TUXTLA GUTIÉRREZ.- Carolina, Juana y Yolanda no se conocen, pero tienen algo en común: son chiapanecas que en alguna etapa de su vida, han sufrido el llamado “ciberacoso”, ese delito que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), afectó sólo el año pasado a 18.9 millones de mexicanos, la mayoría mujeres (10.6 millones).
Tres mujeres contaron a La Silla Rota cómo sufrieron el hostigamiento o acoso mediante mensajes vía “inbox” o “WhatsApp”, lo que las dejó “heladas”.
Carolina Castillo, comunicóloga de profesión y reportera, recuerda que en la época de pandemia por la Covid-19 fue “ciberacosada” por parte del dueño de una agencia de viajes para la que colaboraba, “era muy complicado, necesitaba tener un ingreso extra, él me pedía videos donde daba reseñitas, recomendaciones de algún lugar como San Cristóbal de Las Casas, dónde comer o visitar, y eso”.
Te podría interesar
También te puede interesar: Ciberacoso en México: la violencia digital que viven las mujeres
Sin embargo, los mensajes comenzaron a cambiar “de tono”, pues él le dejó entrever que tenía intereses en la índole sexual, y que le gustara que le hablaran de “cierta forma”, al grado de intentar pagarle a ella para que le mandara audios con frases “sugerentes” o específicas”.
Rebasar los límites
“Intuyo que con esos audios que quería él se excitaba, y pues consideré que era un abuso de confianza, me sentí usada, incómoda… le puse un alto y lo bloqueé”, cuenta Carolina, quien refiere que, cuando suceden este tipo de abusos, es complicado hacer una denuncia formal o pública.
De hecho, está sabedora de que en Chiapas aún no hay una ley que castigue ese tipo de conductas en lo cibernético. “No es la primera vez que me pasa algo de eso, hay gente cercana que me envía fotos explícitas de su miembro, o igual de gente que tampoco conozco y me mandan ese tipo de contenido, lo que es feo porque nadie pide eso, no sé qué ocurre en la cabeza de esas personas”, evidencia.
Carolina está consciente de que esa gente quiere tener una especie de poder sobre ella, como mujer, y lo usarán a su conveniencia.
Con base en el Inegi, en 2024 las mujeres fueron las más afectadas por agresiones sexuales “en línea”, con el 29 por ciento, mientras que 27.5% recibió contenido sexual.
Una cruda realidad
En un comparativo entre 2020 y 2024, el ciberacoso se ha mantenido en cifras: mientras que hace un lustro 22.5% de las mujeres afirmó haber sufrido este problema, para el año pasado la cifra sólo bajó a 20.2%.
Según la misma fuente, la situación de ciberacoso con mayor prevalencia para ambos sexos fue el contacto a través de identidades falsas, con alrededor de 36.0%.
Yolanda es otra chiapaneca que, de cierta manera, ha tenido una experiencia con hombres que sólo buscan satisfacer sus “bajos instintos”.
Pese a que ella es precavida, mantiene su perfil de red social en modo restringido y toma otras consideraciones como no subir fotografías “muy sugestivas”, recuerda que, hace seis meses, el trabajador de una empresa certificadora la contactó para solucionar un problema.
Casi de inmediato dice el hombre comenzó a “soltarle” palabras o frases como: “Ingeniera preciosa”. Al principio pensó que se trataba de un acercamiento amable para enmendar un error, pero una hora después de contactarlo, el sujeto le mandó solicitud a su cuenta de Facebook e incluso le comentó en una de sus fotografías.
“Me puso, ‘qué bella, mamita preciosa’; se me fue una foto por ahí, donde estoy con mis dos hijos, y ahí fue”, cuenta, y manifiesta que, lo que más miedo le dio, fue que el sujeto le “dio like” a todas las fotos que tenía como públicas.
Para Yolanda, fue más que incómodo enfrentarse a esa situación, pues prácticamente el hombre comenzó a “acosarla”, y enviarle mensajes por “inbox”.
“Me decía pura pendejada, que a ver cuándo me conocía, y lo tuve que reportar; pero fue muy extraño, apenas lo acababa de conocer, y ¡mira todo lo que estaba haciendo!”
El acecho siempre permea
Juana vive en Tuxtla, nunca ha sufrido ciberacoso sexual como tal, pero sabe de varias amigas o conocidas o familiares que sí han sido víctimas de ese delito.
“Varias amigas o compañeras de trabajo sufrieron acoso, pues un compañero les mandaba ‘nudes’ (imágenes de desnudos), incluso a algunas que tienen sus parejas”, evidencia.
Por desgracia, dice que son cuestiones que sí se dan, y lo peor es que provienen de gente cercana, como en este caso de compañeros laborales. Juana, cuyo nombre real fue modificado, acepta que lo que sí ha recibido son comentarios “bizarros” o raros para ella.
“Me dedico al periodismo, subí una foto en mi perfil, y una de mis fuentes que tengo agregado me envió un mensaje sacado de onda, ‘ah, no estás tan mal…’, y cuestiones así”.
Contexto: Además de la Ley Olimpia, en Chiapas fue aprobada, el pasado 27 de agosto, la Ley Ingrid, reforma al Código Penal que busca proteger la dignidad de las víctimas y sancionar a los servidores públicos que filtren videos, fotografías o información contenida en las carpetas de investigación.
A pesar de esos avances, para algunas expertas como la abogada y activista chiapaneca Andy Hernández el tema como tal carece de una regulación específica, como sucede con las leyes especiales General a una Vida Libre de Violencia o de los Niños, Niñas y Adolescentes.
En la parte del acoso sexual o todo lo que es violencia digital, lamenta que no esté tipificado de esa forma en el Código Penal Federal, pero resalta que en algunos códigos penales estatales haya avances.
Sin embargo, insiste en que los legisladores no han hecho como tal el delito que en realidad cubra esa necesidad que tienen de esa clase de violencia.
La Ley Olimpia, ejemplifica la especialista, visibiliza que existe la violencia digital-sexual, pero de manera concreta o en un solo enfoque, “pero está la difusión indebida, lo de la usurpación de la identidad, lo de la ‘sextorsión’ o el ‘grooming’ o acoso sexual a menores”.
Ante ello, reitera que otras particularidades que podrían darse con la violencia digital no son cubiertas, como la apología del delito, “debido ‘a las funas’ muchos chicos se han suicidado, porque hay una incitación al suicidio, entonces no se cubre esa incitación al suicidio como violencia digital”.
Andy Hernández, también secretaria estatal de Movimientos Sociales del partido Movimiento Ciudadano insiste en que se tiene que hacer una ley especial sobre el delito de violencia digital, donde serían tomados todos los posibles tipos de violencia en ese sentido, “ya no vas a segmentar, porque no podríamos hablar de justicia social”.
lrc
