En Hidalgo, el sistema penitenciario vuelve a colocarse en la conversación pública, ante la urgencia de construir un nuevo Centro de Reinserción Social (Cereso). El plan original apuntaba a Tasquillo, pero la resistencia social —con bloqueos, protestas y rechazo abierto de los pobladores— obligó a recular. Hoy, la mirada está puesta en Ixmiquilpan, donde, al menos por ahora, no se ha replicado ese nivel de oposición.
El cambio de sede no es un dato menor. Expone una tensión constante entre la necesidad institucional y el costo político de las decisiones, pues nadie quiere un penal cerca, pero todos padecen las consecuencias de un sistema rebasado. Que en Ixmiquilpan exista mayor apertura —incluso con la donación de un predio por parte de una comunidad, como lo informó el titular de la SSPH— podría interpretarse como una oportunidad.
La sola necesidad de ampliar la infraestructura revela que los Ceresos están saturados. De acuerdo con cifras del sistema penitenciario nacional, México tiene más de 220 mil personas privadas de la libertad, con niveles de sobrepoblación que en algunos estados superan el 120%. En Hidalgo, aunque el hacinamiento no alcanza esos picos, sí existen centros con ocupación por encima de su capacidad instalada, lo que incrementa riesgos de violencia interna, corrupción y autogobierno.
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A eso se suma un dato clave: cerca del 40% de las personas en prisión en el país no tiene sentencia. Es decir, están ahí esperando que la justicia llegue. Esa carga recae directamente en los Ceresos, que terminan funcionando como contenedores de un sistema judicial lento e ineficiente. Construir más espacios sin acelerar procesos es como intentar vaciar un barco con una cubeta mientras sigue entrando agua.
El anuncio de predios viables en Ixmiquilpan podría leerse como una buena noticia; sin embargo, la sobrepoblación, el autogobierno y las deficientes condiciones de internamiento no son temas nuevos; son diagnósticos repetidos que pocas veces se traducen en soluciones estructurales.
Construir un nuevo penal es un avance, pero no resuelve el problema de fondo, el verdadero desafío está en lo que ocurre dentro de esos muros. Los centros penitenciarios no solo concentran población privada de la libertad, también pueden convertirse en focos de operación del crimen organizado, en espacios donde la violencia se reproduce.
Hoy, el proyecto en Ixmiquilpan abre una oportunidad, no solo para ampliar capacidad, sino para replantear el sistema. Porque en Hidalgo, como en buena parte del país, los Ceresos no son solo un problema de espacio, son una bomba de tiempo.
#Contraparte | Miguel Ángel Islas Pérez, director y columnista de LSR Hidalgo. X: @miguel_aip
