En el barrio de Biskopsgården, en Gotemburgo, Suecia, catalogado por el Gobierno sueco como “área especialmente vulnerable” por la presencia de pandillas y episodios de violencia armada, el escudo de Cruz Azul se convirtió durante casi dos décadas en un símbolo de integración. Entre 2002 y 2019, la filial del club mexicano reunió a cerca de 200 jóvenes de 34 nacionalidades distintas con un objetivo claro: alejarlos de las drogas y la criminalidad a través del futbol formativo.
La idea surgió en 2001, durante la participación del equipo Sub-15 de Cruz Azul en la Gothia Cup, uno de los torneos juveniles más importantes del mundo. Ignacio Prieto, entonces responsable de fuerzas básicas del club mexicano, propuso a los chilenos Tito Rojas y Héctor Valeria, quienes trabajaban con comunidades migrantes en Gotemburgo, crear una filial celeste en Suecia.
La iniciativa tomó forma en diciembre de ese año y fue fundada oficialmente en 2002, ya bajo la coordinación de José Luis Guerrero en las fuerzas básicas cementeras. El respaldo institucional permitió que desde La Noria enviaran uniformes oficiales, mientras que el Gobierno local ofrecía un apoyo económico inicial para operar como organización deportiva sin fines de lucro.
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“Conformamos una directiva, presentamos los papeles ante la comuna y así quedó formado oficialmente Cruz Azul Gotemburgo”, recuerda Tito Rojas, uno de los fundadores.
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Un modelo deportivo contra la exclusión y la violencia
La escuela comenzó con 22 niños en un gimnasio de 40 por 20 metros. Con visorias en zonas marginadas, el proyecto creció hasta reunir a 200 jóvenes y formar un equipo que escaló hasta la Quinta División del futbol sueco.
El 98 % de los alumnos en la categoría Sub-15 eran inmigrantes. Provenían de más de 34 nacionalidades distintas, en un barrio marcado por tensiones sociales y enfrentamientos entre pandillas.
El club consiguió un espacio de 280 metros cuadrados junto a un lago, conocido como “La Cabañita”, donde implementaron el programa “Juega y Aprende”. Ahí no solo entrenaban: se fomentaba disciplina, convivencia intercultural y respeto a las normas.
Rojas sostiene que el comportamiento del equipo era ejemplar en comparación con otros clubes de zonas conflictivas. “Nos presentaban en reuniones de la Federación como un ejemplo de que sí se podía trabajar con muchachos en situación precaria y educarlos”, afirma.
La filial también se convirtió en sede permanente del Sub-15 de Cruz Azul cada vez que disputaba la Gothia Cup, fortaleciendo el vínculo deportivo entre México y Suecia.
Biskopsgården: contexto de vulnerabilidad social
Biskopsgården, distrito de Gotemburgo cercano a Noruega, ha sido señalado por las autoridades suecas por altos índices de criminalidad. Medios locales y reportes oficiales lo han incluido dentro de las zonas vulnerables del país debido a la violencia entre pandillas y los asesinatos registrados en los últimos años.
En 2015, un tiroteo en un restaurante de la zona dejó varias víctimas mortales, entre ellas un joven que había pasado por la escuela de Cruz Azul y que posteriormente se vinculó al narcotráfico. Tras ese episodio, el entonces presidente distrital Jahja Zeqiraj solicitó a Tito Rojas reactivar el proyecto como herramienta de contención social.
“A la cabaña le estaban saliendo hasta hongos y exigimos recuperar el local. Ahí comenzó el renacer del Cruz Azul”, relata Rojas.
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Problemas administrativos y el cierre del proyecto
Pese al impacto social, los conflictos con la comuna marcaron el destino de la filial. El aumento del arriendo, equivalente a unos 40 mil pesos mexicanos mensuales, resultó insostenible para un club pequeño y sin fines de lucro.
En 2019, tras años de negociaciones y nuevas trabas administrativas, la directiva decidió pausar indefinidamente el proyecto. El local fue demolido poco después, lo que provocó una caída drástica en la matrícula, de 200 a 80 alumnos.
“Hasta aquí llegamos, no tenemos la energía para seguir luchando”, recuerda Rojas sobre la decisión final.
Actualmente, el espacio es utilizado por otro equipo comunitario. Sin embargo, en la zona ya no quedan organizaciones suecas con el mismo enfoque integrador que caracterizó a Cruz Azul Gotemburgo.
La Gothia Cup, suspendida durante la pandemia y reanudada posteriormente, ya no utiliza Biskopsgården como sede de concentración. La ausencia de la escuela celeste dejó un vacío en la comunidad.
Aun así, Tito Rojas no descarta un regreso. “Ojalá apareciera un inversionista mexicano y pudiéramos hacer nuestro propio local. Al Cruz Azul lo hubiéramos echado para arriba”, concluye.
En una de las zonas más golpeadas por la violencia en Suecia, el escudo de Cruz Azul fue mucho más que un emblema deportivo: fue un proyecto de integración, prevención y esperanza.
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AJA
