John soltó por un momento los jitomates que pelaba sobre el puesto donde trabaja, levantó los brazos y celebró. El gol de su paisano Bono frente a Marruecos, durante el tercer partido de Haití en el Mundial de Futbol, interrumpió por unos segundos su jornada laboral y aunque estaba a más de 3 mil kilómetros de su país, lo festejó como si estuviera en Puerto Príncipe.
Su grito fue el que más se escuchó entre el bullicio del Mercado de Tacuba, donde trabaja desde hace ocho meses junto con otros migrantes haitianos que encontraron empleo en este mercado del poniente de la Ciudad de México.
John tiene 30 años. Viste una playera negra y una gorra con la bandera de Estados Unidos. Habla poco inglés y apenas unas palabras en español. Suficientes para compartir con La Silla Rota su pronóstico del partido.
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“Tres goles Haití, cero Marruecos”, dice sonriendo.
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John salió de Haití debido a la inseguridad. Hoy vive en Valle de Chalco y todos los días realiza un recorrido de cerca de dos horas para llegar al Mercado de Tacuba. Entra a trabajar a las ocho de la mañana y termina entre las cinco y las seis de la tarde.
Gana entre 400 y 500 pesos diarios, dinero que utiliza para mantenerse y enviar apoyo económico a su familia.
Aunque todavía no domina el español, conoce de memoria las 29 estaciones que recorre diariamente entre el Metro y la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) para llegar a su trabajo.
El Mercado de Tacuba, un punto de encuentro para migrantes
Desde hace más de un año, el Mercado de Tacuba se ha convertido en un espacio donde decenas de personas migrantes, principalmente haitianas, venezolanas y ecuatorianas, han encontrado una oportunidad de empleo tras no poder seguir su camino hacia Estados Unidos.
Muchos de ellos trabajan jornadas de entre 10 y 12 horas por salarios que van de los 350 a los 500 pesos diarios.
La mayoría llegó a México con la intención de continuar su camino hacia Estados Unidos. Sin embargo, tras la llegada de Donald Trump al poder y la cancelación de visas de trabajo, muchos decidieron permanecer en México después de encontrar estabilidad laboral.
John forma parte de ese grupo. Dice que salió de Haití por la violencia, pero que en México encontró una oportunidad para trabajar.
Hoy, entre cajas de verduras y el ruido del mercado, sigue los partidos de su selección a miles de kilómetros de su casa.
