NICOLÁS MADURO

Con los dientes apretados: la diáspora venezolana que cruza la frontera hacia Colombia

En Arauca, departamento colombiano que colinda con Venezuela, la captura de Nicolás Maduro no desató pánico ni caos inmediato; el verdadero temor, explica Miguel Matus, director de Al Aire Noticias, es que el ELN y las disidencias de las FARC pierdan su refugio y regresen con más fuerza a Colombia

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Colombia -Tras conocerse la captura de Maduro, Miguel Matus activó su red de periodistas y envió un equipo al puente internacional José Antonio Páez, que conecta Arauca con El Amparo, en Venezuela. Lo que encontraron fue una escena conocida que da la impresión de que la gente camina con los dientes apretados: patrullajes, linternas encendidas y vigilancia fluvial. “Nada fuera de lo normal. En esta frontera estamos acostumbrados a vivir en una ‘tensa calma’”, afirma el director del medio regional Al Aire Noticias, que transmite desde este punto limítrofe con Venezuela.

La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos se conoció de madrugada en la frontera oriental de Colombia. Mientras en Caracas se reportaban explosiones y tensión, en Arauca, estado fronterizo, la vida continuó con aparente normalidad. “Seguían pasando personas de un lado a otro del puente internacional”, relata Miguel Matus,

Patrullajes de fuerzas de seguridad en la frontera colombo-venezolana se mantuvieron sin cambios visibles, mientras crece la incertidumbre por un posible repliegue de grupos armados hacia territorio colombiano. Foto: Cuartoscuro.

Arauca, departamento petrolero y estratégico, limita con el estado Apure en Venezuela, una zona que —según el periodista— ha sido utilizada durante años como refugio por grupos armados ilegales colombianos. “Tenemos frontera con un estado bastante polémico, que ha servido de guarida para el ELN y las disidencias de las FARC”, explica Matus a La Silla Rota al describir el contexto territorial.

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Una frontera acostumbrada a la "tensa calma"

Tras conocerse la captura de Maduro, Matus activó su red de periodistas y envió un equipo al puente internacional José Antonio Páez, que conecta Arauca con El Amparo, en Venezuela. Lo que encontraron fue una escena conocida: patrullajes, linternas encendidas y vigilancia fluvial. “Nada fuera de lo normal. En esta frontera estamos acostumbrados a vivir en una ‘tensa calma’”, afirma.

Del lado venezolano, lanchas de la Guardia Nacional Bolivariana comenzaron a patrullar el río Arauca; del lado colombiano, Migración, Policía y Fuerzas Militares reforzaron su presencia. Sin embargo, no hubo cierres ni suspensión del paso. “No se podía decir que estuviéramos en una situación excepcional. Todo transcurrió con normalidad”, insiste.

El puente internacional José Antonio Páez, que conecta Arauca con el estado Apure, permaneció abierto y con tránsito habitual pese a la captura de Nicolás Maduro, en un ambiente descrito por el periodista colombiano Miguel Matus como de “tensa calma”.

El verdadero temor: que la violencia regrese al lado colombiano

Para Matus, el miedo en Arauca no tiene que ver con una ofensiva militar estadounidense ni con bombardeos en Venezuela. El temor real es otro: que los grupos armados pierdan la protección que han tenido en territorio venezolano y regresen a Colombia. “La gran incertidumbre de la población es que esos jefes del ELN y de las FARC, que se escudan en Venezuela, tengan que volver a intensificar su accionar delictivo en Arauca, tras la captura de Nicolás Maduro”, señala.

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El periodista explica en entrevista que el conflicto no desapareció, sino que se desplazó. “Ellos no se han ido totalmente de Colombia, pero sí han tenido una gran guarida en Venezuela”, afirma. Si ese refugio se rompe, advierte, el impacto sería inmediato para la población civil.

Narcotráfico, rutas cerradas y presión sobre la gente

Otro factor que preocupa en la región es el narcotráfico. El periodista colombiano explica que las interdicciones en el Caribe han afectado las rutas tradicionales de salida de droga. “Si esas rentas se reducen, los grupos armados necesitan sostener su estructura. ¿Cómo lo van a hacer? Con más extorsión, más amenazas, más presión sobre la gente”, advierte.

En Arauca, dice, la violencia funciona como el agua: se mueve y busca nuevos cauces. “El ambiente está enrarecido, hay mucha incertidumbre y miedo, aunque operativamente todo se vea normal”, resume.

Una frontera marcada por el éxodo y la desconfianza

Matus recuerda que Arauca ha sido testigo directo del colapso venezolano. “Hemos visto recién nacidos cruzando la frontera, personas enfermas buscando atención, gente durmiendo en la calle huyendo de Venezuela”, relata. También describe los abusos en los pasos fronterizos: requisas arbitrarias, decomisos de dinero y múltiples operativos militares del lado venezolano.

Habitantes de Arauca continúan su vida cotidiana entre la normalidad y el temor latente de que la presión internacional sobre Venezuela provoque el regreso de estructuras guerrilleras a Colombia. Foto: Redes Sociales.

Por eso, en contraste con el temor a la guerrilla, no percibe que la población tenga mucho miedo hacia Estados Unidos. “Aquí no se ve temor por la intervención estadounidense. Mucha gente es optimista y espera que se resuelva el problema de la dictadura venezolana”, afirma.

Periodismo en medio del conflicto

Cubrir esta realidad no es sencillo. Miguel Matus explica que los periodistas en Arauca trabajan entre la presión de los grupos armados y las limitaciones para informar desde Venezuela. “No podemos cruzar el puente porque no hay garantías; nos toca cubrir con la gente que va pasando”, dice.

Las amenazas son parte del oficio. “Muchos colegas han sido presionados para publicar comunicados o videos pro parte de grupos de la delincuencia organizada. Otros han sufrido robos, secuestros o intimidaciones”, relata. Aun así, asegura que Al Aire Noticias mantiene una línea estricta: “Cubrir el conflicto como es, sin inclinarnos ni a la izquierda ni a la derecha”.

En Arauca, concluye Miguel Matus, todo lo que ocurra en Venezuela tendrá repercusiones inmediatas. “Somos un departamento ligado a lo que pase del otro lado de la frontera”, afirma. Por ahora, la "tensa calma" como la llaman coloquialmente desde este rincón de Colombia persiste, pero el miedo no está en los cielos ni en los bombardeos lejanos, sino en la posibilidad de que la violencia, una vez más, les vuelva a tocar la puerta. Es como vivir con los dientes apretados.