IRÁN

El día que la periodista italiana Oriana Fallaci enfrentó al Ayatolá Jomeini en Qom, Irán

Tras diez días de espera en la ciudad santa de Qom, la periodista confrontó al líder revolucionario sobre la falta de libertades y el control en Irán; el Ayatolá respondió rechazando el término "democracia" por considerarlo un concepto occidental ambiguo y ajeno a la perfección del Islam

El Ayatolá Jomeini justificó ante Fallaci las ejecuciones sumarias de opositores y la censura de la prensa liberal, comparando la eliminación de la disidencia con la extirpación de una 'gangrena' para salvar el cuerpo social de la revolución.
El Ayatolá Jomeini justificó ante Fallaci las ejecuciones sumarias de opositores y la censura de la prensa liberal, comparando la eliminación de la disidencia con la extirpación de una "gangrena" para salvar el cuerpo social de la revolución.Créditos: EFE.
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En un encuentro marcado por la tensión ideológica y el choque cultural, la periodista italiana Oriana Fallaci logró sentarse frente al Ayatolá Ruhollah Jomeini en la ciudad santa de Qom. Tras esperar diez días, la entrevista se llevó a cabo en la escuela religiosa Faizeyah, donde Fallaci tuvo que presentarse descalza y envuelta en un chador para ser recibida por el líder de 79 años.

Este diálogo que se llevó a cabo en 1979 y que pertenece a los archivos de The New York Times, revela las profundas convicciones del hombre que dirigía los destinos de Irán tras la Revolución Islámica.

El debate sobre la libertad y el "nuevo dictador"

Desde el inicio, Fallaci confrontó al Ayatolá señalando que muchos en el país sentían que la revolución no había traído la libertad y que él era visto como un "nuevo dictador". Jomeini rechazó tajantemente estas acusaciones, calificándolas de "injustas e inhumanas" y asegurando que Irán no estaba en sus manos, sino en las del pueblo. Según el imán, las movilizaciones masivas espontáneas tras la muerte de líderes religiosos eran la prueba de que existía una libertad real basada en el seguimiento a los "hombres de Dios".

Sobre el fervor de las multitudes que lo aclamaban día y noche, Jomeini confesó que disfrutaba verlos y escucharlos. Para el líder, ese entusiasmo no era fanatismo, sino un "amor inteligente" necesario para mantener al pueblo alerta contra los enemigos internos y externos que aún no habían desaparecido. Aseguró que la agitación popular era la continuación del grito con el que expulsaron al "usurpador" (el Sha).

La represión de la disidencia y la prensa

Al ser cuestionado por el cierre de periódicos liberales y de izquierda, como el diario Ayandegan, Jomeini justificó estas acciones como una medida de defensa nacional. Afirmó que dichas publicaciones no eran prensa libre, sino parte de una "conspiración" vinculada a intereses extranjeros y sionistas. Según su visión, el Estado tenía el derecho de silenciar a quienes buscaban restaurar el antiguo régimen o servir a potencias externas bajo la apariencia de una "falsa oposición".

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Respecto a los movimientos de izquierda que lucharon contra el Sha, el Ayatolá minimizó su papel de forma radical. Sostuvo que estos grupos no aportaron nada a la victoria final y que muchos regresaron del extranjero solo cuando el pueblo ya había derramado su sangre. Incluso llegó a calificar a estos sectores como una "izquierda artificial, creada por los estadounidenses" para sabotear la revolución desde dentro.

Islamismo total: ¿Es necesaria la democracia?

Uno de los puntos más álgidos fue la definición de "República Islámica" y el rechazo de Jomeini a la palabra "democracia". El Ayatolá explicó en ese entonces que el Islam era perfecto por sí mismo y no necesitaba adjetivos, pues lo contiene todo, incluyendo lo que Occidente entiende por libertad. Para él, el término democracia era ambiguo y carecía de un significado preciso, por lo que su inclusión en la Constitución solo generaría confusión.

Justicia revolucionaria y "purificación" social

Fallaci cuestionó la brutalidad de las ejecuciones sumarias y la falta de abogados en los juicios posteriores a la revolución. Jomeini defendió las 500 ejecuciones iniciales alegando que se trataba de criminales y torturadores del régimen anterior. Argumentó que, de no haber actuado así, la venganza del pueblo habría sido incontrolable, resultando en miles de muertes más.

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La discusión se tornó aún más tensa al hablar de fusilamientos por adulterio, homosexualidad o prostitución. Jomeini comparó esos actos con una "gangrena" que debe ser extirpada para que no corrompa a todo el cuerpo social. Afirmó que su política buscaba purificar la sociedad y que el castigo a quienes traen maldad a la juventud era un acto de sanidad pública, similar a cómo se trata a un ladrón o a un asesino en otros países.

El desafío del chador y los derechos de la mujer

El momento más icónico de la entrevista ocurrió cuando Fallaci protestó contra la obligatoriedad del chador (velo), calificándolo de "trapo medieval" que dificultaba la vida de las mujeres. En un acto de rebeldía, la periodista se quitó la prenda frente al imán. Jomeini, impasible, respondió que si no le gustaba la vestimenta islámica no estaba obligada a usarla, pero insistió en que las mujeres que realmente hicieron la revolución fueron aquellas que vestían con decoro y no las "coquetas maquilladas" que distraen a los hombres.

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El Ayatolá también defendió la poligamia como una ley "progresista" diseñada para el bien de las mujeres. Según su razonamiento, al haber más mujeres que hombres en el mundo debido a las guerras, la ley que permite hasta cuatro esposas ofrece una solución digna que evita la prostitución y garantiza la igualdad de trato bajo las estrictas condiciones del Islam.

Relación con Occidente y el futuro de Irán

Jomeini expresó un profundo recelo hacia Occidente, al que acusó de exportar solo "cosas malas" y de ver a Irán únicamente como un mercado. No obstante, admitió una paradoja: el uso de tecnología occidental como aviones, televisores y aire acondicionado. "No tememos su ciencia ni su tecnología. Tememos sus ideas y sus costumbres", sentenció el líder, dejando claro que su rechazo era político y social, no técnico.

Finalmente, al abordar el caos y el descontento que se percibía en las calles, Jomeini pidió paciencia comparando la revolución con un "niño de solo seis meses". Sostuvo en ese momento que no se podía borrar el daño de 2500 años de monarquía en tan poco tiempo y acusó a los "falsos comunistas y demócratas" de sembrar rumores de guerra civil para desestabilizar el país. La entrevista concluyó con una orden directa de expulsión hacia la periodista, cerrando un episodio fundamental del periodismo del siglo XX.