León, Guanajuato.- Durante más de una década, Donovan Carrillo y Gregorio “Goyo” Núñez fueron inseparables. No se trataba únicamente de una relación entrenador–atleta: Núñez fue quien lo tomó desde niño, lo acompañó en su formación deportiva, lo entrenó durante años sin cobrar en momentos críticos y terminó convirtiéndose en una figura cercana a la de un padre postizo, según él mismo llegó a describirse públicamente. Vivieron juntos en León, Guanajuato, desde 2013, cuando ambos se mudaron tras el cierre de pistas en Guadalajara, apostándolo todo a un proyecto que parecía imposible en México.
Ese proyecto alcanzó su punto más alto en los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022, donde Carrillo hizo historia para el país. Núñez quedó entonces instalado en la narrativa como el entrenador que, con pocos recursos y mucho oficio, había llevado a México a una final olímpica en patinaje artístico, un deporte sin infraestructura sólida en el país.
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Sin embargo, la relación se rompió en 2023. El propio Carrillo ha explicado que la separación se dio por diferencias personales que ya no permitían seguir trabajando juntos. No fue una ruptura menor, tuvo consecuencias directas y duras. Donovan llegó un día a entrenar a la pista donde trabajaba Núñez en León y le informaron que ya no podía patinar ahí. La razón, según su testimonio, fue que su exentrenador retiró la beca que le permitía entrenar sin costo, dejándolo fuera del programa y, de facto, sin acceso al hielo.
Ese episodio marcó un quiebre definitivo. Carrillo pasó de entrenar como atleta becado a pagar como usuario regular durante algunas semanas, mientras buscaba una salida urgente para no frenar su carrera. Fue entonces cuando tomó una decisión radical: salir de México. La falta de pistas, el desgaste personal con su entrenador histórico y la necesidad de un entorno competitivo lo empujaron a cambiar de país y de equipo técnico.
El relevo llegó desde Canadá. Donovan se integró a un nuevo staff encabezado por Jonathan Mills y Myke Gillman, entrenadores con quienes ya había tenido contacto desde años atrás. Más que un simple cambio de coach, fue una mudanza completa de sistema: nuevas instalaciones, mayor tiempo de hielo, trabajo técnico especializado y un entorno diseñado para el alto rendimiento internacional. En los hechos, Núñez fue desplazado por un equipo canadiense que ofrecía lo que México no podía garantizar.
¿Y qué fue de Gregorio Núñez tras la ruptura?
Después de quedar fuera del proyecto de Donovan Carrillo, el entrenador continuó ligado al patinaje artístico, pero desde otro frente. Actualmente se desempeña principalmente como formador de niñas y niñas pequeñas, enfocándose en etapas iniciales del desarrollo deportivo. En competencias nacionales, como el Mexican Open, se le ha visto coacheando a patinadoras infantiles, acompañándolas en pista y trabajando en su formación técnica y competitiva, lejos ya del alto rendimiento internacional que representó su etapa con Carrillo.
La historia, en el fondo, no es solo una pelea entre entrenador y atleta. Es el retrato de un sistema frágil: un país donde un deportista olímpico puede quedarse sin pista de un día para otro, y donde los vínculos personales —por más profundos que sean— no siempre resisten la presión del alto rendimiento. Donovan Carrillo llegó a la élite con Gregorio Núñez; para mantenerse ahí y aspirar a más, tuvo que romper con él y empezar de cero, lejos, muy lejos del hielo mexicano.
