El debate sobre la tauromaquia en Hidalgo volvió a encenderse, esta vez en el Congreso local, donde un foro que pretendía abonar a la deliberación terminó reflejando la profundidad de una discusión que lleva años sin resolverse. Más que un intercambio de ideas, lo ocurrido evidenció que el tema no solo divide opiniones, sino visiones completas sobre cultura, economía, legalidad y ética en la vida pública del estado.
Por un lado, los colectivos animalistas colocaron el énfasis en el bienestar animal, calificando las corridas de toros como una forma de violencia que no debería tener cabida en una sociedad contemporánea. Argumentaron que el sufrimiento del toro es comprobable y prevenible, y que además existe un impacto en la normalización de la violencia, especialmente entre niñas, niños y adolescentes. La discusión, desde esta perspectiva, no es solo legal, sino también moral y generacional.
En contraste, los defensores de la tauromaquia apelaron a la tradición y al arraigo cultural que esta práctica tiene en distintas regiones del estado. Con más de 460 festejos al año y presencia en más de 300 comunidades, sostienen que se trata de una actividad profundamente vinculada a la identidad local y que, además, representa el sustento de alrededor de 8 mil 500 familias, lo que la convierte también en un asunto económico de gran relevancia.
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A este choque de posturas se suma la dimensión jurídica del debate. El diputado priista Marco Antonio Mendoza Bustamante ha señalado inconsistencias en la iniciativa promovida por su homólogo del Partido Verde, Avelino Tovar, advirtiendo que, tal como está planteada, podría no lograr su objetivo de prohibir la tauromaquia. Este señalamiento abre otra arista: la necesidad de que cualquier reforma no solo responda a una demanda social, sino que esté técnicamente bien construida.
El foro, lejos de cerrar brechas, terminó por evidenciar la tensión entre ambos bloques. Los reclamos por falta de pluralidad, los señalamientos cruzados y los momentos de desorden mostraron que el diálogo aún está lejos de consolidarse como un espacio de entendimiento. La discusión, más que técnica, se volvió emocional, reflejando la carga simbólica que cada sector le atribuye al tema.
En el fondo, la disputa sobre la tauromaquia parece sintetizar un dilema más amplio: cómo equilibrar tradiciones arraigadas con nuevas sensibilidades sociales. Mientras algunos ven en la prohibición un paso necesario hacia una sociedad más empática, otros la perciben como una amenaza a formas de vida construidas durante generaciones.
Así, Hidalgo se encuentra ante una decisión que va más allá de una reforma legal. El reto no es menor: construir una salida que considere tanto el bienestar animal como las implicaciones sociales y económicas, sin reducir el debate a una confrontación de absolutos. Porque, al final, lo que está en juego no es solo el futuro de la tauromaquia, sino la capacidad de la sociedad para procesar sus diferencias sin romper el diálogo.
#Contraparte | Miguel Ángel Islas Pérez, director y columnista de LSR Hidalgo. X: @miguel_aip
