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"Mi padre lloraba a escondidas"; no lo hacía menos hombre, le permitía seguir adelante

El llanto masculino sigue cargando con el estigma de la debilidad, pero llorar puede ayudar a regular el estrés, aliviar el dolor emocional y recuperar la calma

'Mi padre lloraba a escondidas'; no lo hacía menos hombre, le permitía seguir adelante
"Mi padre lloraba a escondidas"; no lo hacía menos hombre, le permitía seguir adelanteCréditos: Foto de Tom Pumford en Unsplash
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Durante años, muchos hombres aprendieron a esconder las lágrimas como si fueran una señal de debilidad. A llorar en silencio, a esperar a estar solos, a tragarse el nudo en la garganta antes de que alguien pudiera verlo.

Pero quizá una de las formas más honestas de hablar sobre la relación de los hombres con el llanto comienza con una frase sencilla: “Mi padre lloraba a escondidas”.

La escena forma parte de una historia publicada originalmente por el medio alemán ZEIT, en la que el periodista Moritz Hackl cuenta una conversación con su padre, un hombre de 60 años que durante buena parte de su vida aprendió a mantener sus emociones bajo control.

En algún momento de la conversación, el hijo le preguntó por qué había tomado tranquilizantes durante el funeral de su propio padre. La respuesta reveló una herida más profunda: su padre había muerto después de una relación difícil y, poco antes de morir, le había dicho por primera vez que lo quería.

El hombre temía desmayarse durante el funeral. Pero también temía algo más: llorar frente a todos.

“Cuando todo el mundo te está mirando, comprobando si estás haciendo el duelo como es debido”, explicó. Por eso había querido evitar las lágrimas.

La respuesta podría parecer contradictoria con la imagen tradicional del hombre que no llora. Sin embargo, en la misma conversación, el padre contó que lloraba con frecuencia, casi todas las semanas.

La diferencia estaba en otra parte: lo hacía en privado.

“¿Qué se siente al llorar?”, le preguntó su hijo.

“Es horrible”, respondió. “Porque no cambia nada. No me siento mejor después de llorar que antes. Al final llega un momento en que las lágrimas dejan de fluir. Entonces estoy cansado”.

Para su hijo, aquella conversación tuvo algo de revelación. Por primera vez pudo mirar a su padre más allá del papel de hombre fuerte, proveedor y figura de autoridad. Detrás de esa imagen había también un ser humano que sufría, extrañaba, se conmovía y necesitaba llorar.

Y eso no lo hacía menos hombre.

Llorar no es perder el control

La idea de que los hombres deben contener sus emociones tiene raíces culturales profundas. Durante generaciones, a muchos se les enseñó que llorar era incompatible con la fortaleza, el liderazgo o la masculinidad.

Pero la evidencia científica apunta en otra dirección.

El llanto emocional es una respuesta humana natural y puede contribuir a la regulación de las emociones. Una revisión citada por Medical News Today señala que llorar puede activar el sistema nervioso parasimpático, asociado con la relajación y la recuperación después de momentos de tensión.

Las lágrimas emocionales también se han relacionado con la liberación de oxitocina y endorfinas, sustancias que pueden contribuir a aliviar el dolor físico y emocional y favorecer una sensación de bienestar.

El llanto también puede cumplir una función social. De acuerdo con investigaciones sobre la conducta humana, mostrar vulnerabilidad puede favorecer la búsqueda de apoyo y fortalecer los vínculos con otras personas.

En otras palabras: llorar no siempre significa que alguien está perdiendo el control. A veces puede ser una de las formas en que el cuerpo intenta recuperarlo.

Foto de Mojtaba Ravanbakhsh en Unsplash

Los hombres también lloran

La diferencia entre hombres y mujeres no está en la capacidad de llorar, sino, en buena medida, en la manera en que cada sociedad enseña a expresar las emociones.

Una revisión citada por Medical News Today encontró que, en promedio, las mujeres adultas lloran con mayor frecuencia que los hombres. Pero esa diferencia no significa que los hombres no necesiten llorar, sino que muchos han aprendido a ocultarlo o a expresarlo de otras maneras.

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La historia publicada por ZEIT pone el foco precisamente en esa contradicción: un hombre puede llorar con frecuencia y, al mismo tiempo, pasar años convencido de que nadie debería verlo hacerlo.

Quizá por eso el recuerdo del padre que lloraba en secreto resulta tan poderoso. No porque revele una debilidad, sino porque desmonta una idea que muchos hombres han cargado durante toda su vida: que para ser fuertes deben permanecer siempre enteros frente a los demás.

A veces, seguir adelante también significa permitirse llorar.

Y quizá un hombre que llora no está dejando de ser fuerte.

Quizá, por fin, está dejando de fingir que no necesita serlo todo el tiempo.

VGB