Este 2025 el presidente ruso Vladimir Putin fue foco de interés global por mantener la tensión sobre un posible fin al conflicto con Ucrania. Las decisiones militares y diplomáticas de Moscú marcaron la discusión global, con implicaciones directas en la guerra de Ucrania, la relación con Estados Unidos y la política de seguridad nuclear.
A lo largo del año, el conflicto en Ucrania, el fallido encuentro con Volodímir Zelenski, la relación cambiante con Donald Trump, la discusión sobre ensayos nucleares y el acercamiento a Venezuela (actualmente en tensiones con Estados Unidos) conformaron los ejes principales de la agenda rusa.
Estos fueron las 5 controversias del mandatario ruso este año
1. La guerra en Ucrania y el estancamiento del proceso de paz
El conflicto en Ucrania continuó como el principal frente de Moscú. A lo largo de 2025, los contactos diplomáticos entre Rusia, Estados Unidos y Ucrania avanzaron sin consolidar un acuerdo de alto al fuego. El 21 de mayo, Putin y Donald Trump sostuvieron una conversación telefónica en la que coincidieron en trabajar en un memorándum que incluyera un posible cese de hostilidades.
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Las conversaciones se mantuvieron mientras la ofensiva rusa siguió activa en el este ucraniano. En diciembre de 2025, Putin ordenó la toma del norte de la región de Donetsk, con Sloviansk como objetivo central, con el propósito de asegurar posiciones estratégicas ante la posibilidad de negociaciones futuras.
Moscú condicionó cualquier pacto de paz al reconocimiento internacional de Crimea y del Donbás como territorios rusos. También señaló que la retirada del ejército ucraniano de las zonas ocupadas era un requisito para reducir la intensidad del conflicto.
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Kiev rechazó estas exigencias y se mantuvo en la posición de no aceptar cambios territoriales. La disputa territorial y la ausencia de un mecanismo de seguridad común para ambas partes impidieron la consolidación de un acuerdo preliminar.
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2. Putin-Zelenski, el encuentro que no fue
Los intentos de organizar una reunión entre Putin y Volodímir Zelenski no progresaron a pesar de los esfuerzos de mediación. Desde marzo de 2022, cuando se realizó el último encuentro entre delegaciones en Estambul, no se registró un espacio de diálogo directo entre ambos mandatarios.
Durante 2025, Estados Unidos y Turquía impulsaron la idea de un encuentro bilateral, pero las condiciones de cada parte impidieron concretarlo. El 3 de septiembre, Putin declaró que estaba dispuesto a recibir a Zelenski en Moscú únicamente para firmar un acuerdo final, sin rondas de negociación previas.
Ucrania rechazó esa propuesta y señaló la necesidad de reunirse en un país neutral. Además, Kiev exigió que el tema territorial formara parte del diálogo directo entre líderes, algo que Moscú consideró inviable sin un marco previo.
La discusión sobre la legitimidad del mandato presidencial de Zelenski, que según Moscú debió concluir en mayo de 2024, fue otro elemento que dificultó la preparación del encuentro. Hacia el final de 2025, la intensificación militar rusa redujo todavía más las posibilidades de una cumbre.
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3. Putin y Trump: cooperación limitada y fricciones públicas
La relación entre Putin y Donald Trump presentó avances y rupturas durante 2025. El 12 de febrero, ambos mantuvieron su primera conversación telefónica tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, con el objetivo de iniciar negociaciones sobre Ucrania.
El 18 de marzo, Rusia aceptó suspender temporalmente los ataques contra infraestructura energética ucraniana, medida que surgió después de una conversación entre los dos líderes. El 15 de agosto, sostuvieron una cumbre en Alaska para evaluar opciones de desescalada militar y discutir la situación territorial del Donbás.
Sin embargo, la relación atravesó momentos de tensión. El 24 de abril, Trump exigió públicamente a Rusia detener los bombardeos sobre Kiev. El 24 de octubre, Washington anunció sanciones contra las principales petroleras rusas, Lukoil y Rosneft, decisión que llevó a aplazar una cumbre prevista en Budapest.
El 23 de septiembre, Trump señaló que Ucrania, con respaldo europeo, tenía capacidad para avanzar militarmente, lo que marcó un giro respecto a sus intentos previos de promover un acuerdo territorial. Las declaraciones públicas de ambos líderes reforzaron la idea de una relación marcada por episodios de cooperación limitada y periodos de confrontación abierta.
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4. ¿Devuelta a la Guerra Fría? La reactivación de ensayos nucleares
El fin próximo del tratado START III, que vencerá en febrero de 2026, situó a Rusia y Estados Unidos en un escenario de discusión sobre sus arsenales estratégicos. A finales de octubre de 2025, Trump ordenó acelerar las pruebas del arsenal nuclear estadounidense, decisión que motivó una respuesta inmediata de Moscú.
El 9 de noviembre, Putin solicitó al gobierno ruso un informe sobre la necesidad de reanudar los ensayos nucleares. Ese mismo día, el ministro de Defensa, Andréi Beloúsov, propuso iniciar cuanto antes los preparativos para pruebas a gran escala en el archipiélago de Nueva Zembla.
Rusia señaló que mantendría su política de no realizar ensayos si otras potencias se abstenían. No obstante, la suspensión del cumplimiento del START III por parte de Moscú y las pruebas de nuevos sistemas de propulsión nuclear reforzaron la preocupación internacional.
La discusión nuclear se desarrolló en paralelo a la guerra en Ucrania y a la falta de compromisos verificables entre ambas potencias, lo que aumentó la presión sobre el sistema de control armamentístico heredado de la posguerra fría.
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5. Venezuela: el segundo frente de Moscú con Estados Unidos
Rusia fortaleció su presencia en América Latina a través de su alianza con Venezuela. El 2025 fue un año clave para esta relación, que avanzó mediante contactos políticos y acuerdos de cooperación.
El teléfono entre Putin y Nicolás Maduro volvió a sonar en varios momentos del año, incluido un intercambio en noviembre previo a la entrada en vigor del Acuerdo de Asociación Estratégica y Cooperación. Este pacto amplió la colaboración en comercio, energía y cooperación técnico-militar.
El fortalecimiento de esta alianza ocurrió en paralelo al incremento del despliegue militar estadounidense en el Caribe. La llegada del portaaviones USS Gerald Ford, en el contexto de operaciones contra organizaciones delictivas, elevó el interés ruso en moderar la presión externa sobre Caracas.
Rusia aseguró que no recibió una solicitud formal de apoyo militar directo por parte de Venezuela, pero reiteró que actuaría dentro de las obligaciones que forman parte de su relación bilateral.
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VGB
