Estados -Leticia no buscaba un atajo. Buscaba sobrevivir. Como miles de pequeños comerciantes fuera del sistema financiero formal mexicano, necesitaba efectivo rápido para enfrentar una urgencia económica. En los postes, en las paredes y bajo la cortina de su local aparecieron los volantes: “Préstamos sin fiador ni enganche”, “Dinero inmediato”.
Su historia, contada en medios de comunicación, alertó a muchos. Leticia llamó. Del otro lado no hubo preguntas incómodas ni trámites interminables. En cuestión de horas recibió 10 mil pesos. El acuerdo parecía sencillo; pagos diarios, montos pequeños, nada que no pudiera manejar. Así funciona la seducción del “gota a gota”: la urgencia primero, la trampa después.
La trampa: pagar diario, deber para siempre
Los primeros días cumplió. Pero basta un tropiezo, una mala venta, una enfermedad, un cierre inesperado, para que el sistema muestre su verdadero rostro. Al atrasarse, los intereses moratorios se dispararon. La deuda creció sin control.
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En semanas, los 10 mil pesos se transformaron en una exigencia de 107 mil. No hubo contratos, no hubo recibos, no hubo instancias a las cuales acudir. Solo llamadas, mensajes y visitas cada vez más agresivas.
La violencia como método de cobro
El “gota a gota” no se cobra en tribunales, se cobra con miedo. Las amenazas no tardaron en llegar; primero verbales, luego contra su familia. Leticia entendió entonces que ya no estaba frente a un préstamo, sino ante una red de extorsión vinculada, como ocurre en muchos casos, al crimen organizado.
Otros testimonios en medios de comunicación de Guanajuato, Hidalgo y Veracruz, documentan robos de mercancía, golpes y hasta secuestros. La deuda no busca saldarse: busca someter.
“Es ilegal, no está regulado y viola la ley”: la advertencia experta
En entrevista para La Silla Rota, la doctora Luz Karime Abadía, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana de Colombia, explica con claridad el fenómeno:
“El gota a gota es una forma de préstamo informal que no está regulada por ningún Estado. Ofrece dinero rápido a personas de bajos recursos a cambio de intereses muy altos, que pueden incluso superar la tasa de usura, y exige pagos diarios o semanales”.
Abadía subraya que se trata de una práctica ilegal, ya que quienes prestan no cuentan con autorización de ninguna entidad financiera ni reguladora.
“Son personas informales que prestan a tasas muy por encima de los límites legales y que, cuando hay retrasos, recurren a amenazas, extorsiones y prácticas coercitivas”.
¿Por qué sigue ocurriendo? La respuesta es estructural
“Hay un porcentaje importante de adultos que acude a estos préstamos porque son inmediatos, no tienen requisitos y porque muchas personas están excluidas del sistema financiero, no tienen historial crediticio y ningún banco les presta”, explica.
La experta apunta a la raíz del problema: pobreza, informalidad laboral —que supera el 50% en Colombia y el 56% en México, según el Inegi— y ausencia del Estado como garante de créditos para microempresas y familias vulnerables.
“El gota a gota genera un círculo vicioso. No crea historial crediticio, tiene costos altísimos y expone a las personas a violencia y extorsión”, subraya la economista
El delito que cruzó fronteras
Aunque el “gota a gota” nació en Colombia, hoy opera con fuerza en México. Hoy, en Jalisco, tres presuntos extorsionadores de origen sudamericano fueron detenidos en Guadalajara y Zapopan en un operativo conjunto entre la Policía estatal, el Instituto Nacional de Migración y corporaciones metropolitanas.
Las autoridades identifican dos modalidades principales: el préstamo físico a comerciantes y las aplicaciones digitales fraudulentas, conocidas como montadeudas. Ambas comparten el mismo patrón; dinero fácil, intereses usurarios y violencia.
Las cifras del miedo
El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México ha recibido más de 19 mil reportes por préstamos fraudulentos entre 2020 y 2023, y ha identificado más de mil aplicaciones vinculadas a este esquema.
Las entidades con mayor incidencia, además de la capital, son Estado de México, Coahuila, Jalisco, Veracruz y Puebla. El modus operandi incluye extorsión, amenazas, difamación digital (doxing) y agresiones físicas o psicológicas.
Cuando el crédito falla, la violencia ocupa su lugar
La historia de Leticia no es una excepción: "es el síntoma de un sistema que deja a millones fuera. Donde no llega el banco, llega el crimen. Donde no hay crédito justo, hay miedo", subraya Karime Abadía.
El “gota a gota” no es solo un delito financiero: es una forma silenciosa de violencia que se alimenta de la urgencia, la pobreza y la ausencia de alternativas. Y mientras eso no cambie, seguirá cobrando no solo intereses, sino vidas marcadas por el terror.
