Dos bebés fallecieron en Puebla a causa de tos ferina, confirmó el secretario de Salud estatal, Carlos Alberto Olivier Pacheco. Ambos decesos ocurrieron en el Hospital del IMSS La Margarita, donde los menores, un niño y una niña de un año y tres meses de edad, recibieron atención médica.
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La primera muerte se registró el 28 de enero, mientras que la segunda ocurrió el 27 de febrero, detalló Olivier Pacheco. Además, informó que hasta el momento se han confirmado tres casos de la enfermedad en la entidad.
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A nivel nacional, la Secretaría de Salud (SSA) de México reportó un incremento en los casos de tos ferina durante los primeros dos meses de 2025, con cerca de 300 nuevos contagios registrados en el país.
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A pesar de los fallecimientos, el titular de la Secretaría de Salud descartó que en Puebla exista una contingencia sanitaria por tos ferina. No obstante, señaló que se han intensificado los esquemas de vacunación en niños menores de dos años, especialmente en aquellos de dos, cuatro y seis meses, así como en la población de uno a 18 meses.
Olivier Pacheco destacó que entre el 80 % y el 90 % de los niños menores de dos años en la entidad cuentan con la vacuna contra la tos ferina y aseguró que Puebla dispone de los insumos necesarios para continuar con la campaña de inmunización.
¿Qué es la tos ferina y cuáles son sus síntomas?
La tos ferina es una infección bacteriana altamente contagiosa causada por Bordetella pertussis, que se transmite a través de gotículas expulsadas al toser o estornudar.
Los síntomas iniciales incluyen congestión y secreción nasal, estornudos y una tos que puede variar de leve a intensa. Sin embargo, en su fase más grave, la enfermedad puede provocar episodios de apnea en lactantes, tos persistente por más de dos semanas, fiebre y dificultad para respirar, lo que aumenta el riesgo de complicaciones fatales en los menores de edad.
En algunos casos, la tos es tan intensa que puede causar vómito, rinorrea, pérdida breve del conocimiento, asfixia y pausas prolongadas en la respiración, lo que la convierte en una enfermedad especialmente peligrosa para los bebés que aún no han sido vacunados.
Si bien el tratamiento temprano con antibióticos puede reducir la gravedad de la infección y acelerar la recuperación, en los lactantes puede ocasionar complicaciones severas, discapacidad permanente o incluso la muerte.
Para prevenir la enfermedad, se recomienda vacunar a las embarazadas entre las semanas 28 y 32 de gestación, así como acudir al médico ante la presencia de un resfriado acompañado de tos intensa o prolongada.