Cuerámaro.- Se sabe que los ahuehuetes nativos de la región de Cuerámaro no fueron plantados por el ser humano, sino que crecieron de forma natural a lo largo de cientos de años gracias a las condiciones geográficas de la zona que se caracteriza históricamente por la abundancia de mantos acuíferos, arroyos y humedales subterráneos.
De hecho, el nombre Cuerámaro proviene del purépecha y significa "Al abrigo de los pantanos", un ecosistema idóneo para el nacimiento espontáneo de esta especie de árboles milenarios cuyo nombre en náhuatl significa "viejo del agua", y un sabino, conocido también como ahuehuete o ciprés mexicano, nace y crece donde hay agua en abundancia.
En todo Guanajuato hay este tipo de árbol de gran altura y tronco grueso, aunque en Cuerámaro, específicamente en las comunidades La Camelina, El Platanal y El Molino, de los más de 100 ahuehuetes que existieron, principalmente regadas con las aguas de la Presa del Aguacate con ríos que van hasta el Molino de la Purísima, han padecido en los últimos 10 años por falta de agua, y desde esa fecha, de acuerdo con versiones de los pobladores, 20 árboles se secaron y alrededor de 50 se encuentran en vías de extinción.
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Y es que, el arroyo que daba vida a los ahuehuetes fue alterado en 2003 y el agua dejó de alimentar a los sabinos, aunque unos pocos mantienen su esplendor por seguir alimentados por arroyos de agua que no han desaparecido por completo.
El Cronista de Cuerámaro
El Dr. Julio Alvarado Soto, cronista de Cuerámaro, ha compartido en su página de redes sociales este tema de los ahuehuetes del municipio, de lo cual transcribimos lo siguiente.
El ahuehuete es un árbol emblemático, cuenta la leyenda que a la sombra de uno de estos ejemplares Hernán Cortés lloró su derrota ante los guerreros Mexicas.
Ahuehuete en náhuatl significa: "El Viejo del Agua", donde hay agua hay sabinos, desde el año de 1921, los ahuehuetes fueron designados como ÁRBOL NACIONAL.
En Cuerámaro tenemos una gran cantidad de ahuehuetes o sabinos que se encuentran desde la Cañada, la cortina de la Presa el Aguacate, por toda la Cañada de este nombre, la Gruta, el Arroyo Hondo y siguiendo el cauce de la acequia desde el Platanar, el Molino de la Regalada, hasta el Molino de la Purísima, estos árboles cuya edad fluctúa entre los 100 y 500 años, desafortunadamente algunos están enfermos y otros ya se encuentran secos, pero no todo está perdido, habitantes de la comunidad del Platanar, están plantando pequeños sabinos a un costado de la acequia y de los que están secos, de sus raíces están surgiendo "hijos".
Autoridades Municipales y todos los ciudadanos, estamos obligados a rescatar y cuidar a este árbol que las culturas prehispánicas consideraban Sagrado, por ser dador de lluvia, brindar protección, casa de Dios y un Santo para la agricultura.
Para saber
Durante generaciones, estos árboles han servido como un pulmón natural para la región, ayudando a mitigar las altas temperaturas y ofreciendo refugio y sombra para la fauna local.
El principal riesgo para los sabinos comenzó alrededor del año 2003, cuando el arroyo natural que pasaba junto a ellos fue entubado debido a obras de infraestructura urbana.
Al quedarse sin el flujo constante de agua que nutría directamente sus raíces y troncos, decenas de estos árboles centenarios comenzaron a secarse y morir gradualmente.
Los pobladores y defensores ambientales de la zona han manifestado constantemente la urgencia de rescatar los sabinos restantes, buscando alternativas de riego para evitar la extinción total de este patrimonio natural.
Los ejemplares crecían de forma masiva desde la cortina de la Presa El Aguacate, extendiéndose por la Cañada, el Arroyo Hondo y las acequias que cruzaban comunidades como El Platanal, El Molino y La Camelina.
La población de árboles fluctuaba entre los 100 y los 500 años de antigüedad.
Los reportes de los propios pobladores y defensores ecológicos de Cuerámaro señalan que al menos entre 20 y 30 ejemplares históricos murieron por completo y se secaron tras quedarse sin suministro hídrico directo en sus raíces.
Se calcula que quedan alrededor de 50 ahuehuetes adultos, de los cuales una gran parte se consideran "en vías de extinción" o críticamente enfermos debido a la sequía y la falta de mantos acuíferos superficiales.
Para frenar la desaparición total, habitantes de comunidades como El Platanal han comenzado proyectos locales para plantar y cuidar pequeños sabinos jóvenes a un costado de las antiguas acequias, buscando un relevo generacional para rescatar el paisaje icónico de Cuerámaro.
Las familias se encargan de plantar pequeños sabinos a orillas de las antiguas acequias o en patios cercanos a pozos para asegurar que reciban agua constante en su etapa crítica de crecimiento.
El colectivo local y los ejidatarios han propuesto la instalación de derivaciones o llaves de agua provenientes del pozo de la comunidad para verter agua directamente a las raíces de los ejemplares más enfermos.
Los activistas insisten en la creación de "ventanas hídricas" (romper tramos de concreto del entubamiento antiguo) para canalizar los excedentes de lluvia de la Presa El Aguacate hacia las zonas críticas donde los árboles aún resisten.
Se busca actualmente promover el ecoturismo responsable en parajes como El Platanal. El objetivo es que los visitantes generen ingresos locales que se destinen directamente a la compra de pipas de agua durante las peores épocas de sequía.
Se realizan charlas con dueños de parcelas agrícolas colindantes para convencerlos de no talar ni quemar basura cerca de los troncos huecos de los sabinos, un problema que acelera su deterioro.
Mientras tanto, estos enormes testigos mudos de la vida de varias generaciones de cueramarenses se encuentran en peligro de extensión, pese a los esfuerzos de los habitantes vecinos. Ojalá que las autoridades locales tomaran también cartas en el asunto.
