A los 76 años, levantarse de una silla sin ayuda, recordar una instrucción o mantener el equilibrio durante unos segundos puede marcar la diferencia entre vivir con independencia o depender de alguien más. Para un grupo de 56 adultos mayores de la comuna de Los Muermos, en el sur de Chile, esos pequeños logros comenzaron a acumularse después de participar durante siete meses en un programa que combinó ejercicio físico, estimulación cognitiva y actividades recreativas.
Los resultados sorprendieron incluso a los investigadores.
Tras 28 semanas de entrenamiento, los participantes mostraron mejoras en la fuerza de los brazos, una mayor flexibilidad en las piernas, avances en la atención y una reducción en los niveles de depresión, de acuerdo con un estudio publicado en la Revista Central de Sociología (número 21, 2025), elaborado por investigadores de la Universidad de Los Lagos.
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El trabajo, titulado "Efectos de un programa multicomponente en la capacidad funcional y cognitiva de adultos mayores, Los Muermos", analizó el impacto de una estrategia que buscó atender uno de los mayores desafíos demográficos de América Latina: el rápido envejecimiento de la población.
Un reto que crece con la edad
Los investigadores parten de una realidad evidente. Cada vez hay más personas mayores y, con ello, aumentan los problemas relacionados con la pérdida de fuerza, movilidad, memoria y salud emocional.
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En Chile, señalan los autores, las personas de 65 años o más ya representan el 14% de la población, casi el doble que hace tres décadas. El aumento de la esperanza de vida también significa convivir durante más años con enfermedades asociadas al envejecimiento, deterioro cognitivo y mayor riesgo de caídas.
Frente a ese escenario, el equipo encabezado por José Luis Cárdenas Barria, Tania Andrea Flores Igor y Mauricio González Sepúlveda decidió evaluar si un programa integral podía ayudar a retrasar ese deterioro.
No era solo hacer ejercicio
Durante siete meses, los participantes asistieron semanalmente a sesiones que mezclaban distintas actividades físicas y cognitivas.
El programa incluyó ejercicios de fuerza para piernas y brazos, actividades de equilibrio, flexibilidad, resistencia cardiovascular, juegos de coordinación, dinámicas de memoria y atención, además de ejercicios apoyados con tecnologías como videojuegos interactivos (exergames), simuladores de movimientos, Twister adaptado, Simon y otros juegos diseñados para estimular funciones cognitivas.
La intención era trabajar al mismo tiempo cuerpo y cerebro.
Para medir los cambios, los investigadores aplicaron pruebas estandarizadas antes y después de la intervención, entre ellas el Senior Fitness Test para evaluar la condición física, el Montreal Cognitive Assessment (MoCA) para medir la función cognitiva y la escala geriátrica de depresión de Yesavage.
Los cambios aparecieron desde la quinta semana
Aunque el programa se extendió durante 28 semanas, los investigadores reportan que las primeras mejoras comenzaron a observarse alrededor de la quinta semana.
Los resultados finales mostraron avances importantes.
La fuerza en las extremidades superiores aumentó respecto a la medición inicial y también mejoró la flexibilidad de las piernas. En las pruebas cognitivas se registró un mejor desempeño en tareas relacionadas con la atención, el lenguaje y la orientación.
En el aspecto emocional también hubo cambios.
La proporción de participantes con depresión establecida disminuyó, mientras que el grupo sin síntomas depresivos se mantuvo como el más numeroso, un hallazgo que, para los autores, confirma el valor de este tipo de intervenciones para promover un envejecimiento saludable.
Más que músculos, autonomía
El estudio sostiene que el beneficio de este tipo de programas va mucho más allá del fortalecimiento físico.
Los autores explican que el entrenamiento multicomponente ayuda a conservar la autonomía funcional, favorece la interacción social, fortalece las redes de apoyo y puede retrasar procesos asociados al deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.
También destacan que mantenerse activo reduce el riesgo de fragilidad, mejora el bienestar psicológico y puede contribuir a disminuir el estrés y la ansiedad que frecuentemente acompañan el envejecimiento.
Como parte del proyecto, los investigadores incluso propusieron una metodología sencilla para centros comunitarios, basada en estaciones de trabajo con juegos de memoria, ejercicios de movilidad, actividades de coordinación y estiramientos, diseñada para ser replicable con pocos recursos.
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Los resultados tienen límites
Los propios autores advierten que los hallazgos deben interpretarse con cautela.
El estudio utilizó un diseño preexperimental sin grupo de control, por lo que no es posible atribuir todos los cambios exclusivamente al programa. Además, la muestra estuvo integrada por 56 personas seleccionadas por conveniencia en un solo centro diurno, lo que limita extrapolar los resultados a toda la población adulta mayor.
Aun así, los investigadores consideran que la evidencia respalda el uso de programas de entrenamiento multicomponente como una herramienta para mejorar la calidad de vida durante la vejez.
En un contexto donde las sociedades envejecen cada vez más rápido, concluyen, mantener el cuerpo en movimiento también puede ser una forma de proteger la memoria, preservar la independencia y enfrentar con mayor bienestar los años que vienen.
VGB
