Pachuca.- Con más de 40 años dedicados a la artesanía, Josefina continúa preservando una de las técnicas más minuciosas y poco comunes del arte popular mexicano: el trabajo en popotillo, elaborado con popote de escoba pintado y colocado pieza por pieza sobre madera, vidrio o papel.
En entrevista con LSR Hidalgo, Josefina dio a conocer que es originaria del estado de Puebla, pero residente desde hace 11 años en Tulancingo, llegó a Hidalgo acompañando a su nieto, quien buscaba estudiar veterinaria. Aunque él terminó otra carrera, ella encontró en el estado un espacio para continuar mostrando y vendiendo sus artesanías.
“Yo soy ama de casa y de esto me he mantenido. Tiene como 40 años que lo hago”, contó detrás de una de las mesas del tianguis artesanal que se instala en Plaza Independencia, a un lado del Reloj Monumental, donde actualmente participa por invitación junto con otros creadores.
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La técnica del popotillo requiere paciencia extrema. Josefina explicó que el material utilizado es un pasto que crece cerca de los volcanes y que primero debe pintarse de colores. Posteriormente se pega con cera de Campeche y se recorta cuidadosamente con la uña para ir formando figuras y paisajes.
“Primero se encera, después se contornea todo y ya al último se va llenando”, explicó mientras trabajaba una de sus piezas.
Aunque algunas obras se realizan siguiendo dibujos, otras nacen completamente de la imaginación. Paisajes, calendarios aztecas, llaveros, separadores, alhajeros y hasta figuras inspiradas en el Mundial forman parte de su catálogo.
Cada pieza puede tardar varios días en concluirse. Los trabajos medianos requieren alrededor de tres días, mientras que un calendario azteca grande puede llevar hasta dos meses debido a la complejidad y el nivel de detalle.
“Hay personas que sí saben leer el calendario y debe ir completo, con todos los jeroglíficos y detalles”, comentó.
Los precios varían según el tamaño y la dificultad: desde separadores de 50 pesos y pequeños imanes, hasta piezas de 10 mil pesos, elaboradas sobre pedido.
Sin embargo, reconoció que las ventas han disminuido considerablemente.
“Sí, están muy bajas (las ventas). Hay temporadas buenas, pero ahí vamos”, señaló.
A sus 67 años, Josefina continúa trabajando diariamente en sus artesanías, aunque admite que es agotador el esfuerzo visual y manual.
“No se puede trabajar mucho porque se cansa uno la vista. Aunque ya tenga práctica, sí lleva tiempo hacer cada pieza”, dijo.
La artesana permanecerá durante tres días en la muestra artesanal de la capital hidalguense, donde espera que más personas se acerquen a conocer y valorar este oficio tradicional.
“Que vengan a comprarnos y que nos sigan tomando en cuenta”, finalizó.
sjl
