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Selección Mexicana: el espejismo eterno del Ranking FIFA/Coca-Cola

Desde el surrealista cuarto lugar de 1998 hasta el puesto 15 rumbo al Mundial 2026, la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola repite un libreto donde el negocio, los patrocinadores y ciertos mercados pesan más que la justicia deportiva

Créditos: X @miseleccionmx
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El primer día de abril de 2026 la FIFA publicó su más reciente actualización del ranking mundial de selecciones y México apareció en el lugar 15 del orbe para superar en este renglón al rival que lo aventaja en todo lo que no sea deportivo, Estados Unidos. Pero ¿vale algo esta cifra?

Con 1,680.51 puntos para los mexicanos por 1,677.35 unidades de los estadounidenses en una diferencia de 3.16 puntos son el resultado de los cuatro puntos y medio adicionales que sumó el Tri en la actualización marcaron la diferencia frente a una selección estadounidense que, por el contrario, cedió 4.53 unidades.

El dato numérico genera euforia en la antesala del Mundial 2026 que México coorganizará junto a Estados Unidos y Canadá. Pero ese entusiasmo colectivo merece una pausa analítica: ¿qué mide, en realidad, esa clasificación? ¿Qué hay detrás de sus números? Y sobre todo: ¿cuánto pesa el comercio en una tabla que debiera reflejar solo méritos deportivos?

La respuesta y el debate no son nuevos. Este columnista documentó hace 28 años en las páginas del diario Reforma la ocasión en que México ocupó el cuarto lugar mundial —detrás solo de Brasil, Alemania y República Checa— sin que ningún jugador, técnico ni aficionado serio se lo creyera. 

Aquella investigación de 1998 vuelve a tener vigencia plena en un ciclo mundialista que añade a esta ‘cebolla’ capas de complejidad adicionales.

Esta Columna 38 de Fan Pro en La Silla Rota se cierra el miércoles 1 de abril de 2026, cuando se difunde su clasificación con México en el puesto, luego de que el Tricolor obtuviera empates ante Portugal y Bélgica en la fecha FIFA de marzo de 2026.

Tras estos resultados es que el máximo organismo de este deporte le permitieron remontar del lugar 16 al 15 en la tabla global, desplazando nuevamente a su clásico rival en la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Futbol (Concacaf), la selección estadounidense.

El naming: FIFA/Coca-Cola

Antes de analizar metodologías, hay un hecho que no requiere interpretación: el ranking no se llama simplemente “Clasificación FIFA”. Su denominación oficial es “Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola”, tal como aparece en el sitio oficial de la FIFA. No es un apodo coloquial ni una etiqueta periodística. Es el nombre que la propia federación utiliza en cada comunicado, en cada publicación, en cada actualización mensual.

Eso sitúa a Coca-Cola en un lugar que ningún otro patrocinador ocupa en el deporte de alto rendimiento global: no solo paga por aparecer en vallas y camisetas, sino que su nombre figura en el instrumento oficial con el que la FIFA mide —y jerarquiza— a las 211 selecciones nacionales del mundo. 

La pregunta natural es si esa presencia nominal tiene consecuencias sobre los resultados de la clasificación, o si es solo un ejercicio de branding sin implicaciones deportivas.

La relación comercial entre ambas organizaciones tiene raíces que van más allá de cualquier contrato reciente. Según la propia FIFA, la asociación formal data de 1974 y el patrocinio oficial de la Copa del Mundo arrancó en Argentina 1978. 

La empresa tiene publicidad en estadios mundialistas desde 1950, lo que la convierte en el actor comercial con mayor continuidad en la historia del futbol internacional. El contrato vigente se extiende hasta 2030 e incluye, de manera explícita, el patrocinio de la propia Clasificación Mundial.

En 2005, cuando FIFA renovó su acuerdo con la marca, el anuncio se realizó en Ciudad del Cabo. El entonces presidente de la federación, Joseph S. Blatter, firmó junto al CEO de Coca-Cola, E. Neville Isdell, un acuerdo que se estimó en 500 millones de dólares para el período 2007-2014, con opción de extensión. 

El lanzamiento incluyó la plataforma global “Todos hablamos futbol”, una campaña de mercadotecnia que amalgamó los valores del deporte con la promoción de la bebida. En Qatar 2022, las 23 firmas patrocinadoras pagaron en conjunto 1,353 millones de dólares a la FIFA por derechos de publicidad.

1998: el cuarto lugar que nadie se creyó

El 19 de febrero de 1998, el diario Reforma publicó en su sección deportiva un informe quien esto escribe con un titular que condensaba la paradoja: “Todo un espejismo”. La Selección Mexicana había escalado al cuarto lugar del ranking FIFA/Coca-Cola, detrás solo de Brasil, Alemania y República Checa, con 61.67 puntos. Por encima de Inglaterra, Francia, Argentina, Italia, España y Holanda.

México avanzó de grupos (2° lugar del Grupo E con 5 puntos) y cayó en Octavos de Final ante Alemania 2-1, con goles de Klinsmann (75') y Bierhoff (86'). Ese dato refuerza el argumento: pese al cuarto lugar en el ranking, el Tri no pasó a Cuartos.

El propio vestuario mexicano rechazó el dato. Carlos Hermosillo, entonces delantero del Cruz Azul, dijo: “Lo importante es no creérnosla y seguir trabajando con el mismo entusiasmo”. 

Alberto García Aspe fue más directo: “No hay que hacerle mucho caso”. El arquero Gerardo Rabajda lo definió como “ridículo”. Ricardo Peláez, ariete del América, resumió: “Ni somos el cuatro ni el 20”.

Días después, el 22 de febrero de 1998, Reforma publicó una segunda pieza del mismo autor bajo el título “Esta clasificación de FIFA es amañada”. 

En ella, Carlos F. Ramírez, integrante de la Federación Internacional de Historia y Estadística de Futbol (IFFHS, por sus siglas en inglés), con sede en Alemania, declaró sin rodeos al reportero: "La FIFA elabora su ranking mensual de una forma amañada por intereses económicos, para así resultar tan absurdo como irreal".

Ramírez —quien en ese momento tenía en su haber la cobertura de 11 Mundiales de futbol y ocho Juegos Olímpicos— fue directo al señalar el vínculo comercial.

“Estas clasificaciones iniciadas hace cuatro años podrían servir a intereses comerciales de algunas marcas patrocinadoras de los eventos de FIFA, enfocadas a ciertos mercados de ciertos países en el mundo en donde o están bien posicionados esas marcas o les interesa posicionarse”. 

Cuando el reportero le preguntó si hablaba porque la clasificación aparecía siempre con el logotipo y nombre comercial de “Coca-Cola Ranking”, respondió: “Es lo que le digo, no quise decir nombres, pero debe ser eso”.

El dato que acompañaba esa acusación era contundente: en 1998, según analistas internacionales citados en ese reportaje, México era ya el segundo país con mayor consumo per cápita de refrescos de cola en el mundo, después de Estados Unidos. 

No era una coincidencia menor que las dos naciones encabezaran el ranking de consumo de la bebida y ocuparan, respectivamente, los puestos cuatro y doce de la tabla FIFA.

Los rankings alternativos de ese mismo mes confirmaban la distorsión. El estadista Ron Kessler colocaba a México en el lugar 18; el sistema Zimian —basado en el método Elo del ajedrez— lo ubicaba en el 12; el alemán Sportclip lo situaba en el noveno. 

Ningún sistema independiente lo acercaba siquiera al cuarto puesto. El Grupo E del Mundial de Francia 1998, donde competirían México, Holanda, Bélgica y Corea del Sur, ilustraba la distorsión: Holanda aparecía en el lugar 25 según la FIFA; Bélgica, en el 41. Los sistemas independientes los ubicaban consistentemente por encima del Tri o muy cerca.

Los problemas del método y el parche de 2018

El sistema original del ranking FIFA nació en agosto de 1993, de acuerdo con el estudio académico de la Universidad Vrije de Amsterdam publicado en 2015. 

Utilizaba cinco criterios: resultado del partido (victoria, empate, derrota), número de goles, condición de local o visitante, importancia del encuentro y fuerza de la confederación. Los puntos se calculaban con una fórmula que promediaba los ocho mejores resultados de un período de tiempo con el total de partidos del mismo período.

El problema estructural era transparente: un equipo podía inflar su posición acumulando victorias en partidos amistosos contra rivales débiles. 

Las confederaciones menos competitivas recibían un factor de multiplicación diferente —0.85 para Asia y Oceanía frente a 1.00 para la UEFA y la CONMEBOL— pero eso no eliminaba la posibilidad de que selecciones con calendarios muy activos escalaran a expensas de las que tenían menos partidos en el período de evaluación.

Una investigación de la Universidad de Chile demostró que el sistema de clasificación era susceptible a estrategias de optimización: selecciones con recursos podían diseñar sus calendarios para maximizar puntos independientemente de la calidad real del juego. 

El mismo estudio propuso modificaciones a las reglas de puntuación con aplicabilidad directa.

Ante la acumulación de críticas, la FIFA adoptó en 2018 el sistema Elo —un método estadístico creado por el físico y matemático húngaro-estadounidense Arpad Elo para el ajedrez— para calcular la clasificación de selecciones. 

El presidente del organismo Gianni Infantino reconoció entonces que la motivación era lograr que el ranking “sea un poco menos criticado”, según consignó Clarín en junio de 2018. El nuevo sistema fue diseñado para "eliminar los riesgos potenciales de manipulación".

Ese reconocimiento institucional es, en sí mismo, una confesión. Si en 2018 fue necesario rediseñar el método para eliminar “riesgos potenciales de manipulación”, eso implica que el sistema vigente durante los 25 años anteriores —incluyendo los ciclos en que México apareció en el cuarto lugar mundial— contenía vulnerabilidades que permitían resultados ajenos al mérito deportivo. 

Un análisis publicado en Journal of Applied Statistics demostró que las posiciones del ranking son susceptibles de ser manipuladas estratégicamente mediante la selección de rivales y torneos, incluso con el sistema Elo.

Qatar 2022: anomalía que no necesita explicarse

El caso más reciente y documentado de desconexión entre rendimiento real y posición en el ranking ocurrió tras el Mundial de Qatar 2022. La Selección de México, con cuatro puntos en tres partidos, quedó eliminada en la fase de grupos desde Argentina 1978. 

Sin embargo, el Tri terminó Qatar en el puesto 15 del ranking, mientras Japón —que venció a Alemania y España en la fase de grupos— quedó en el lugar 20. Senegal, que sí avanzó de la fase de grupos, también apareció por debajo de México. Colombia, que ni siquiera clasificó al torneo, figuró entre las 20 mejores selecciones del mundo.

Bélgica, cuadro eliminado en primera ronda con resultados que generaron una crisis interna de proporciones, terminó en el cuarto lugar del ranking global. Croacia, semifinalista en Qatar 2022 quedó por debajo de Bélgica. La paradoja de Francia en 1998 cierra el círculo histórico: ese año, el anfitrión y eventual campeón llegó al torneo en el puesto 18 del ranking FIFA/Coca-Cola, 14 lugares por debajo de México. El país ganador del trofeo estaba casi en el lugar 20 de una tabla que ponía al Tri en el cuarto puesto. Eso no requiere mayor glosa.

El factor comercial y la ruta del dinero

La hipótesis de que el ranking responde a lógicas de mercado más que deportivas no es solamente el argumento de un cronista yucateco en 1998. Tiene sustento en la estructura misma del sistema y en los números que rodean la relación entre la FIFA y sus patrocinadores.

México es, según datos reiterados desde los 90, el segundo mayor consumidor per cápita de refrescos de cola en el mundo después de Estados Unidos. Eso no es un dato futbolístico: es un dato de mercado. No es una coincidencia menor que las dos naciones que encabezan ese consumo aparezcan de manera sostenida en las primeras posiciones de un ranking que lleva el nombre de esa misma marca de refrescos.

Un estudio de Vital Strategies publicado en 2024 analizó 85 artículos de medios de comunicación sobre el patrocinio de Coca-Cola en los Juegos Olímpicos de París 2024. 

Los resultados: el 78 por ciento de los artículos presentaron ese patrocinio en términos favorables, enfatizando valores como “unidad” o beneficios económicos, mientras apenas el 2% abordó de manera crítica la asociación. 

El total de artículos alcanzó una audiencia estimada de 1,020 millones de lectores, con un valor publicitario equivalente de 9.41 millones de dólares.

Ese mecanismo —usar el prestigio del deporte para legitimar una marca cuestionada por sus implicaciones en la salud pública— tiene nombre: sportswashing. Y la relación FIFA/Coca-Cola es uno de sus ejemplos más longevos y documentados.

En junio de 2025, una coalición de 93 organizaciones de salud pública respaldadas por más de 255 mil firmas exigió a la FIFA romper su alianza con la refresquera bajo la campaña “Expulsemos a la Industria de Bebidas Endulzadas”. 

Los activistas documentaron que el patrocinio “socava directamente los compromisos declarados de la FIFA con la salud y el juego limpio”.

En México, el frente se abrió en marzo de 2026, cuando la organización El Poder del Consumidor presentó una denuncia formal ante Cofepris y la Profeco contra la campaña publicitaria de Coca-Cola “Sintamos juntos”, vinculada al Mundial 2026, por no incluir de manera visible los sellos y leyendas de advertencia obligatorios sobre alto contenido de azúcares.

El fan y la psicología del espejismo

El ranking no es solo un instrumento de clasificación. Es también un generador de expectativas para los fans y en la percepción de los propios jugadores.

Un estudio publicado en 2024 en PMC/NIH confirmó que ver eventos deportivos afecta de manera significativa el bienestar subjetivo y la experiencia emocional de los espectadores, con tres vías de mediación: la interacción social, la experiencia emocional y la combinación de ambas.

Pero ese bienestar tiene un correlato negativo cuando las expectativas construidas artificialmente colisionan con la realidad. La investigación de Daniel Wann y Thomas Dolan (1994), citada en el Athens Journal of Sports, documentó que los fans con alta identificación con un equipo tienden a sobreestimar el desempeño pasado de ese equipo y su capacidad futura. A mayor identificación, mayor sesgo perceptual.

La Selección Mexicana ya vivió ese ciclo en sus versiones más dolorosas. En noviembre de 2025, este periodista trató el tema en la columna 18 de Fan Pro de La Silla Rota el fenómeno de ser abucheada en su propio estadio, tras una racha de seis partidos sin victorias. La brecha entre el ranking —que colocaba al Tri entre los 15 mejores del mundo— y el rendimiento en la cancha se tradujo en rechazo activo de la afición.

Lo que pasa en otros deportes

El fenómeno de rankings con influencia comercial no es exclusivo del futbol. En el tenis profesional, el sistema de puntos de la ATP y la WTA ha sido cuestionado por favorecer a quienes participan en los torneos con mayor dotación económica —los Grand Slams y los Masters 1000—, lo que crea un sesgo hacia los jugadores de países donde esos torneos se realizan o donde los patrocinadores tienen mayor penetración de mercado.

En el boxeo profesional, el caso es más extremo: no existe un ranking único reconocido. Las cuatro organizaciones principales (WBC, WBA, IBF, WBO) generan sus propias clasificaciones con criterios opacos y una historia documentada de decisiones que favorecen a peleadores de mercados estratégicos. 

La diferencia con el ranking FIFA es que los power rankings deportivos alternativos son editoriales, no institucionales: nadie los presenta como la verdad oficial sobre la calidad de los equipos.

El ranking FIFA, en cambio, se usa para determinar cabezas de serie en sorteos mundialistas, para calcular clasificaciones a competiciones y para asignar recursos institucionales.

México 2026 y las soluciones posibles

La posición de México en el ranking de abril de 2026 —puesto 15, cuarto en el continente americano detrás de Argentina (3°), Brasil (6°) y Colombia (13°)— se construyó con un empate ante Portugal y una victoria parcial de imagen ante Bélgica en marzo. El salto del lugar 16 al 15 se sostiene en 4.76 puntos adicionales. Una diferencia minúscula con enorme peso simbólico.

Los rivales de grupo en el Mundial —Corea del Sur (22°), República Checa (41°) y Sudáfrica (por encima del lugar 40)— quedan significativamente por debajo en el ranking. Sobre el papel, México llega como favorito. Eso debiera ser un aliciente. También es, a la luz de los antecedentes, una advertencia.

México era cuarto en Francia 1998 y quedó en el sitio 13, Ahora es 15 y competirá entre 48 participantes.

Lo que el caso del ranking FIFA/Coca-Cola expone con claridad —desde los reportajes de Reforma en 1998 hasta hoy— es que el deporte profesional de alto rendimiento opera en la intersección del mérito atlético y los intereses comerciales, y que esa intersección rara vez se gobierna con las mismas reglas de transparencia que se exigen en otros sectores de la economía.

Nombrar esa tensión con datos y argumentos no es atacar al futbol. Es, precisamente, defenderlo. #Punto

Héctor Quispe

@HectorQuispe