A las 18:24 horas de Florida (16:24 en México), el cohete SLS encendió sus motores y marcó el inicio de Artemis II, la misión tripulada que regresará a la Luna más de cinco décadas después del primer alunizaje. Durante unos segundos, la enorme estructura permaneció suspendida sobre la plataforma, como si dudara, antes de elevarse con una fuerza que sacudió todo el complejo de lanzamiento.
El ascenso inicial estuvo marcado por la tensión. En menos de un minuto, la nave superó la velocidad del sonido y atravesó la fase de máxima presión estructural, una etapa crítica en la que cualquier fallo podría poner en riesgo toda la misión. Cada segundo parecía un desafío contra la gravedad y la incertidumbre.
La tripulación, consciente del riesgo, permanecía concentrada mientras el control de la misión confirmaba los primeros hitos. La coordinación entre astronautas e ingenieros fue clave para que todo siguiera según lo planeado.
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Los sistemas de propulsión y navegación respondieron con precisión milimétrica, demostrando la preparación de años de pruebas y simulaciones. La atmósfera en el centro de control estaba cargada de expectación: un solo error hubiera sido crítico.
Despegue tenso que desafía la gravedad
Superada la fase crítica, la nave comenzó a estabilizar su trayectoria y a ganar altura con mayor suavidad. Cada parámetro confirmado por los ingenieros aumentaba la confianza en que Artemis II avanzaba sin contratiempos.
Mientras tanto, la tripulación experimentaba las primeras sensaciones de ingravidez y revisaba los sistemas de soporte vital, manteniendo la rutina establecida para garantizar la seguridad y eficiencia durante todo el viaje.
Control terrestre monitorea cada segundo
Los astronautas realizaban pruebas de instrumentos y maniobras de rutina, mientras los ingenieros evaluaban la integridad de cada sistema. El ambiente era de tensión controlada: todo debía estar perfecto para continuar la misión hacia la Luna.
A medida que la nave se alejaba, cada órbita y cada ajuste eran registrados y analizados, asegurando que los datos recolectados sirvieran para futuras misiones, incluida Artemis III.
Misión avanza tras superar momento crítico
Al completar los primeros objetivos, el equipo de misión respiró aliviado. La combinación de tecnología avanzada, precisión humana y disciplina permitió que Artemis II siguiera rumbo a la Luna, dejando atrás los segundos de tensión más intensa.
El éxito de este despegue no solo marca un regreso histórico a la Luna, sino que también fortalece la confianza en la exploración espacial tripulada en la nueva era Artemis.
Lo que sabemos de la misión espacial
La NASA está lista para el lanzamiento de Artemis II, una misión que marcará el regreso de astronautas a las cercanías de la Luna con una tripulación que refleja los cambios de la sociedad actual. A diferencia de la era Apolo, dominada por pilotos militares hombres y blancos, este equipo destaca por su diversidad.
El despegue estaba programado desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, este miércoles a las 18:24 hora local (16:24 en México). Aunque no aterrizarán en la superficie lunar ni entrarán en órbita, el recorrido llevará a los astronautas más lejos en el espacio de lo que llegaron sus antecesores hace más de cinco décadas.
Reid Wiseman, liderazgo con historia personal
El comandante de la misión será Reid Wiseman, un capitán retirado de la Marina de Estados Unidos de 50 años. Con experiencia previa en la Estación Espacial Internacional, donde permaneció más de cinco meses en 2014, liderará una misión de casi 10 días.
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Wiseman enfrentó dudas personales antes de aceptar el reto, tras la muerte de su esposa en 2020. Padre de dos hijas, ha reconocido que el mayor desafío no es el viaje espacial, sino el impacto emocional que implica para su familia.
Victor Glover, representación y experiencia
El piloto de la misión será Victor Glover, de 49 años, uno de los pocos astronautas negros de la NASA. Capitán de la Marina y ex piloto de combate, ya cuenta con experiencia espacial tras participar en una misión de SpaceX.
Glover ha señalado que su participación representa una oportunidad para inspirar a nuevas generaciones. Su enfoque combina la preparación técnica con una reflexión constante sobre el significado social de la exploración espacial.
Christina Koch y Jeremy Hansen completan la misión
Christina Koch será especialista de misión y hará historia como parte de esta tripulación. Ingeniera eléctrica de 47 años, posee el récord del vuelo espacial individual más largo realizado por una mujer, con 328 días en el espacio. También participó en la primera caminata espacial exclusivamente femenina.
El equipo lo completa Jeremy Hansen, astronauta canadiense de 50 años, quien debutará en el espacio. Piloto de combate y físico, fue seleccionado en 2009 por la Agencia Espacial Canadiense y se convierte en el primer representante de su país en una misión lunar.
Un paso clave hacia el regreso a la Luna
Artemis II no solo representa un avance tecnológico, sino también un cambio en la forma en que se conciben las misiones espaciales. Esta tripulación no solo busca ampliar los límites del conocimiento humano, sino también abrir el camino para futuras misiones que contemplan el regreso a la superficie lunar en los próximos años.
Con este vuelo, la NASA da un paso decisivo hacia una nueva era en la exploración espacial, donde la inclusión, la ciencia y la cooperación internacional son protagonistas.
Potencia bruta: el megacohete que sacudirá Florida
El Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) es, actualmente, el cohete más poderoso desarrollado por la NASA para el programa Artemis. Con una imponente altura de 98 metros, este gigante tiene la misión crítica de vencer la gravedad terrestre para colocar a la tripulación en la ruta hacia la Luna.
Su arquitectura técnica destaca por una etapa central naranja impulsada por cuatro motores RS-25 y dos propulsores sólidos laterales de cinco segmentos. Juntos, estos sistemas generan un empuje de 8.8 millones de libras, lo que representa un 15% más de potencia que el icónico Saturno V de las misiones Apolo.
Durante el despegue desde el Centro Espacial Kennedy, el SLS debe funcionar con precisión milimétrica para situar a la nave Orion en una órbita terrestre inicial en apenas ocho minutos, consumiendo más de tres millones de litros de combustible en su ascenso.
Orion: una fortaleza tecnológica para cuatro tripulantes
La nave Orion es la pieza central donde los cuatro astronautas vivirán y trabajarán durante su travesía por el espacio profundo. Este vehículo se compone de dos elementos vitales: el Módulo de Tripulación, una cápsula de cinco metros de diámetro bautizada como Integrity, y el Módulo de Servicio Europeo.
Mientras que la cabina ofrece un espacio habitable compacto similar al de un minibús, el módulo de servicio garantiza la supervivencia mediante cuatro paneles solares en forma de X que suministran energía, además de agua y aire reciclable.
En su interior, la tripulación dispone de tecnología de vanguardia, incluyendo un inodoro diseñado para microgravedad y sistemas de comunicaciones ópticas por láser capaces de transmitir datos a velocidades récord.
Para la seguridad, la punta del cohete integra un Sistema de Aborto de Lanzamiento diseñado para alejar a los astronautas en caso de emergencia durante el despegue.
La ruta: un "ocho" perfecto alrededor de la Luna
El recorrido de Artemis II está diseñado como una coreografía orbital de diez días bajo una trayectoria de retorno libre. Las primeras 24 horas son cruciales: la nave permanecerá en una órbita terrestre alta, a unos 70,000 km de distancia, para que la tripulación verifique que los sistemas de soporte vital operan correctamente antes de abandonar nuestro planeta.
Tras recibir el visto bueno, Orion encenderá su motor principal para realizar la Inyección Translunar, un viaje de cuatro días que los llevará a rodear la cara oculta de la Luna. En este punto, los astronautas pasarán a una altitud de entre 7,400 y 7,600 kilómetros de la superficie lunar, utilizando la gravedad del satélite para impulsarse naturalmente de vuelta a casa.
El viaje concluirá con un reingreso atmosférico a 40,000 km/h, enfrentando temperaturas de 2,700 °C antes de desplegar sus paracaídas sobre el Océano Pacífico.
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LH y VGB
