La preocupación crece conforme se intensifican los riesgos climáticos y geopolíticos. Mientras la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima un 63% de probabilidad de que El Niño alcance una categoría "muy fuerte", el banco de inversión JP Morgan prevé que este escenario, combinado con un petróleo cercano a los 100 dólares por barril, podría impulsar la inflación mundial de los alimentos y generar una mayor presión sobre los mercados agrícolas.
En ese sentido, el fenómeno de El Niño representa uno de los principales factores de incertidumbre para la agricultura global debido a que modifica los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.
Las alteraciones climáticas pueden provocar sequías prolongadas en algunos países y lluvias torrenciales en otros, afectando la producción de cereales, arroz, maíz, trigo y otros cultivos esenciales para la seguridad alimentaria.
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De acuerdo con la NOAA, el fenómeno continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico y presenta una probabilidad del 63% de convertirse en un episodio de gran intensidad, condición que históricamente ha estado asociada con pérdidas agrícolas y aumentos en los precios internacionales de los alimentos.
Las estimaciones de JP Morgan señalan que, si este escenario coincide con un petróleo alrededor de los 100 dólares por barril, la inflación mundial de los alimentos podría aumentar inicialmente 1.5%. En un contexto más adverso, los analistas consideran que el incremento podría superar el 5% durante 2027, particularmente en los mercados emergentes.
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Guerras y tensiones geopolíticas agravan la presión sobre la agricultura
A la amenaza climática se suma un escenario internacional marcado por conflictos que continúan alterando las cadenas mundiales de suministro.
La guerra entre Rusia y Ucrania mantiene afectada una de las principales regiones exportadoras de trigo, maíz y otros cereales, mientras que las tensiones entre Estados Unidos e Irán mantienen elevados los costos energéticos y aumentan la incertidumbre sobre el comercio internacional.
Estos factores repercuten directamente en el precio del transporte, los fertilizantes y otros insumos agrícolas, incrementando los costos de producción para millones de agricultores.
El estrecho de Ormuz preocupa por el comercio de fertilizantes
Uno de los principales focos de atención es el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo.
Según diversos organismos internacionales, aproximadamente un tercio del comercio mundial de fertilizantes transita por esta zona estratégica, donde las tensiones geopolíticas han elevado el riesgo para el transporte marítimo.
El aumento en los costos de estos insumos ya está llevando a numerosos productores a reducir su uso o retrasar las compras, una decisión que podría traducirse en menores rendimientos agrícolas durante las próximas temporadas.
El arroz, uno de los cultivos más vulnerables
Entre los alimentos con mayor riesgo se encuentra el arroz, base de la alimentación para miles de millones de personas.
El Banco Mundial advirtió que un episodio intenso de El Niño podría reducir entre 20% y 50% la producción de arroz en las regiones más afectadas por las alteraciones climáticas.
El caso de la India resulta especialmente relevante debido a que produce cerca de una tercera parte del arroz mundial.
El economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Máximo Torero, advirtió que el retraso del monzón podría generar un "efecto compuesto" sobre la producción agrícola y el abastecimiento internacional.
Además de India, la FAO identifica riesgos importantes en el Sahel, el sur de África, el sudeste asiático y el Corredor Seco de Centroamérica, donde algunas regiones presentan probabilidades superiores al 50% de registrar sequías durante los próximos meses.
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La producción mundial de alimentos mantiene cierta fortaleza
Pese al complejo panorama internacional, la producción agrícola global ha mostrado una capacidad de adaptación mayor a la prevista.
La FAO informó que el año pasado se obtuvo la mayor cosecha de cereales registrada hasta ahora gracias al incremento de la productividad, una mayor superficie cultivada y condiciones meteorológicas favorables.
Aunque la producción podría disminuir ligeramente este año, las previsiones indican que seguiría ubicándose entre las más altas de la historia.
La investigadora del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Simone Bunse, considera que los avances tecnológicos y las mejoras en la productividad han permitido amortiguar parte de los efectos provocados por los conflictos armados sobre la producción de alimentos.
El hambre mundial sigue concentrándose en las zonas de conflicto
Contexto: La disponibilidad global de alimentos continúa siendo suficiente para abastecer a la población mundial. Sin embargo, el principal desafío sigue siendo el acceso.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que 266 millones de personas padecen hambre aguda y que más de la mitad vive en países afectados por guerras o crisis humanitarias.
Máximo Torero sostiene que el problema no radica en la producción de alimentos, sino en la desigualdad de su distribución.
"Producimos suficientes calorías en el mundo para alimentar a toda la población. El problema es que esas calorías no se distribuyen de la misma manera en todo el mundo", afirmó el economista de la FAO.
En países como Sudán y Gaza, los conflictos armados continúan destruyendo tierras de cultivo, sistemas de riego, instalaciones de almacenamiento y rutas de transporte, dificultando además la llegada de ayuda humanitaria.
En ese sentido, un episodio muy intenso de El Niño, nuevas interrupciones en las exportaciones agrícolas desde Ucrania y un incremento sostenido en los precios internacionales del petróleo podrían ejercer una fuerte presión sobre la oferta mundial de alimentos y acelerar la inflación alimentaria.
Aunque la producción agrícola global continúa mostrando resiliencia, organismos como la NOAA, la FAO, el Banco Mundial, JP Morgan y el SIPRI coinciden en que será fundamental fortalecer la cooperación internacional, proteger las cadenas de suministro y reforzar la resiliencia climática para evitar que millones de personas enfrenten una crisis alimentaria de mayor magnitud en los próximos años.
AJA
