El papa León XIV lanzó este domingo un llamado enfático al diálogo entre Estados Unidos y Cuba con la intención de evitar la violencia y cualquier acción que agrave el sufrimiento de la población cubana. El mensaje fue pronunciado tras el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, donde el pontífice expresó su “gran preocupación” por la escalada de tensiones entre ambos países vecinos.
El pontífice estadounidense señaló que se une al llamado de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) para promover una negociación sincera y constructiva que permita proteger a la población más vulnerable ante los conflictos diplomáticos y económicos.
Contexto de tensiones y preocupaciones eclesiales
Las declaraciones del papa se producen en un momento de creciente tensión entre Washington y La Habana, marcada por decisiones recientes de la administración estadounidense que afectan el abastecimiento de petróleo hacia la isla caribeña. Estas medidas han generado inquietud en sectores religiosos y civiles, que advierten sobre el impacto económico y social que enfrentan los cubanos.
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La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba publicó un comunicado expresando su “profunda preocupación” por el deterioro de la situación económica y social, y subrayó la urgencia de buscar cambios estructurales sin aumentar el sufrimiento de los más pobres, ancianos, enfermos o niños cubanos.
Mensaje de fraternidad y protección espiritual
Además de su llamado al diálogo, el papa León XIV pidió que Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, proteja y asista a todos los habitantes de la isla, en especial a los más necesitados. Esta invocación añade un matiz pastoral y esperanzador a su mensaje internacional.
El pontífice subrayó que el objetivo de su llamado no es únicamente político, sino humanitario, orientado a evitar que tensiones diplomáticas o medidas económicas terminen repercutiendo en la vida y bienestar de la ciudadanía cubana.
Reacciones y desafíos diplomáticos
Por otra parte, en el contexto político, las autoridades de Estados Unidos, bajo la evaluación de la política de seguridad nacional, han considerado a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria”, vinculada a determinadas acciones en materia de política exterior. Estas designaciones han venido acompañadas de advertencias de imponer aranceles a países que venden petróleo a la isla, lo que ha agudizado la crisis ya marcada por la reducción de suministros energéticos.
En respuesta, los obispos cubanos han señalado la necesidad de reformas profundas y un diálogo que no conduzca a mayor angustia social ni a un aumento del dolor entre la familias cubanas, reafirmando que el camino para el progreso debe ser el de la negociación y la responsabilidad compartida.
