La excarcelación de 116 personas detenidas por motivos políticos, anunciada el 12 de enero por el Ministerio para el Servicio Penitenciario de Venezuela, marca un punto de inflexión tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores durante un operativo militar estadounidense. Se trata de la segunda liberación masiva bajo la presidencia interina de Delcy Rodríguez.
Aunque el gobierno venezolano presentó la medida como un avance hacia la “convivencia pacífica”, organizaciones civiles han exigido transparencia sobre las condiciones en las que permanecen los presos políticos y sobre el funcionamiento de los centros de detención más severos del país. La caída del régimen que sostuvo este aparato represivo tiene implicaciones directas para Cuba, que durante años compartió esquemas de cooperación en inteligencia y seguridad con Caracas.
‘La Tumba’: símbolo del encierro extremo
Ubicada cinco pisos bajo tierra en la sede del SEBIN en Plaza Venezuela, ‘La Tumba’ comenzó a ser conocida públicamente en 2015 tras el testimonio del teniente coronel retirado José Gustavo Arocha Pérez, detenido ahí entre junio y diciembre de 2014.
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De acuerdo con Foro Penal y la OEA, este centro se caracteriza por temperaturas extremadamente bajas, ausencia total de luz solar, confinamiento solitario y una iluminación artificial permanente. Las celdas, de aproximadamente tres por dos metros, cuentan únicamente con camas de cemento y carecen de atención médica regular.
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Testimonios recopilados por la OEA documentan torturas que incluyen golpizas, descargas eléctricas y posiciones forzadas durante largos periodos. Pese a las denuncias, el gobierno venezolano negó durante años la existencia del recinto, hasta que la CIDH solicitó formalmente visitarlo.
‘El Helicoide’: de ícono moderno a prisión política
Concebido en los años cincuenta como un centro comercial de vanguardia, ‘El Helicoide’ se transformó en uno de los principales centros de detención política del país. El Observatorio Venezolano de Prisiones lo calificó en octubre de 2025 como el “epicentro de la tortura sistemática”.
La ONU, a través de su Misión de Determinación de los Hechos, ha documentado la existencia de salas de tortura bajo control del SEBIN. Durante protestas clave, como las de 2017 y 2024, numerosos opositores fueron recluidos en este edificio en espiral, donde se reportan incomunicación prolongada, falta de defensa legal y dependencia de las familias para la alimentación.
La señal para Cuba tras la caída de Maduro
El colapso del sistema carcelario venezolano expone la fragilidad del modelo de control que durante años sostuvo alianzas regionales, especialmente con Cuba. La caída de Maduro no solo implica la pérdida de un aliado económico para La Habana, sino también el debilitamiento de una red de cooperación en seguridad e inteligencia.
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El anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre el posible cierre de un “centro de torturas en Caracas” intensificó las exigencias de rendición de cuentas. Organizaciones civiles advierten que las violaciones a derechos humanos no fueron excepciones, sino parte estructural del sistema penitenciario.
Para Cuba, este escenario representa una advertencia: el derrumbe del aparato represivo venezolano no solo reconfigura el mapa político regional, sino que deja al régimen cubano más aislado y expuesto, en un contexto de crisis económica y presión internacional creciente.
