En Las Joyas, al poniente de León, el paisaje tiene una característica que no se repite con la misma fuerza en otras zonas de la ciudad: torres metálicas monumentales, aisladores industriales, cables suspendidos como líneas infinitas sobre avenidas y casas.
No son postes comunes. Las señales de advertencia lo confirman: “Alta tensión”. Infraestructura diseñada para transportar electricidad a gran escala, no para convivir con parques, escuelas o calles habitadas.
Estas torres no fueron hechas para vivir debajo de ellas. Y, sin embargo, ahí están: sobre la vida cotidiana de miles de personas.
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No llegaron a la colonia: la colonia llegó a ellas
La historia de Las Joyas explica por qué este paisaje existe.
Aquí, las torres no invadieron un barrio consolidado. Fue al revés. Muchas familias se asentaron después, en terrenos vendidos baratos, de forma irregular, sin permisos formales y sin servicios completos en sus primeros años.
La ciudad creció como crecen tantas periferias en México: primero el suelo accesible, luego las casas, después la regularización parcial. Y en medio de ese proceso, la infraestructura eléctrica —pensada como corredor de transmisión— quedó integrada a la vida urbana sin haber sido diseñada para ello.
Las torres permanecieron. La mancha urbana avanzó. Y el resultado es una ciudad construida bajo cables que nunca fueron pensados para ser vecinos.
Un paisaje que León no muestra en todas partes
En zonas céntricas o de mayor plusvalía, la infraestructura suele esconderse: cableado subterráneo, proyectos de imagen urbana, avenidas despejadas.
En Las Joyas, en cambio, el cielo está ocupado.
Aquí la energía no se oculta: se impone. Las torres se vuelven parte del horizonte, como una presencia permanente que recuerda que la modernización urbana no llega igual a todos los territorios. No es solo una cuestión estética. Es una postal de desigualdad.
¿Hay riesgos para la salud? La duda que habita bajo los cables
Vivir cerca de líneas de alta tensión genera una pregunta inevitable: ¿puede afectar la salud?
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, estas líneas producen campos electromagnéticos de baja frecuencia. Hasta ahora, la evidencia científica disponible no ha demostrado de forma concluyente efectos graves cuando se cumplen los límites internacionales establecidos.
Sin embargo, el organismo reconoce que el tema continúa bajo estudio y recomienda aplicar el principio de precaución: evitar, cuando sea posible, que este tipo de infraestructura se ubique tan cerca de zonas habitacionales.
Más allá de lo médico, hay un impacto silencioso: la percepción de riesgo, el estrés cotidiano, la sensación de vivir en un espacio que no fue planeado para ser hogar.
