CENTROAMÉRICA

Bukele en El Salvador: los dos discursos que lo desenmascararon como dictador

El periodista Óscar Martínez reseña en su libro “Bukele el rey desnudo” el perfil autoritario y mesiánico del presidente de El Salvador que a su vez lo convierte en el mandatario más popular de América

Créditos: Especial | LSR
Escrito en MUNDO el

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es calificado como un “dictador” por el periodista salvadoreño Óscar Martínez, editor del diario digital El Faro, de ese país.

En el capítulo titulado "Bukele todopoderoso" del libro “Bukele: el rey desnudo”, Martínez, describe una transformación política en El Salvador que, aunque gestada durante años, alcanzó su punto de no retorno en dos discursos pronunciados en 2024 por el actual mandatario.

Según Martínez, estos momentos, que apenas suman una hora y dos minutos, completaron un mensaje aterrador para la democracia salvadoreña: "conmigo o contra mí".

Cuatro años de régimen de excepción

A finales de marzo de 2026, El Salvador alcanzó cuatro años bajo un régimen de excepción que redefine su estrategia de seguridad. La medida surge tras un repunte de violencia en 2022 y desde entonces permanece vigente mediante prórrogas aprobadas por la Asamblea Legislativa. El gobierno de Nayib Bukele sostiene que esta política reduce de forma sostenida los homicidios y modifica las condiciones de seguridad en distintas zonas del país.

En paralelo, organizaciones de derechos humanos documentan efectos relacionados con el sistema penitenciario. Reportes independientes registran la muerte de al menos 500 personas bajo custodia estatal durante este periodo. Estas cifras colocan el tema en la agenda de organismos internacionales, mientras las autoridades salvadoreñas rechazan las acusaciones y sostienen que no existen prácticas ilegales en los centros de reclusión.

Lo que hoy se conoce globalmente como el "Modelo Bukele" no es solo una estrategia de seguridad, sino un complejo andamiaje político y mediático que el etnógrafo Luis Rodríguez Castillo define como un "encanto persistente" que amenaza con extenderse por América Latina.

Bajo la promesa de la paz, El Salvador ha entrado en una fase donde la excepción se ha vuelto la regla, transformando profundamente la estructura del Estado y la vida de sus ciudadanos, de acuerdo con el etnógrafo por la UNAM, adscrito al Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur.

El primer acto: La autoproclamación y el ataque a la prensa

El 4 de febrero de 2024, antes de que el Tribunal Supremo Electoral ofreciera resultados oficiales, Nayib Bukele salió al balcón del Palacio Nacional para proclamarse ganador. Vestido de manera informal, afirmó que El Salvador había "roto todos los récords" y que toda la oposición junta había quedado "pulverizada" ante la llegada de un sistema de partido único en un contexto democrático.

Durante este discurso, Bukele no solo celebró su victoria, sino que arremetió contra el periodismo internacional, señalando específicamente a un periodista español del diario El País.

Ante una plaza que coreaba consignas y sonaba vuvuzelas, Bukele cuestionó la legitimidad de la prensa extranjera para criticar su desmantelamiento de la democracia, utilizando el término "Lo País" —un apelativo común en la ultraderecha española— para desprestigiar al medio.

En esa misma alocución, calificó los Acuerdos de Paz de 1992 como una "farsa", minimizando la historia del país para ensalzar su propia figura como el único salvador posible.

TAMBIÉN LEE: Desnudan modelo Bukele: propaganda, opacidad y derecho a matar

La consolidación del poder absoluto

Martínez explica que esta dictadura no se construyó de la noche a la mañana, pero fue mucho más rápida que otras de la región.

Mientras Daniel Ortega tardó once años en pulir la suya en Nicaragua, Bukele lo logró en cinco.

El control total comenzó en mayo de 2021, cuando su mayoría legislativa le permitió destituir a los magistrados de la Sala de lo Constitucional y al Fiscal General, quien investigaba pactos corruptos del gobierno con las pandillas (el caso conocido como "Catedral").

Con el sistema judicial a su favor, los nuevos magistrados "retorcieron" la Constitución para permitir la reelección presidencial, a pesar de que al menos cuatro artículos la prohíben de forma expresa.

El Movimiento de Izquierda Salvadoreña (MIZ) presentó en agosto de 2025 una demanda de inconstitucionalidad ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) este 20 de agosto, con el propósito de impugnar la reforma que habilita la reelección presidencial indefinida, la cual fue aprobada y ratificada por la Asamblea Legislativa, dominada por el oficialismo, a finales de julio.

A esto se sumó el régimen de excepción decretado en 2022 tras la ruptura de pactos secretos con las maras, lo que resultó en el encarcelamiento masivo de personas bajo la categoría de "no ciudadanos".

TAMBIÉN LEE: Los detalles del pacto Trump y Bukele que reveló El Faro de El Salvador

El segundo acto: el juramento de obediencia ciega

El 1 de junio de 2024, en lo que Martínez describe como un "entronamiento" inconstitucional, Bukele consolidó su imagen de líder mesiánico.

Vestido con una levita oscura con bordados dorados de reminiscencias militares e imperiales, el mandatario abandonó la informalidad para adoptar una estética distópica.

En este segundo discurso, Bukele utilizó una analogía sobre "medicina amarga", comparando a El Salvador con un paciente enfermo de cáncer (las pandillas) que solo fue curado por el "octavo doctor" (él mismo).

Bajo este relato, exigió al pueblo un juramento incondicional: defender las decisiones del gobierno sin quejarse y no escuchar a los "enemigos del pueblo".

El evento, cargado de simbolismo religioso y acompañado por figuras internacionales como Javier Milei o el rey Felipe VI, selló el destino de la nación.

Martínez concluye que, desde ese balcón, Bukele dejó claro que ya no se trata de democracia, sino de un proyecto personal donde él tiene el poder de decidir quién es "bueno o malo, honrado o criminal" en El Salvador.

TAMBIÉN LEE: Nayib Bukele se lanza contra el “amigue”, “compañere”... sepulta el lenguaje inclusivo en El Salvador