La lección que han dejado el azote de los huracanes Paulina, Ingrid, Manuel, Otis y John no se ha aprendido en Acapulco, donde actualmente más de 5,000 familias habitan en zonas de alto riesgo. A pesar de haber sido notificadas por Protección Civil sobre el peligro que representa vivir en esos lugares, se niegan a abandonar sus viviendas.
A casi dos meses de que inicie formalmente la temporada de lluvias y huracanes, el riesgo sigue latente para las familias que habitan casas asentadas sobre cauces de ríos, arroyos, laderas y cerros. Las muertes que dejó el huracán Otis, y luego John, pasaron a la historia; el dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos, arrastrados por las fuertes corrientes, ya se recuerda poco.
La Coordinación de Protección Civil del municipio tiene registrados a 5,000 familias viviendo en distintos puntos donde, según el Atlas de Riesgo, existen 104 sitios considerados de alto riesgo.
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Hace unos días, el gobierno municipal detectó una nueva invasión en la parte alta de la colonia Santa Cecilia. A través de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del municipio, se informó a quienes pretendían asentarse en esta zona que están en una área de riesgo.
Algunas de las zonas peligrosas se localizan en Llano Largo, La Sabana, Jardín, Pie de la Cuesta, Pueblo Nuevo, Mozimba, Las Cruces, Paso Limonero, San Agustín y Costa Azul. En el municipio existen 81 arroyos principales y 52 ramales, además de dos ríos caudalosos: el de la Sabana y el Papagayo, así como 56 presas gavión.
Contexto: el peligro de las zonas irregulares de Acapuclo
Dentro de esas áreas, también existen fallas geológicas que están focalizadas en las colonias Chinameca y Lázaro Cárdenas. La Coordinación de Protección Civil tiene identificadas laderas inestables en al menos 19 polígonos que abarcan las colonias El Coloso, La Jardín, Pie de la Cuesta, Mozimba, Pueblo Nuevo, La Sabana, Costa Azul y Las Cruces. También se han registrado 37 sitios de zonas inundables en la zona Diamante, La Sabana, Coloso, Llano Largo, algunas zonas de la Costera Miguel Alemán, así como en Ciudad Renacimiento, Colosio, Pie de la Cuesta y Rinconada.
Sobre las faldas de los cerros, la gente empieza a retajar y colocar costales con tierra para edificar pequeñas casas de madera y lámina de cartón, ignorando que podrían quedar sepultados por un alud de tierra tras el paso de una tormenta tropical, ciclón o huracán.
Otras familias construyen viviendas sobre los cauces de ríos y arroyos, que, con el aumento del nivel del agua, terminan arrastrando las casas y, con ellas, a sus habitantes. En entrevista con medios de comunicación en Acapulco, la presidenta Abelina López Rodríguez reconoció que sí hay 5,000 familias viviendo en zonas de alto riesgo y que, además, ya se les ha avisado del peligro, pero se niegan a dejar sus casas.
"La gente sabe que vive en una zona de peligro, pero no hacen caso a la advertencia", mencionó la alcaldesa, al señalar que, cuando ocurren las desgracias, "le echan la culpa al gobierno, a pesar de que con tiempo se les ha notificado".
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Historias de terror tras el paso del huracán Otis y John en Acapulco
En la colonia Nueva Era, en la zona poniente de Acapulco, una familia durmió la noche en que el huracán Otis entró al puerto, sin imaginar que la fuerza del agua que bajaba de la parte alta de ese asentamiento podría arrastrar su casa, edificada en el centro de un arroyo.
En la madrugada, se escuchó un fuerte tronido: el muro y las paredes de la casa se habían caído al arroyo, y también el techo de la casa. Un matrimonio joven y una amiga que en ese momento se encontraba allí también fueron arrastrados por la corriente. Solo el cuerpo de una mujer fue localizado sin vida, sepultado por piedras y lodo. El saldo fue de al menos tres personas muertas.
En otras colonias populares de Acapulco, como Generación 2000, Tamarindos y Universitaria, se registraron derrumbes y, en algunos casos, decesos, pues la tierra cayó sobre las viviendas construidas cerca de enormes cerros. El Ejército mexicano y algunos integrantes de los Topos de la Ciudad de México participaron en labores de auxilio a la población y en el rescate de cadáveres tras el paso de los dos huracanes devastadores en Acapulco.
En el cerro de la Curva del Capitán, sobre la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo, es una zona que fue invadida, unos en un área de voladero y otros en la falda de un corte de ladera.
En la primera invasión, el gobierno los desalojó, pero años después volvieron a asentarse en el mismo lugar, y ahora, de casas de madera, tienen casas de concreto. A pesar de que están en una zona de alto riesgo e irregular, recibieron ayuda del gobierno federal, aprovechando que todos estaban ocupados con las tareas de auxilio y que además no conocían el lugar. Con una carta de residencia, lograron cobrar la ayuda.