GUADALAJARA, Jalisco.– La crisis por la mala calidad del agua en el Área Metropolitana de Guadalajara persiste. A tres semanas del relevo en el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), el suministro de agua con mal olor continúa en colonias de la ciudad, mientras la nueva administración mantiene sin transparentar el alcance real del problema.
La llegada de Ismael Jáuregui Castañeda no ha frenado los reportes ciudadanos. Tras la salida de Antonio Juárez Trueba, continúan las quejas por agua con olor fétido, a drenaje o con rastros de óxido, una situación que se repite en distintas zonas del AMG.
En la colonia Quinta Velarde, en Guadalajara, Gabriela Carreño describió la intermitencia del problema:
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“Solamente unos días duró el agua saliendo normal, o sea, ya bien, sin ningún olor. Pero volvió a regresar otra vez el olor a caño y algunos días con olor a oxidado. Pero no es así como constante, o sea, algunos días sí y algunos días no”.
En esa zona, el deterioro en la calidad del agua se intensificó desde hace más de dos meses y medio. Vecinos refieren olores a metal o huevo, un patrón que —aseguran— no es aislado.
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Los datos preliminares de muestras ciudadanas recabadas durante la protesta ¡Más Agua, Menos Mundial!, el pasado 22 de marzo, apuntan a fallas más amplias. Los análisis detectaron problemas en cloración, pH, dureza, alcalinidad y presencia de minerales. Las muestras provinieron de colonias como Centro, La Nogalera, Santa Tere, El Mirador, San Eugenio y Moderna, de acuerdo con José Lira, de la Red de Monitores del Agua de la región Valles y Lagunas.
A pesar de este escenario, el SIAPA no ha informado cuántas colonias siguen afectadas ni el número de personas impactadas. Tampoco ha presentado un diagnóstico público actualizado. El nuevo director ha evitado conferencias de prensa y entrevistas directas —incluidas las “banqueteras”—; su comunicación se limita a videos en redes sociales, en una estrategia similar a la del gobernador Pablo Lemus Navarro, cuando hay situaciones de crisis.
Ante la opacidad, el asunto escaló al terreno político: el Congreso del Estado de Jalisco prevé citar a comparecer al titular del organismo para que explique la estrategia frente al problema.
Mientras tanto, el gobierno estatal optó por centralizar las quejas ciudadanas, para intentar frenar las quejas difundidas vía redes sociales. Habilitó un chatbot vía WhatsApp para reportar problemas de color, olor o sedimentos en el agua. El número oficial es el 33 3668 2482.
Medidas parciales ante una crisis extendida
Las acciones anunciadas hasta ahora:
- Limpieza de tanques: cortes temporales del servicio para realizar purgas, como ocurrió en el Tanque 33 en la colonia Talpita.
- Infraestructura rebasada: el propio organismo reconoce que la Planta Potabilizadora Número 1 (Miravalle) requiere una reingeniería que podría tardar hasta tres años.
- Redes deterioradas: se plantea sustituir tuberías antiguas, aunque se admite que estas acciones no garantizarán agua plenamente potable en el corto plazo, sino solo una reducción de la turbiedad.
- El director del SIAPA adelantó que en mayo se anunciará una reingeniería administrativa.
Lo que dejó el exdirector
Antes de dejar el cargo, Antonio Juárez Trueba reconoció ante el Congreso local que el sistema presenta “picos” de mala calidad del agua, visibles en cambios de color y olor.
Atribuyó el problema a la antigüedad de la infraestructura y a las limitaciones de una planta potabilizadora con décadas de operación. Aun así, sostuvo que el agua cumple con la normatividad para usos domésticos.
Según sus datos, de las mil 846 colonias atendidas por el SIAPA, cerca del 10% —unas 170— registraron afectaciones esporádicas. Como respuesta, el organismo intensificó el retrolavado de filtros cada 12 a 14 horas para contener los episodios.
Planteó que la solución de fondo pasa por una segunda línea de acueducto y la modernización de la planta. Sobre las descargas ilegales, dijo que se solicitó apoyo de la Comisión Nacional del Agua, aunque sin denuncias formales hasta ese momento.
La apuesta del gobierno estatal
En medio de la presión social, el gobernador Pablo Lemus Navarro lanzó un plan de inversión por 15 mil millones de pesos para enfrentar la crisis.
El primer movimiento fue la salida de Antonio Juárez Trueba y el nombramiento de Ismael Jáuregui Castañeda, con la instrucción de acelerar las acciones operativas.
El mandatario atribuyó el origen del problema, en buena medida, a descargas ilícitas en el sistema antiguo de abastecimiento, y advirtió sanciones para quienes resulten responsables.
El plan contempla dos grandes obras:
- La sustitución del acueducto actual, con una inversión estimada de entre 10 mil y 11 mil 500 millones de pesos, para separar el uso agrícola del agua destinada al consumo humano.
- La reingeniería de la Planta Potabilizadora Número 1, con un costo cercano a los 4 mil 800 millones de pesos.
El gobierno estatal busca recursos federales a través de la Comisión Nacional del Agua y esquemas de financiamiento sin contratar deuda adicional.
Diagnóstico ausente frente a la urgencia política
Para el especialista en temas del recurso hídrico, el académico de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Arturo Gleason Espíndola, el problema se está atendiendo al revés. El especialista advirtió que los 15 mil millones de pesos anunciados por el gobierno estatal para enfrentar la crisis representan una improvisación financiera si no existe antes un plan hídrico integral.
A su juicio, las respuestas han privilegiado el impacto político inmediato sobre el diagnóstico técnico. “Se están viendo los efectos, pero no se han definido con claridad las causas”, señaló.
El académico planteó la necesidad de un estudio a fondo que abarque tanto el ciclo del agua como la infraestructura hidrosanitaria, desde la captación hasta el tratamiento. Esto implicaría recorridos técnicos, documentación puntual de fallas y un análisis integral que permita definir estrategias en distintos plazos.
También insistió en abrir el proceso a la participación de sectores académicos, científicos y sociales, ante la magnitud de una red de distribución que supera los 8 mil 500 kilómetros y que se ha construido durante más de un siglo.
Mientras no exista claridad sobre la calidad del agua, recomendó a la población limitar su uso cuando presente anomalías visibles, realizar análisis constantes y buscar asesoría especializada para identificar posibles riesgos a la salud.
Por ahora, la recomendación oficial no cambia: ante episodios de agua turbia o con mal olor, dejar correr el chorro hasta que se aclare y no utilizarla para beber, ni cocinar ni para lavar alimentos. Una medida que, en los hechos, confirma que el problema sigue sin resolverse.
En paralelo, usuarios mantienen la presión en redes sociales con etiquetas como #AsíLlegaElAguaAMiCasa, donde exigen que el cobro del servicio se ajuste a la calidad del suministro.
lrc
