistema permite irrigar aproximadamente 5 millones de acres de tierras agrícolas, fundamentales para la producción de alimentos en el oeste de Norteamérica.
La reducción de los deshielos en las zonas montañosas limita el volumen de agua que llega a los embalses y agrava la presión sobre un recurso cada vez más escaso.
Las principales reservas de agua del oeste de Estados Unidos siguen disminuyendo
Uno de los aspectos más alarmantes del reportaje es la situación de los dos mayores embalses del sistema del Río Colorado: el Lago Mead y el Lago Powell.
Al momento de la publicación, el Lago Mead, ubicado cerca de Las Vegas, se encontraba apenas al 28% de su capacidad total. Por su parte, el Lago Powell registraba un nivel cercano al 24%.
Estos porcentajes reflejan una disminución histórica de las reservas hídricas y representan un riesgo para la generación de energía hidroeléctrica. En particular, el Lago Powell se aproxima a niveles que podrían comprometer el funcionamiento de las turbinas de la presa Glen Canyon, una infraestructura clave para el suministro eléctrico de la región.
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Cambio climático y megasequía agravan la crisis hídrica
Contexto: La problemática forma parte de una tendencia de largo plazo que expertos han vinculado con el calentamiento global y la persistente sequía que afecta al oeste de Estados Unidos.
Diversos estudios científicos han documentado que el flujo natural del Río Colorado ha disminuido aproximadamente un 20% desde el inicio del siglo XXI. El aumento de las temperaturas acelera la evaporación, reduce la acumulación de nieve y altera los patrones de precipitación que históricamente alimentaban la cuenca.
Este fenómeno ha llevado a numerosos investigadores a describir la situación actual como una “megasequía”, considerada una de las más severas registradas en siglos.
Impacto para México y los acuerdos internacionales de agua
La reducción del caudal también tiene implicaciones directas para México. El Río Colorado forma parte de los acuerdos binacionales que regulan la distribución de agua entre ambos países, por lo que cualquier disminución en las reservas afecta la disponibilidad del recurso en comunidades agrícolas y urbanas del norte mexicano.
Además, la presión sobre la cuenca obliga a gobiernos, autoridades ambientales y organismos internacionales a replantear estrategias de conservación, eficiencia hídrica y adaptación climática.
La combinación de menos nieve, temperaturas récord y una sequía prolongada está transformando uno de los sistemas hídricos más importantes de América del Norte. De mantenerse esta tendencia, las consecuencias podrían extenderse desde las comunidades rurales de las Montañas Rocosas hasta las grandes ciudades y zonas agrícolas que dependen del río para su supervivencia.
AJA
