Janucá es una festividad judía de ocho días que inicia el día 25 de Kislev, fecha que este año coincide con el 14 de diciembre. Su nombre alude a la dedicación del Templo de Jerusalén después de un proceso de recuperación política y religiosa. Esta celebración surgió a partir de decisiones de los sabios del Talmud, quienes la establecieron con base en sucesos registrados en la memoria histórica del pueblo judío.
De acuerdo con el doctor Daniel Fainstein, especialista en pensamiento judío y religiones comparadas, se trata de una conmemoración con múltiples niveles históricos, religiosos y simbólicos, que reflejan distintas formas de entender qué significa ser judío a lo largo del tiempo.
A diferencia de otras festividades centrales del judaísmo, Janucá no aparece en la Biblia hebrea. Su origen se remonta al siglo II antes de la era común, cuando los judíos que habitaban la región de Judea se levantaron contra el dominio del imperio seléucida, heredero de la expansión de Alejandro Magno, que buscaba imponer la helenización y el culto idólatra. La rebelión fue encabezada por Matatías y sus hijos, conocidos como los macabeos, quienes lograron recuperar el Templo de tras un prolongado conflicto.
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Según explica Fainstein, una de las tradiciones más difundidas sobre Janucá es la del milagro del aceite, relatada en el Talmud de Babilonia varios siglos después de los acontecimientos. De acuerdo con este texto, al recuperar el Templo se encontró una única vasija de aceite puro —suficiente para un solo día— que ardió durante ocho, motivo por el cual la festividad se extiende durante ese mismo número de jornadas.
En México, explica el doctor Daniel Fainstein, Jánuca adquiere significados que se actualizan según el contexto social. En momentos en los que se registra un aumento del antisemitismo a nivel global, la festividad funciona como un recordatorio de la importancia de defender los propios valores, la identidad y el derecho de los pueblos a la autodeterminación. En un país marcado por problemas de violencia, inseguridad y desigualdad, Jánuca también transmite un mensaje de esperanza, al reafirmar que la luz y la posibilidad de un futuro distinto pueden sostenerse incluso en escenarios complejos.
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Historia: Insurgencia macabea y recuperación del Templo
Durante el siglo II a.e.c. ("antes de la era común"), la región se encontró bajo control greco-sirio. El monarca Antíoco Epífanes emitió disposiciones que prohibieron prácticas centrales del judaísmo. La circuncisión, la observancia del sábado, la enseñanza de la Torá y los rituales del Templo quedaron restringidos. Además, el recinto sagrado se transformó en un espacio dedicado al culto helenístico.
En ese contexto surgió un grupo encabezado por Matatías, miembro de la familia asmonea. Desde zonas montañosas de Judea emprendieron acciones militares con tácticas de guerrilla. Al morir Matatías, su hijo Yehuda asumió el mando y dirigió diversas campañas contra el ejército greco-sirio.
Después de varios enfrentamientos, las tropas macabeas lograron ingresar de nuevo a Jerusalén. La ciudad presentaba daños significativos y el Templo mostraba signos de profanación. Con ese escenario, los líderes de la resistencia impulsaron la restauración del espacio para reanudar los rituales tradicionales.
El episodio del aceite y la reinauguración
Durante la revisión del recinto, los sacerdotes encontraron la Menorá apagada. Este candelabro requería aceite de oliva puro para encenderse de manera continua. El hallazgo consistió en una pequeña reserva que solo alcanzaba para un día. Sin embargo, la lámpara se mantuvo encendida durante ocho jornadas, periodo suficiente para preparar un nuevo suministro.
Este episodio se convirtió en el eje narrativo de la celebración. La extensión de la llama permitió que el Templo se utilizara de nuevo y que se efectuara un acto formal de dedicación. Desde entonces, la festividad se asoció con la continuidad de prácticas religiosas y con la preservación de la identidad cultural.
Rituales domésticos y símbolos actuales
A partir de este antecedente, los sabios determinaron que Janucá se desarrollaría durante ocho días. En ese lapso, las familias encienden la Janukía, un candelabro de nueve brazos. Cada noche se agrega una vela hasta completar el número total en la última jornada. El shamash, ubicado en un brazo adicional, sirve para prender las demás.
Otros elementos característicos son los alimentos fritos en aceite, como las tortitas de papa y las sufganiot. Estos platillos recuerdan el episodio de la Menorá. También se utiliza el dreidel, una perinola marcada con letras hebreas que remiten a la frase “Aquí sucedió un gran milagro”. Según narraciones tradicionales, este juguete permitió ocultar el estudio de la Torá durante el dominio helenístico.
Con estas prácticas, Janucá mantiene su función como recordatorio histórico y reafirma la permanencia de una tradición que se transmite entre generaciones.
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VGB
