Para la mayoría de las personas, un enorme cilindro metálico sería sinónimo de encierro. Para Martha Lillard fue, durante más de siete décadas, la herramienta que le permitió seguir viviendo.
Cuando tenía apenas cinco años contrajo poliomielitis, una enfermedad que en la década de 1950 aterrorizaba a miles de familias y que podía paralizar los músculos encargados de respirar. Desde entonces dependió de un "pulmón de acero", una máquina que utilizaba presión negativa para expandir y contraer sus pulmones, ayudándola a respirar durante varias horas al día.
Lo extraordinario de su historia no fue la máquina, sino todo lo que hizo a pesar de ella.
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Lejos de resignarse, Martha aprendió a construir una vida prácticamente independiente. Con ayuda de su familia, que modificó el equipo para que pudiera entrar y salir por sí sola, logró conducir un automóvil adaptado, pintar paisajes, cuidar a sus queridos perros beagle y convertirse en una mujer curiosa que nunca dejó de aprender.
"Siempre encontraba la manera de salir adelante", recordó su hermana Cindy McVey en declaraciones recogidas por la BBC. Esa actitud convirtió a Martha en un ejemplo de resiliencia para quienes la conocieron.
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Mientras miles de pacientes quedaron marcados por la polio, ella decidió que la enfermedad no definiría quién era. Incluso encontró el amor. Después de más de 20 años de relación a distancia con Baha Salh, un hombre originario de Egipto, ambos pudieron reunirse y casarse este mismo año, apenas unos meses antes de su fallecimiento.
Martha murió el pasado 26 de junio a los 78 años. Fue considerada la última paciente de poliomielitis en Estados Unidos que seguía utilizando un pulmón de acero, un dispositivo que hoy prácticamente pertenece a los libros de historia gracias al desarrollo de vacunas y a las campañas de inmunización que lograron erradicar la enfermedad en ese país desde finales de la década de 1970.
Su historia también recuerda la magnitud de una enfermedad que cambió la vida de millones de personas. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada 200 infecciones por poliomielitis provoca parálisis irreversible y, cuando los músculos respiratorios resultan afectados, entre el 5 y el 10% de esos pacientes puede morir.
Pero, más allá de las cifras y de la medicina, quienes conocieron a Martha prefieren recordarla por otra razón. No como la mujer que pasó 73 años conectada a una máquina, sino como alguien que encontró la forma de seguir pintando, manejando, enamorándose y disfrutando la vida cuando todo parecía estar en su contra.
Porque, a veces, la historia más extraordinaria no es la de quien logra respirar gracias a una máquina, sino la de quien nunca permitió que esa máquina le robara las ganas de vivir.
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VGB
