Léon, Guanajuato.- Un bolillo crujiente, generoso, relleno de chicharrón y cubierto por una cascada de salsa roja con jitomate y cebolla. Así luce la joya de la corona en Guacamayas El Robert, un local modesto pero legendario en el corazón de León, Guanajuato, justo a la entrada del Instituto Cumbres, sobre el Boulevard Garza Sada. A simple vista, parece una fondita más en el paisaje urbano, pero basta con ver la fila constante de comensales para saber que ahí dentro se sirve una de las mejores guacamayas de la ciudad.
En León, hablar de guacamayas no es referirse a aves exóticas, sino a uno de los antojitos más tradicionales: un bolillo con chicharrón duro, bañado en una salsa que puede variar entre lo celestial y lo infernal, dependiendo del guacamayero. En este caso, la mezcla es perfecta. El bolillo firme, sin estar reseco. El chicharrón, crujiente pero no invasivo. Y la salsa… ¡ay, la salsa! Ácida, picante, con un equilibrio entre el jitomate y la cebolla que no abruma, sino que enamora.
Guacamayas El Robert cobra apenas $35 pesos por esta experiencia. Un precio accesible que ha hecho de este puesto un imán para todo tipo de personas: estudiantes con hambre de media mañana, trabajadores en pausa de jornada, mamás con sus hijos, oficinistas, jóvenes en bici. Aquí no hay distinciones, todos vienen por lo mismo: la guacamaya perfecta.
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El alma de este sitio es Robert, un hombre de 53 años que ha dedicado 45 de ellos al oficio guacamayero. Su historia comenzó de la mano de su padre, José el Soñador, en la calle Américas de la colonia Andrade. Desde entonces, no ha soltado la cuchara ni el cuchillo. “Llevo 16 años aquí en este local, pero desde chavito estoy en esto. Es lo que sé hacer y lo hago con gusto”, nos dice mientras parte bolillos con una velocidad que sólo da la experiencia.
Abre todos los días, sin excepción, de 9 de la mañana a 4 de la tarde. Puntual, constante, sonriente. No necesita anunciarse en redes ni hacer promociones estrafalarias. Su mejor publicidad es el sabor. El local está adornado con lonas coloridas y un menú pintado a mano que ofrece tacos, duros, tostadas y doritos preparados. Pero nadie se va sin probar la guacamaya.
Y es que en León hay muchas guacamayas, pero pocas como las del Robert. Su secreto está en el balance: ni la salsa es tan invasiva que empape el pan, ni el chicharrón tan grueso que lastime el paladar. Aquí cada bocado es una mezcla de tradición, cariño y sazón.
Afuera, bajo el rótulo enorme que grita “GUACAMAYAS” en letras amarillas, la gente sigue llegando. No hay prisa. La espera vale la pena. Porque en esta esquina del Boulevard Garza Sada, cada guacamaya es un pedacito de León servido en plato blanco.
Y sí, más de uno se va con los dedos enchilados… y el corazón contento.
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