Cuando aprendimos de ilusiones y posibilidades.
Todas las tradiciones como el Día de Reyes, Navidades, El Ratón de los Dientes y por supuesto el propio Día del Niño; nos mantenían en una ansiosa y muy emocionante espera.
Soñar con ser grande mientras el juego más sencillo nos resultaba irremplazable.
Queríamos cumplir 18 desde ayer pero la realidad era que bastaba un nuevo juguete favorito y una fiesta de cumpleaños con una invitación que al reverso contenía un croquis con dirección al lugar para entonces ponerlo todo en perspectiva.
Cuando la diversión era un diario no negociable, a la que le bastaba hasta nuestra propia compañía.
No nos resultaba necesario salir siempre de casa porque en ese momento el ingenio era la virtud universal y bastaba con improvisar algo en nuestro cuarto ¿Todavía sabré hacer una tienda de campaña(en mi mente castillo) con sólo sábanas amarradas a un mueble?.
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Como cuando éramos niños...
Y la escuela era todos los lunes un mal necesario para encontrarnos con los amigos, o entonces maps y bff’s.
Que pesar terminar de comer en domingo y más si la tarea aún no estaba hecha ¡Teníamos el tiempo encima y una proyección en Disney Channel o Nickelodeon por iniciar!. Pero cuando el lunes a la hora del receso tocara jugar “encantados”, la madrugada de 7:00 am, habría valido enteramente la pena.
Una rutina perfectamente calendarizada y programada; en aquel entonces el tiempo y las prioridades estaban siempre claras.
Nuestras mamás nos tenían organizado hasta el tiempo correspondiente para bañarnos ¡Y los salchipulpos ya en la mesa esperando!
El único problema parecía que para cumplir aquella rutina había que interrumpir algún juego en sus minutos más decisivos.
La familia siendo vital. Nos enseñó el que volvemos nuestro principio básico para la vida sucesiva: claro que amor.
Aprendimos de lazos y mostrar cariño por medio de cartitas llenas de glitter y stickers y lo que intentaba ser un portarretratos con coditos pintados y mal pegados. El momento contraproducente llegó quizá cuando la barrera de absoluto disgusto hasta el momento por el otro sexo, nos permitió conocer al primer novio o novia de recreo ¿Saben que ha sido de ellos?.
Cuando éramos niños, la vida pareció muy sencilla y divertida, y lo fue; pero es indiscutible que todos esos bailables en festivales escolares poseen un gran crédito por, en lo que nos convertimos hoy.
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