Mazatlán FC es el primer equipo en la historia del futbol mexicano que disputa un torneo completo de Liga MX con acta de defunción firmada antes del silbatazo inicial.
La Federación Mexicana de Futbol aprobó el 8 de diciembre de 2025 el proceso de venta de su franquicia al Club Atlante. Los Cañoneros compiten en el Clausura 2026 a sabiendas de que al término de las 17 jornadas, su plaza en Primera División pasará a ser de los Potros de Hierro.
La operación tiene un precio: $65 millones de dólares. El comprador es el empresario Emilio Escalante, dueño de los azulgranas, quien lleva seis años al frente de un proyecto que dominó la Liga de Expansión pero que el sistema de franquicias cerradas le impidió ascender por méritos deportivos.
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El vendedor es Ricardo Salinas Pliego, propietario de TV Azteca, de Mazatlán FC y del Club Puebla. El 13 de noviembre de 2025, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió por unanimidad dejar firmes las sentencias que obligan a Grupo Salinas a cubrir $48 mil 326 millones de pesos en créditos fiscales de Elektra y TV Azteca ante el SAT.
El empresario decidió desprenderse de sus activos en la Liga BBVA MX como parte de una estrategia de liquidez y, según algunas versiones alimentadas por él mismo en las redes sociales, de un giro hacia aspiraciones políticas.
Mikel Arriola, presidente de la Liga BBVA MX, confirmó el acuerdo ante los medios tras la Asamblea de Dueños.
“TV Azteca, actual dueño del certificado del equipo Mazatlán FC, ha alcanzado un acuerdo con el empresario Emilio Escalante para la enajenación del certificado", declaró a los medios informativos.
Sentencia deportiva a plena luz
Esta Columna 32 de Fan Pro en La Silla Rota se cierra el miércoles 18 de febrero de 2026, cuando Mazatlán FC transita por la séptima jornada del Clausura 2026 con un registro de una victoria, cero empates y cinco derrotas, tres puntos y el lugar 17 de 18 en la tabla general.
El primer triunfo llegó el 16 de febrero: una remontada 2-1 sobre Santos Laguna en el Estadio Corona. Fue la primera victoria visitante del Mazatlán en ese escenario en su historia. Pero el contexto es revelador: dos equipos en el sótano pelearon un partido que para la mayoría de los 18 clubes de la Liga BBVA MX fue irrelevante.
El actual equipo mazatleco no se parece al que cerró el Apertura 2025. Robert Dante Siboldi renunció como su director técnico el 11 de diciembre de 2025, tres días después del anuncio de la venta. El mismo día salió Nicolás Benedetti, una de las figuras del plantel.
Christian Ramírez, de fuerzas básicas, asumió como interino durante los primeros compromisos. El 19 de enero, Mazatlán anunció a Sergio Bueno como nuevo estratega y expuso que su primera tarea era “erradicar el desánimo” en un equipo que no había sumado un solo punto en tres jornadas.
El propio timonel dijo que aceptó dirigir lo que sería “el último torneo del club” en la Primera División.
Eso sí, la Liga BBVA MX quiso ser muy ‘correctita’: Los resultados de Mazatlán FC tienen valor reglamentario. Cada punto, gol y partido afecta la tabla general y el cociente de todos sus rivales. Pero la institución que genera esos números no tiene horizonte deportivo en la categoría.
‘Frankenstein’ de ida y vuelta
La historia de Mazatlán FC no puede entenderse sin la de Monarcas Morelia. El 1 de junio de 2020, TV Azteca anunció el cambio de sede de la franquicia de Michoacán al puerto sinaloense. Morelia, un club con más de 70 años de tradición, dejó de existir de un día para otro.
Sebastián Sosa, entonces portero del equipo, declaró que era “una lástima que el equipo desaparezca así como así”. La mudanza generó protestas masivas frente al Estadio Morelos y las instalaciones de la televisora.
El gobierno de Sinaloa invirtió alrededor de $652 millones de pesos en la construcción del Estadio El Encanto. La promesa era un proyecto a largo plazo. Cinco años después, esa promesa caduca por una decisión de despacho.
TV Azteca tuvo la ocurrencia de hacer un reality donde era factor aspiracional integrar las filas de este equipo. Nada ayudó.
Mazatlán FC nunca superó los 23 puntos en una fase regular. Nunca clasificó a la Liguilla por el título. Su cociente se ubica en último lugar. Pagó una multa de alrededor de $80 millones de pesos tras el Clausura 2025. Cinco años, cero títulos, cero Liguillas, último en promedio y, ahora, una venta que lo borra del mapa.
La ironía estructural es difícil de evadir. Mazatlán FC nació de ‘matar’ a Monarcas Morelia. Ahora la escuadra mazatleca muere para que renazca el Atlante en el máximo circuito.
El futbol mexicano opera como un sistema donde las franquicias son fichas de un tablero financiero, no instituciones arraigadas a una comunidad.
El fan es el último eslabón en la cadena de decisiones. Como ha planteado este espacio Fan Pro en distintas entregas, la estructura del balompié mexicano prioriza la transacción sobre el vínculo de las entidades deportivas con la gente.
El fenómeno ‘lame duck’
El término lame duck —pato cojo, en traducción literal— se usa en la política anglosajona para describir a un funcionario que sigue en el cargo, pero ya perdió poder efectivo porque su sucesor está definido.
En el deporte profesional, la expresión se aplica a equipos que disputan temporadas sabiendo que al final se mudarán o dejarán de existir.
En Estados Unidos, el caso emblemático es el de los Cleveland Browns de la National Football League (NFL) en 1995. El propietario Art Modell anunció la mudanza a Baltimore el 6 de noviembre de ese año y jugaron el resto de la temporada como equipo sentenciado.
En el último partido en casa, los fans arrancaron asientos del estadio como reliquias. The New York Times documentó la escena. Cleveland conservó su nombre e historia por acuerdo con la NFL y Modell se llevó la estructura a Baltimore, donde nacieron los Ravens.
Los Houston Oilers vivieron un escenario similar en 1996. Con la mudanza a Tennessee anunciada, la asistencia al Astrodome se desplomó. Las transmisiones de radio fueron relegadas para dar paso a otros deportes, según Football Stadium Digest. El equipo terminó 8-8 pero solo ganó dos partidos como local.
Los Oakland Athletics ofrecen el caso más reciente. En 2024, su última temporada en Oakland, la asistencia cayó a menos de 2 mil 900 espectadores en algunos juegos. El último partido reunió a 46 mil 889 personas en un acto de duelo colectivo.
En el futbol europeo, Wimbledon FC es referencia obligada. En 2002, la Football Association autorizó la mudanza a Milton Keynes. Los aficionados respondieron con la creación de AFC Wimbledon como club fénix, desde las categorías más bajas del sistema inglés.
Sin embargo, la diferencia con Mazatlán FC es sustancial. En cada caso citado, la franquicia siguió existiendo: cambió de ciudad, de nombre, pero permaneció en la misma liga. En Mazatlán, el equipo como entidad de Primera División deja de existir.
Localmente, se ha manejado hasta el cierre de esta columna la posibilidad de que el equipo continúe en la Liga de Expansión, pero no hay nada confirmado.
Su plaza la toma otra institución con identidad propia. Es, más que una mudanza, una ejecución deportiva programada. El Atlante no jugará en la sede paradisíaca, sino en la Capital del país.
La ciencia detrás del fan abandonado
La psicología deportiva documenta el impacto para la comunidad fan de la pérdida de un equipo.
Daniel L. Wann, profesor de psicología de Murray State University, demostró en una investigación publicada en 2024 en Findings in Sport que los fans perciben la identificación con su equipo como mecanismo para cubrir la necesidad de pertenecer a un grupo.
Cuando esa pertenencia se rompe de forma abrupta, el impacto emocional es comparable al de un duelo.
Otra investigación del Journal of Sport Behavior (2024) documenta cómo los fans que viven la reubicación de un equipo experimentan desapego y hostilidad hacia las ligas que lo permitieron.
Un modelo de “desapego del fan” propuesto por Martin y Goldman (2015) en el African Journal for Physical, Health Education, Recreation and Dance describe las etapas: frustración, reducción de consumo, desidentificación y abandono.
La afición de Mazatlán ya transita por esas fases. Los seguidores decidieron no comprar abonos para el Clausura 2026 al considerar inútil invertir en un equipo con fecha de caducidad. El boicot económico es la expresión tangible de un duelo anticipado.
Los jugadores también enfrentan un dilema documentado. Alexandre García-Mas, en un estudio de 1994 publicado en la Revista de Psicología del Deporte, señala que cuando algunos de los elementos diferenciadores se confunden o se desvanecen —al no tener el objetivo de ganar, por ejemplo— se produce una “situación anómala que afecta tanto al equipo como a las expectativas”.
Un informe adicional publicado en el Sport Management Review (2020) analiza las respuestas de los fans ante la amenaza identitaria de una posible reubicación del equipo, y concluye que la incertidumbre prolongada sobre el futuro de un club genera respuestas emocionales más intensas que la propia consumación del evento.
El recuento de daños
La venta por $65 millones de dólares establece un precio de mercado para una franquicia que nunca ganó un título. El asunto fue documentado por La Silla Rota cuando esto apenas era una posibilidad.
Las primeras versiones hablaban de hasta $150 millones de unidades de la divisa estadounidense. La cifra se redujo a menos de la mitad. Al Mazatlán FC le pusieron el precio de lo que vale su lugar en Primera División, no de lo que construyó en la cancha.
El gobierno de Sinaloa invirtió $652 millones de pesos en infraestructura. La afición destinó cinco años de taquilla, abonos y consumo. Los patrocinadores asociaron sus marcas a un proyecto que se presentó como permanente. Todo ese capital se evapora con una firma entre particulares.
El Atlante regresará a la Ciudad de México para jugar en el Estadio Banorte, donde compartirá sede con América y Cruz Azul a partir del segundo semestre de 2026.
La negociación de compraventa no incluyó jugadores, fuerzas básicas ni equipo femenil. Cada rama del club mazatleco enfrenta su propio destino.
Ya existe la versión extraoficial de que Dorados de Sinaloa podría mudar sus operaciones de Culiacán a Mazatlán para ocupar El Encanto, lo que convertiría al inmueble en casa de un equipo de segunda categoría.
En otras latitudes existen mecanismos que mitigan este tipo de situaciones. Tras el caso de Bury FC —club inglés de 125 años de historia expulsado de la English Football League en 2019—, se impulsó la creación de un regulador independiente.
En Alemania, la regla del 50+1 garantiza que los socios mantengan la mayoría accionaria, lo que impide que un solo propietario desaparezca una franquicia. En la NFL, los acuerdos de reubicación incluyen cláusulas que obligan a pagar indemnizaciones a la ciudad abandonada y a preservar la identidad histórica del club.
La Liga BBVA MX carece de todos esos mecanismos. No existe regulador independiente. No existe el 50+1. No existen indemnizaciones. La Asamblea de Dueños —juez y parte— aprueba ventas y cambios de sede sin que la afición o los gobiernos locales tengan voto ni veto.
El caso Mazatlán FC debería funcionar como detonante para una discusión estructural sobre gobernanza, protección del fan y transparencia en las transacciones del futbol mexicano. Sin esa discusión, el siguiente equipo en la fila del desahucio no es un asunto de probabilidad. Es cuestión de tiempo. #Sip
