Salamanca, Guanajuato.- La tragedia de la masacre en Loma de Flores, Salamanca, comenzó a materializarse en despedidas. Este martes y miércoles, los primeros dos jóvenes víctimas del ataque armado fueron sepultados en el panteón de Temascatío, un espacio abierto, sin muro perimetral, ubicado entre comunidades rurales donde el dolor se siente al aire libre.
Se trata de Luis Gómez Andrade y María del Carmen Sánchez Almanza, quienes fueron despedidos por familiares, amigos y habitantes que acudieron a dar el último adiós en un ambiente marcado por el silencio, las lágrimas y la consternación colectiva.
El panteón, asentado en una explanada entre San José de Temascatío y sus alrededores, se convirtió en escenario del luto. No hay bardas que separen el camposanto del paisaje: las tumbas se levantan prácticamente a cielo abierto, como si el duelo se extendiera hacia los campos que rodean la comunidad.
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Ahí, las sepulturas de los jóvenes quedaron tapizadas de flores, coronas y arreglos funerarios. Entre colores vivos y mensajes de despedida, las tumbas reflejan la dimensión humana de una tragedia que ha golpeado con fuerza a un pueblo pequeño, donde todos se conocen y todos comparten el mismo pesar.
La misa y el sepelio ocurrieron mientras Salamanca continúa bajo el impacto de los hechos violentos que dejaron once personas asesinadas. En Loma de Flores, el ambiente sigue siendo de duelo: veladoras encendidas, rostros cansados y un miedo latente que acompaña cada conversación.
Luis y María del Carmen descansan ahora en Temascatío, justo al otro lado de su pueblo natal, solo un puente los divide, convertidos en los primeros nombres que regresan a la tierra tras la masacre. Su funeral no sólo marcó un adiós, sino también el inicio de un duelo profundo para una comunidad que hoy intenta entender cómo un hecho así pudo alcanzarlos.
