A los 19 años, Karolina Pakenaite recibió el diagnóstico de síndrome de Usher, una condición degenerativa que reduce de forma progresiva la vista y el oído. A partir de ese momento, su vida cotidiana comenzó a transformarse, tanto en la forma de comunicarse como en la manera de interactuar con su entorno.
Con el paso de los años, la pérdida sensorial avanzó y la llevó a utilizar el tacto como principal herramienta de orientación. Esa adaptación definió también el rumbo de su formación académica y de sus actividades fuera del aula, sin modificar sus planes de largo plazo.
A los 29 años, Karolina concluyó un doctorado en la Universidad de Bath. Durante la ceremonia de graduación, caminó acompañada por Bosley, su perro guía, quien la asistió durante nueve años de estudios y participó en el acto académico con una toga diseñada para él.
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Tras la graduación, Bosley inició su proceso de retiro. Al mismo tiempo, Karolina comenzó la preparación final para un nuevo objetivo: intentar el ascenso al Monte Everest y convertirse en la primera persona sordociega que busca llegar a su cumbre.
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Investigación científica desde el tacto
Durante su doctorado, Karolina centró su investigación en el desarrollo de sistemas que traducen imágenes en formatos táctiles. Uno de esos proyectos, denominado Pic2Tac, permite convertir fotografías en representaciones que se interpretan mediante el contacto físico.
El trabajo se orientó a facilitar el acceso a contenidos visuales para personas con discapacidad visual. La investigación partió de su propia experiencia y se desarrolló a lo largo de varios años de pruebas, ajustes técnicos y evaluación de resultados.
El enfoque combinó tecnología, diseño y accesibilidad. El sistema se diseñó para adaptarse a distintos contextos y necesidades, con el objetivo de ampliar las formas de acceso a la información.
La formación académica avanzó en paralelo con su entrenamiento físico. Ambos procesos compartieron una lógica basada en metas diarias y progresión constante.
Preparación en montaña
Antes de plantearse el Everest, Karolina realizó ascensos en distintas regiones montañosas. Entre ellos se encuentran el Mera Peak, el Monte Kenia y el Himlung Himal, todos como parte de su preparación técnica y física.
En cada expedición, utilizó métodos de comunicación táctil con su equipo de apoyo. La coordinación se basó en señales físicas y rutinas previamente establecidas para el desplazamiento y la seguridad.
La experiencia acumulada en estas montañas permitió ajustar estrategias de ascenso y descanso. Cada intento sirvió para evaluar tiempos, resistencia y adaptación a la altura.
El plan para el Everest se estructura bajo el mismo principio: avanzar por etapas, con objetivos definidos y ajustes diarios según las condiciones del entorno.
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Un proceso paso a paso
La trayectoria de Karolina combina formación académica y actividad de alta montaña. Ambos caminos avanzaron de manera simultánea durante casi una década, con el apoyo constante de su perro guía y de equipos especializados.
El intento de ascenso al Everest se plantea como una continuación de ese proceso. La preparación incluye logística, entrenamiento físico y coordinación con guías de montaña.
La experiencia de vida con sordoceguera forma parte central de ese recorrido. Las adaptaciones no sustituyen los objetivos, sino que definen la forma de alcanzarlos.
Karolina Pakenaite continúa su preparación con la meta de subir al Everest paso a paso, utilizando el tacto como guía y la planificación como herramienta principal.
VGB
