Culiacán, Sin. – Fernando Alan Arce vivía con una disciplina que no admitía excepciones. Desde los trece años entrenaba todos los días. El gimnasio era su rutina, su espacio y su meta personal. No faltaba nunca, ni siquiera el primero de enero. Su padre, Bryan Humberto Chaidez Osuna, en entrevista para La Silla Rota, recuerda que Fernando solía decir que, si algún día no podía entrenar, prefería no vivir.
Por las noches, la escena se repetía. Fernando bajaba a la cocina, se preparaba su comida y antes de irse a dormir lo abrazaba.
“Pa, te quiero”, decía.
Seis días antes de que El Ejército lo matara por error, padre e hijo se dijeron “te amo” por última vez.
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No era un estudiante de calificaciones perfectas, pero cumplía. Estaba por concluir su servicio social en el Tribunal; le restaban enero y febrero. Después quería estudiar Ciencias Políticas y trabajar en el Congreso. En el Tribunal, jueces y compañeros hablaban bien de él. Su padre asegura que la gente que lo rodeaba reflejaba su carácter.
La noche previa a los hechos cenaron juntos. Hablaron de lo de siempre: el gimnasio, el café con amigos, la rutina diaria. Nada fuera de lo común. Nada que anunciara una despedida.
Al día siguiente, Fernando salió de su casa a las 4:01 de la tarde. Bryan Humberto llegó veinte minutos después, a las 4:20. No se vieron.
El día que el Ejército lo mató
La última conversación entre padre e hijo fue sencilla, cotidiana. La noche anterior cenaron juntos y hablaron de la rutina. “Le pregunté cómo te fue en el día. Me dijo que fue al gimnasio Don Rosa, que tomaron café. Nada fuera de lo normal. Nada que presintiera despedida”, recuerda su padre.
Habían corrido 13 días en el almanaque del año 2026. Horas más tarde, el día que lo asesinaron, ocurrió una situación armada en Culiacán en la que Fernando Alan Arce perdió la vida.
De acuerdo con los primeros reportes ciudadanos, se registró un operativo con participación de elementos federales. En ese contexto, Fernando quedó en medio del fuego. La familia no recibió una notificación oficial inmediata.
“Lo que sabemos es por los videos que circularon en redes sociales y por la gente que estuvo ahí. Es lo único que sabemos”, dice su padre.
La investigación inició en la Fiscalía estatal, donde la familia fue atendida, aunque sin acceso al expediente. Posteriormente, el caso fue turnado a la Fiscalía General de la República.
De manera paralela, representantes de derechos humanos militares y de una fiscalía militar, acudieron con la familia para informar que también abrieron una carpeta de investigación interna y que los padres fueron reconocidos como víctimas.
El asesinato de Alan ocurrió el martes 13 de enero, en la colonia Tierra Blanca, cuando Fernando viajaba en su vehículo acompañado de su novia.
Una exigencia que no se apaga
Mientras las investigaciones avanzan en distintas instancias, la familia de Fernando Alan Arce sigue sin acceso completo al expediente y sin una versión oficial consolidada de los hechos. La reconstrucción inicial del caso, hasta ahora, se sostiene en material audiovisual ciudadano, testimonios directos y las gestiones que los padres han realizado ante autoridades estatales, federales y militares.
Su padre cuenta que fueron citados por el Gobierno del Estado y después trasladados a la instancia federal. La madre de Fernando, agrega, se encuentra estable médicamente, pero afectada emocionalmente. “Está afectada psicológicamente por todo lo que vivió. Tenemos comunicación con su familia para saber cómo evoluciona”.
La exigencia es que no haya impunidad.
Bryan Humberto afirma que les dijeron que si hubo uno o más responsables y se demuestra una violación a la ley, deberán pagar. Agradece a los amigos de su hijo y a periodistas por la difusión del caso, porque sin esa visibilidad no habrían llegado a las autoridades. Su objetivo, dice, es claro: justicia para Fernando y que este caso sirva para que Culiacán recupere la paz.
“Es momento de que todo el mundo se una para que Culiacán salga de este bache donde está. Que vivamos en paz y que sea el Culiacán de antes o mejor”.
