Algunos dieron sus primeros pasos en campamentos de refugiados. Otros cruzaron fronteras junto a sus familias mientras escapaban de conflictos armados. Ninguno sabía entonces que algún día jugaría en los estadios más importantes del planeta.
Hoy, sus nombres aparecen en ligas de élite, selecciones nacionales y grandes torneos internacionales. Pero antes de convertirse en futbolistas profesionales, fueron niños marcados por la guerra, la violencia o el desplazamiento forzado.
Con miras al Mundial de 2026, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) reunió esas historias en el llamado Gamechanging Team, un equipo simbólico integrado por 11 futbolistas cuyas vidas cambiaron gracias a la protección, el reasentamiento y las oportunidades que encontraron tras abandonar sus países de origen.
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La iniciativa busca recordar que detrás de las cifras globales sobre desplazamiento existen personas reales que lograron reconstruir su vida y alcanzar metas que parecían imposibles.
Del campamento de refugiados a la élite del futbol
Al frente del equipo aparece Alphonso Davies, capitán de la selección de Canadá y una de las figuras más reconocidas del futbol mundial.
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Davies nació en el campamento de refugiados de Buduburam, en Ghana, después de que sus padres huyeran de la guerra civil en Liberia. Años después, la familia fue reasentada en Canadá, país que hoy representa y que será una de las sedes del Mundial de 2026.
La lista incluye también a Antonio Rüdiger, defensor del Real Madrid. Sus padres escaparon del conflicto en Sierra Leona y encontraron refugio en Alemania, nación a la que el futbolista representa internacionalmente.
Otro caso es el de Eduardo Camavinga. El mediocampista del Real Madrid nació en un campo de refugiados en Angola, donde su familia se encontraba tras huir de la violencia en la República Democrática del Congo. Con el tiempo, encontró en Francia el lugar donde comenzó su camino hacia el profesionalismo.
Ali Al-Hamadi, Asmir Begovic, Nestory Irankunda, Awer Mabil, Mohamed Touré, Victor Moses, Bernard Kamungo y Ermedin Demirovic completan una alineación marcada por historias de resiliencia y reconstrucción.
Una infancia lejos de casa
Las trayectorias de estos jugadores tienen escenarios distintos, pero comparten un mismo punto de partida.
Awer Mabil nació en el campo de refugiados de Kakuma, en Kenia, después de que su familia escapara del conflicto en Sudán del Sur. Nestory Irankunda nació en un campamento en Tanzania tras la huida de sus padres de Burundi.
Bernard Kamungo pasó parte de su infancia en el campo de refugiados de Nyarugusu, también en Tanzania. Años después fue reasentado en Estados Unidos y logró abrirse paso hasta llegar al futbol profesional.
Victor Moses enfrentó una historia distinta. Siendo niño perdió a sus padres durante disturbios religiosos en Nigeria y encontró refugio en Reino Unido, donde comenzó una carrera que lo llevó a competir al máximo nivel.
Aunque proceden de distintos continentes y culturas, todos comparten una experiencia que marcó sus vidas antes de que el futbol apareciera como una posibilidad.
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Contexto: cuando el deporte se convierte en una segunda oportunidad
De acuerdo con ACNUR, más de 117 millones de personas viven actualmente en situación de desplazamiento forzado en distintas regiones del mundo. Entre ellas hay millones de niñas, niños y adolescentes que han tenido que abandonar sus hogares debido a conflictos, persecuciones o violencia.
La organización considera que el deporte puede convertirse en una herramienta para la inclusión, la recuperación emocional y el desarrollo personal. En muchos casos, las actividades deportivas permiten a jóvenes desplazados encontrar espacios seguros, construir relaciones y recuperar la confianza en sí mismos.
Por ello, el Gamechanging Team busca aprovechar la atención internacional que genera el Mundial de 2026 para enviar un mensaje de esperanza y visibilizar el potencial de quienes han sido obligados a empezar de nuevo.
Mucho más que futbolistas
Cuando los aficionados vean a algunas de estas figuras sobre el césped durante los próximos años, probablemente pensarán en goles, asistencias o títulos.
Sin embargo, detrás de cada camiseta existe una historia que comenzó lejos de los reflectores.
La de un niño que nació en un campamento de refugiados en Ghana y terminó liderando a Canadá. La de una familia que escapó de la guerra en Sierra Leona y vio a su hijo convertirse en referente de Alemania. La de jóvenes que crecieron en Kenia, Tanzania o Angola y hoy compiten en algunos de los clubes más importantes del mundo.
Por eso, para ACNUR, este equipo simbólico representa algo más que talento deportivo.
Representa la posibilidad de que una segunda oportunidad cambie una vida. Y la prueba de que incluso quienes se vieron obligados a huir pueden llegar más lejos de lo que alguna vez imaginaron.
VGB
