León-. Una fotografía de 1973 muestra cómo era León hace poco más de 50 años: un valle, todavía, repleto de campos de cultivos, árboles y naturaleza. Todo en la imagen era de color verde en sus diferentes tonalidades.
León ha cambiado, una imagen lo demuestra: las presas estaban rebosantes de agua, todo era color verde oscuro, exuberante, la imagen, se pensaría, que fuera de otro paisaje, en otro lugar, pero en realidad es el territorio que ahora habitan miles de personas.
Ahora, 50 años después, es una inmensa isla de concreto, de calor, a falta de árboles en los núcleos urbanos.
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Hoy más de medio siglo después, el paraje ya ha perdido parte de su identidad natural, la ciudad amenaza ya a la Sierra de Lobos; los cerros ya están invadidos de fraccionamientos y casas irregulares.
Hoy, el territorio que antes era dominado por las antiguas tribus Pames, Guamares y Guachichiles, y por la fauna, también por el lobo mexicano y el oso negro, se vende por lotes, los ecosistemas se fragmentan. Hoy esos bosques sufren a los constantes años de sequía.
Ya no son los cerros limpios en los que solo se observaban montañas y vegetación hasta que la mirada se perdiera en el horizonte, ahora el caserío se nota a lo lejos, los cerros han sido cercenados por la ofértense vivienda irregular y lujosa en las faldas de la Sierra de Lobos.
En la fotografía y, casi imperceptible, al fondo, se alza el Cerro del Gigante aquella frontera salvaje, entre León y los bosques serranos que aún quedan en pie desafiando a la gravedad.
Así era León antes de la disputa por City Center, antes de los grandes bulevares y distribuidores viales, antes de que la fauna silvestre del norte de la ciudad perdiera por los hábitats que perdieron más allá del Parque Metropolitano de León.
