ARTE RELIGIOSO

¿Conoces el Cristo tallado en un árbol de esta comunidad de Guanajuato?

Se trata de una imagen religiosa y artística que se encuentra en la comunidad Bajío de Bonillas de Silao de la Victoria; es la obra de un artesano sobre madera viva

Escrito en GUANAJUATO el

Silao.- A 10 kilómetros de la ciudad de Silao de la Victoria, ingresando por la zona rural de Valle de las Huertas, se encuentra la comunidad de Bajío de Bonillas y en su plaza principal, frente al templo, se puede admirar a un Cristo tallado en el tronco de un árbol.

Se trata de una obra religiosa y artística, de Cristo tallado minuciosamente a mano por un artesano sobre la madera viva, que se ha transformado en un distintivo de identidad local, fe y tradición vecinal. La comunidad suele adornarlo y cuidarlo como un altar público de paz.

Bajío de Bonillas se ubica relativamente cerca del Cerro del Cubilete, el santuario que alberga al monumental Cristo Rey de Silao.

Mantenimiento

La escultura original tallada en el tronco vivo no ha recibido modificaciones profundas o rediseños en su relieve para alterar sus rasgos originales. El rostro de Cristo se conserva tal como lo labró el artesano local, pero la comunidad sí realiza labores constantes de mantenimiento preventivo y embellecimiento de su entorno.

Por lo anterior, se aplican selladores especiales o aceites sobre la madera tallada para evitar que la humedad, las plagas de insectos o el sol agrieten y desgasten las facciones del rostro.

El árbol sigue vivo, por lo que los habitantes cuidan que la corteza exterior circundante no absorba o tape el relieve de la escultura con el paso de los años.

La imagen se "remodela" estéticamente de forma temporal a través de adornos cambiantes, como la colocación de flores frescas, arreglos florales artificiales, veladoras y cortinajes según la festividad litúrgica.

El árbol

El Cristo de Bajío de Bonillas está tallado sobre el tronco de un árbol de ficus (De la variedad conocida popularmente en México como Laurel de la India).

Este tipo de árbol es sumamente común en las plazas principales, alamedas y jardines públicos del estado de Guanajuato debido a sus características idóneas para el espacio urbano:

Es de tronco grueso y moldeable y su corteza y madera interior permiten a los artesanos realizar grabados o relieves detallados sin comprometer la estabilidad estructural de la planta.

Desarrolla copas densas y redondas de hojas que proveen abundante sombra, convirtiéndose en el centro de reunión natural de las plazas comunitarias.

Se adapta perfectamente al clima templado y semiseco de la región de Silao, manteniendo sus hojas verdes durante todo el año.

Al tratarse de un árbol de raíces profundas y tronco robusto, los habitantes de Bajío de Bonillas aprovechan la firmeza de su madera viva para mantener el Cristo tallado en perfectas condiciones frente al paso del tiempo.

¿De quién es la obra?

El nombre del artesano que talló originalmente el Cristo en el árbol de Bajío de Bonillas no se encuentra registrado de forma oficial en archivos públicos o turísticos del municipio de Silao, por lo que su identidad exacta permanece bajo el resguardo de la propia tradición oral de la comunidad.

Existen dos razones principales por las cuales su nombre suele ser un misterio para los visitantes externos:

Se trata de una obra de carácter comunitario: En los pueblos del Bajío, este tipo de grabados o nichos religiosos en espacios públicos suelen ser mandados a hacer o elaborados de forma voluntaria por familias locales. Con el paso del tiempo, el pueblo adopta la imagen como suya y la identidad del creador pasa a segundo plano, atribuyéndose simplemente a "un artesano de la comunidad".

La foto de recuerdo.

Confusión con artesanos de la zona: Al estar Bajío de Bonillas tan cerca de Montaña del Cubilete, la región cuenta con varios escultores reconocidos de arte sacro (como el reconocido taller de Antonio Luna en Silao, especializado en tallar el Divino Rostro en maderas frescas). Aunque la gente suele asociar el árbol con los maestros talladores de la zona, los habitantes mayores de la localidad son los únicos que conservan el testimonio directo de quién puso las manos sobre ese ficus específico.

Y al no haber un registro oficial, algunos lugareños o guías locales atribuyen de forma oral la obra a algún habitante de la región con apellido "Guerrero", aunque esto forma parte del mito comunitario y no del nombre del árbol en sí.