A sus 60 años y tras haber dirigido la política monetaria de dos países (Canadá y Reino Unido), Mark Carney se ha consolidado en el Foro Económico Mundial de Davos como la voz más disruptiva frente al dominio de las grandes potencias. El actual primer ministro canadiense, quien posee tres nacionalidades y llegó al cargo tras un inesperado apoyo electoral del 86%, ha pasado de ser un técnico financiero a un líder político que propone una "tercera vía" para las naciones que se niegan a ser subordinadas.
El fin del viejo orden y el "arma" de la economía
En Davos, Carney lanzó un diagnóstico severo: el mundo no atraviesa una transición, sino una "ruptura" definitiva. Según el mandatario, el orden internacional basado en normas ha muerto porque las grandes potencias utilizan la integración económica como un arma geopolítica para chantajear a otros países. Citando al disidente checo Václav Havel, Carney instó a las naciones y empresas a "dejar de fingir" que existe un beneficio mutuo cuando la realidad es la subordinación ante los más fuertes.
Su propuesta es clara: las potencias medias no deben competir por ser las más "complacientes" ante los poderes hegemónicos, sino unirse en coaliciones pragmáticas para defender su autonomía estratégica en sectores clave como energía, alimentos y tecnología.
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El choque frontal: "Canadá no vive gracias a Estados Unidos"
El discurso de Carney provocó una reacción inmediata y visceral de Donald Trump. El presidente estadounidense afirmó que el primer ministro canadiense no fue "agradecido" y sentenció que "Canadá existe gracias a Estados Unidos". Trump llegó a advertirle directamente: "Recuerda eso, Mark, la próxima vez que hagas una declaración".
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Lejos de retroceder, Carney respondió con firmeza desde Quebec, asegurando que los canadienses son los "dueños en su propio hogar". "Canadá no vive gracias a Estados Unidos; Canadá es próspera porque somos canadienses", replicó, subrayando que su país ha elegido un camino de diversidad, sostenibilidad y defensa de los derechos frente al populismo creciente.
Amenazas cruzadas: aranceles contra boicot interno
La tensión ha escalado al terreno de la guerra comercial. Trump amenazó con imponer un arancel del 100% a todos los productos canadienses si Ottawa concreta un acuerdo con China para la inversión en vehículos eléctricos. Según Trump, China "devorará" a Canadá y destruirá su tejido social si se permite que el país sea una vía de entrada para mercancías asiáticas hacia el mercado estadounidense.
Como contraataque, la administración de Carney ha puesto en marcha un boicot comercial interno. Esta estrategia consiste en:
• Priorizar el consumo nacional: Se insta a ciudadanos y empresas a preferir bienes producidos en Canadá para reducir la dependencia de proveedores extranjeros.
• Sectores estratégicos: El gobierno federal dictó que los proyectos de infraestructura, vivienda y defensa deben utilizar prioritariamente acero, aluminio y madera de origen canadiense.
• Soberanía económica: Carney defiende que estas decisiones son soberanas y buscan fortalecer la capacidad industrial interna frente a las amenazas externas de sanciones.
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La visión de una "Gran Política"
La columna de Soledad Gallego-Díaz en El País profundiza en la figura de Mark Carney no solo como un político, sino como un pensador pragmático que ha logrado articular lo que ella denomina una "política para las potencias medias".
A continuación, se detallan los puntos clave que la analista resalta sobre su trayectoria y su visión estratégica:
1. Un liderazgo forjado en la "alta finanza" y la firmeza
Gallego-Díaz describe a Carney como un personaje "peculiar" de 60 años y con tres nacionalidades (canadiense, británica e irlandesa), cuya legitimidad proviene de haber dirigido la política monetaria de dos naciones distintas. La autora recuerda su etapa al frente del Banco de Inglaterra (conocido como la "Vieja Dama"), donde destacó por su firmeza contra las grandes aseguradoras, a quienes recriminó duramente su inacción ante los riesgos financieros del cambio climático, como los incendios y huracanes que ya encarecían los seguros.
2. El ascenso "accidental" impulsado por Trump
La llegada de Carney al poder en Canadá es calificada por la periodista como algo ocurrido "casi por casualidad". Tras el desplome de popularidad de Justin Trudeau, Carney tomó las riendas del Partido Liberal. Aunque el panorama electoral favorecía a los conservadores, un factor externo cambió el rumbo: Donald Trump calificó a Canadá como el "Estado 51 de la Unión". Este comentario generó una reacción nacionalista que catapultó a Carney, quien ganó las elecciones con un abrumador 86% de los votos.
3. El fin de la "mentira" del orden internacional
Según Gallego-Díaz, Carney utilizó el foro de Davos para invitar a las naciones a "dejar de fingir". Su tesis, apoyada en el pensamiento de Václav Havel, sostiene que:
- El orden basado en normas está roto y ya no volverá.
- Las reglas comerciales han sido históricamente asimétricas.
- El derecho internacional se aplica de forma selectiva según quién sea la víctima o el agresor, mencionando explícitamente los casos de Palestina e Israel.
- Las instituciones multilaterales como la OMC o las Naciones Unidas se han debilitado al punto de no ser ya una arquitectura confiable para resolver problemas.
4. La "Gran Política" y la Autonomía Estratégica
La columna destaca que, ante la renuncia de las grandes potencias a respetar las normas, los países medianos tienen dos opciones: competir por ser los más "complacientes" (lo que implica una soberanía fingida y una subordinación real) o unirse en una "tercera vía".
Para lograrlo, Carney propone que las potencias medias desarrollen una "autonomía estratégica" en sectores críticos:
- Energía y alimentación.
- Minerales críticos y finanzas.
- Cadenas de suministro.
- Gallego-Díaz concluye rescatando una cita del General De Gaulle que resume la postura de Carney: "Es precisamente porque ya no somos una gran potencia por lo que necesitamos una gran política". Esta "gran política" debe combinar principios con pragmatismo, actuando en conjunto para no negociar desde la debilidad frente a los poderes hegemónicos
