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Erika dejó atrás la violencia y la moda, ahora triunfa como herrera en Chiapas

Erika La Flor contó a La Silla Rota cómo logró superar la violencia de su expareja y ahora cuenta con un negocio exitoso en la herrería

Créditos: Christian González
Escrito en ESTADOS el

TUXTLA GUTIÉRREZ.- Tras dejar a un lado el mundo de las confecciones y la violencia de su expareja, Erika La Flor empezó en 2013 a incursionar en otro rubro totalmente distinto y más “rudo”: el de la herrería.

Originaria de esta ciudad capital de Chiapas, Erika tomó una de las mejores decisiones de su vida, pues ahora es buscada por muchos clientes que reconocen su trabajo, el cual no solo tiene calidad impresa, sino que es económico o “justo”.

Su interés creció cuando un familiar puso su herrería cerca de donde ella vivía. Al paso del tiempo, se empapó de conocimiento y un día decidió montar su propio taller, junto a quien era su esposo.

Aunque al principio solo ella y su expareja se dedicaban al oficio, durante la pandemia de la covid-19 se unieron sus “retoños”: Klara Anastasia, hoy de 21 años; Erika Fernanda, de 17 y su pequeño de 13, quienes prefirieron ya no continuar con sus estudios y enfocarse a la creación de todo tipo de estructuras, desde protecciones de ventanas hasta barandales, puertas, portones o techados y otras creaciones.

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Por desgracia -confiesa- tuvo problemas con el papá de sus hijos, pues él la violentaba, y hace como dos años los abandonó. Sin embargo, eso a ella no la debilitó, sino todo lo contrario, a pesar de que prácticamente tuvo que “comenzar de cero”.

Erika la Flor, la jefa del taller de herrería en Chiapas. Foto: Christian González.

Con base en datos del Comité Estatal de Información Estadística y Geográfica (CEIEG), en 2024 se registraron alrededor de 800 casos de violencia familiar en Chiapas, mientras que para el año pasado la cifra se redujo un poco (761 carpetas de investigación abiertas por ese delito).

Según la Fiscalía General del Estado (FGE), en un comparativo, en enero del año pasado abrió 50 carpetas de investigación por violencia familiar, mientras que en el mismo mes pero de este 2026 la cifra se redujo a 46.

No le tiene miedo a los retos

Erika prefiere darle “vuelta a la página” y hablar a fondo de lo que ha logrado: la contratan, incluso, para hacer los aparatos para hacer ejercicio de un gimnasio, “hemos hecho como 25, le doy gracias a la confianza que nos dio don Jorge Soberano, porque no le importó que fuéramos mujeres”.

Cuando la chamba es más pesada y tienen que cargar fierros o estructuras más pesadas, Erika contrata herreros. “He llegado a darle empleo hasta a 20 personas”.

Erika Fernanda, una de las hijas que ayuda en el taller. Foto: Christian González.

Por momentos, le queda claro que nunca se imaginó que de modista se convertiría en herrera, y lo mejor de todo: que su familia jalaría parejo en el oficio.

Pese a que su pareja se fue, para ella no fue impedimento seguir, e incluso presume que la cartera de clientes ha crecido de forma importante. Sabe que hay factores que también “enamoran” a quienes la buscan para un trabajo: además de la calidad y la economía, la entrega puntual de los pedidos.

Erika y sus hijas e hijo saben que no se pueden confiar, pues los riesgos están a la orden del día y el oficio no perdona descuidos, por lo que la mente tiene que estar despejada.

Klara Anastasia, la hija mayor de Erika la Flor. Foto: Christian González.

Aunque ella se quedó a cargo de su familia, confiesa que no hay barreras para no hacer esta labor y sacarla adelante. “Y cada uno nos especializamos en algo, mi hija más pequeña se encarga como de los dibujitos, los detalles, como tipo ‘Home Interior’, y la otra es muy buena en soldadura, mientras que mi hijo nos apoya a cargar, a cuestiones más pesadas”.

Tras dejar en claro que en la actualidad fueron contratadas en una obra para hacer “bases”, cuenta que aún hay gente que piensa que como mujeres no pueden hacer este trabajo que, antes, por lo regular solo lo hacían los hombres.

Pero ese pensamiento ha cambiado. La mayor parte de clientes le confiesa que con ella se puede hacer un mejor trato y los trabajos están “a tiempo”.

Foto: Christian González.

De acuerdo con datos oficiales y del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), la entidad chiapaneca presenta una de las tasas más elevadas de informalidad laboral, y sobre todo en las mujeres, es decir más arriba del 73 por ciento de las mujeres ocupadas durante el año pasado.

Ante ese panorama incierto, al que se le suma que al menos un medio millón de chiapanecas laboran sin prestaciones ni contratos escritos, también se le agrega que Chiapas requiere de una mayor inclusión de las mujeres en el tema laboral, pues la participación de las mismas es de las más bajas a nivel nacional, con el 46%, mientras que el 53% del total se desempeña en labores domésticas.

Foto: Christian González.

Herencia segura

Erika Fernanda, su hija, explica que desde los 12 años empezó en el oficio y, desde entonces, supo que ahí estaba su futuro. Además, su madre fue su inspiración.

“La verdad formar una puerta o un portón, por ejemplo, es muy gratificante”, refiere, y comenta que ella le pone los detalles a lo que hace. A pesar de que dejó los estudios, pues solo terminó hasta la secundaria, no tiene en mente el regreso a las aulas.

Lo mejor de todo -dice- es que ella también ha sido inspiración para sus amigas o conocidas, quienes han mostrado el interés por aprender el oficio.

Foto: Christian González.

Klara Anastasia, por su parte, está convencida de que en la herrería también está no solo su futuro, sino su presente. Aunque al principio incursionó en este rubro “un poco a la fuerza”, confiesa que le ha tomado cariño.

Con el paso del tiempo y tras dejar la preparatoria, la experiencia llegó a su mente y ahora es una apasionada al tema de la soldadura en estructuras, “ahorita estoy en el taller de mi mamá, no sé qué más pasará; de hecho, me gusta la ingeniería civil”.

En cuanto a lo que hace a diario, externa: “Puedo decir que ver cada trabajo terminado, es de mucha satisfacción para nosotras, o cuando los clientes reconocen nuestra labor, eso es muy gratificante”.

Otra situación que les alegra su vida, refiere de nueva cuenta Erika La Flor, es cuando les llegan clientes recomendados por otros clientes. Además, puede jactarse de que una universidad pública ya le mandó alumnas para aprender herrería.

Foto: Christian González.

Erika, quien por lo regular mantiene la sonrisa, no pierde el momento para recordar lo que le dicen algunas personas, “me preguntan cómo puedo trabajar con anillos y uñas largas, o maquillada”. Se ríe.

Sobre el taller, denominado como “Iron Brothers”, refiere que su horario laboral se extiende de lunes a sábados, desde la mañana hasta la tarde, y a veces los domingos. Sin embargo, subraya que también le dan “rienda suelta” a otra de sus pasiones, las peleas de gallos.

“Somos, como dicen, un estuche de monerías”, acepta, entre risas. No obstante, dice que las peleas de gallos le gustan desde que era niña, e inclusive tiene familiares galleros.

De lo que está convencida, es de que buscará que ella y sus hijas sean una inspiración. Además, deja algo muy en claro: una mujer nunca debe de depender de un varón.

Foto: Christian González.

 

lrc

 

 

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