El sueño de la tercera Copa del Mundo 2026 en México se ha convertido en una pesadilla de exclusión digital.
La puerta virtual se cerró en la cara de millones de seguidores nacionales que, tarjeta en mano, intentaron comprar un pedazo de historia y solo encontraron pantallas de espera infinitas y algoritmos discriminatorios.
Una primera frustración fue recibir correos electrónicos que indican que no fuiste seleccionado para apenas tener la oportunidad de comprar algún boleto.
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Luego, te estampas en la ventanilla de la boletera Fanki que cerró la cortina culpando a supuestos hackers para negarte a ver a Cristiano Ronaldo en el amistoso de Portugal contra la Selección Mexicana, en el amistoso del 28 de marzo –en la reinauguración del Estadio Azteca con el naming de Banorte– que servirá como aperitivo.
Total, que si no eres empresario, compañía o sponsor o revendedor te quedas fuera de la gran oportunidad histórica de asistir de forma presencial a un partido mundialista. #Tsss
El espejismo de la accesibilidad
Esta Columna 23 de Fan Pro en La Silla Rota se cierra el jueves 18 de diciembre de 2025, ante la creciente indignación de una afición que descubre, con dolorosa claridad, que el Mundial en su país no es para ellos, sino para el mejor postor internacional y la aristocracia corporativa.
La promesa de la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) de reservar un lote de entradas ‘accesibles’ (Categoría 4) para residentes se desmoronó en minutos.
A un costo de 60 dólares se puso a la venta el 10 por ciento de todo el boletaje para que le alcance ‘a la banda’.
La iniciativa propone una nueva categoría de entradas, denominada Supporter Entry, de aproximadamente $1,080 pesos mexicanos, dependiendo del tipo de cambio), que representaría el 10% del total del boletaje disponible para los 104 partidos del torneo. El objetivo de esta medida es ofrecer opciones más accesibles a la gente común.
El sistema de sorteo y filas virtuales, diseñado supuestamente para la equidad, opera bajo una arquitectura financiera que privilegia la capacidad de gasto inmediato y la bancarización de alto nivel.
Tener el Fan ID y una tarjeta de crédito VISA —patrocinador oficial que impone su plástico como llave de acceso— no fue suficiente.
El filtro económico es brutal: mientras el salario promedio en México no compite, los paquetes de Hospitality se cotizan en dólares, inalcanzables para la clase trabajadora que llenó el estadio en el 70 y el 86. El fan tradicional ha sido desplazado por el pudiente ‘turista de evento’.
El Caso Fanki: Crónica de un fraude anunciado
El caso más alarmante que desnuda la vulnerabilidad del consumidor es el escándalo de Fanki (citada erróneamente en redes como “Fantick”, nombre conocido, por cierto, por ser el del jugador brasileño del Club América, de Manuel Lapuente, en el Clausura 2023, recordado como un auténtico fiasco).
Esta plataforma colombiana, encargada de la venta para la reinauguración del Estadio Azteca con el partido pactado entre la Selección Mexicana y el Portugal de Cristiano Ronaldo, protagonizó un colapso operativo con hedor a estafa.
El modus operandi fue despiadado. Fanki anunció una preventa exclusiva que para muchos fans plantados nunca ocurrió realmente.
Miles de usuarios reportaron filas virtuales falsas que, tras horas de espera, arrojaban el mensaje de “agotado” en segundos. Mientras la página oficial mostraba errores de servidor 503, en sitios espejo y grupos de Telegram ya circulaban boletos “garantizados” al triple de su valor, como reportó Alejandra Pérez Molina para W Radio..
En un comunicado, Fanki aseguró que por un ciberataque se recibieron 3 millones de solicitudes de ‘bots’ por segundo.
La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) lanzó advertencias tardías, cuando el daño se concretó. La boletera argumentó “tráfico malicioso” ocasionado por un competidor, una excusa técnica para encubrir lo que pudiera representar una venta dirigida a consolidadores de reventa.
Al final, la boletera se deslindó y el dinero de miles de “apartados” se esfumó en un limbo bancario, replicando el caos de Ticketmaster en 2022 pero con esteroides e infiltración mundialistas.
Fanki entró a México como operadora de boletos del presidente de Grupo Orlegi, Alejandro Irarragorri para administrar los ingresos al Estadio Jalisco para partidos del Atlas.
Sin embargo, hay muchas irregularidades en esta incorporación, como que su permiso emitido por la Secretaría de Economía para operar en México pone a la CEO accionista de esta empresa a la también colombiana Tatiana Fontalvo como de nacionalidad mexicana, según investigación de Jorge García Orozco.
La directora dijo que no es que se hubiera caído la página, sino que la apagaron para que no sufriera más daño. #Orale
Tres días después del colapso hubo otro, ya cuando Fanki quiso hacerle otro favorcito a los fans que no pudieron comprar en un principio y anunció la venta de localidades de zona general.
El resultado fue que en minutos se esfumaron 4 mil 300 boletos y de repente aparecieron en reventa hasta en 100 mil pesos, lo que resultó trending topic.
Otro dato ‘curioso’: Fanki perdió sus derechos para operar comercialmente en Texas, Estados Unidos, por múltiples deudas.
Al respecto, el presidente de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), Ivar Sisniega, al ser cuestionado por medios informativos expresó que se hacía un escándalo absurdo con Fanki, pero que todo estaba muy bien.
Fan ID y VISA: La minería de datos disfrazada
¿Por qué miles de fans reciben el correo de “No fuiste seleccionado” a pesar de cumplir con todos los requisitos? La respuesta yace en la minería de datos. Al obligar al registro del Fan ID vinculado a una tarjeta VISA, la FIFA y sus socios no sólo buscan seguridad; construyen un score crediticio del fan.
El algoritmo de selección no es aleatorio. Prioriza perfiles con historial de gasto alto en eventos previos y capacidad de consumo en divisas.
El “sorteo” es, en realidad, un filtrado de clientes de alto valor Lifetime Value (LTV). El fan que ahorró dos años para un boleto de fase de grupos es descartado frente al perfil que, estadísticamente, consumirá hoteles, vuelos y merchandising oficial. Es la gentrificación aplicada a la base de datos.
La ‘reventa algorítmica’ y los ‘bots’
La reventa ya no es el revendedor callejero de los años 90. Hoy es una industria de High-Frequency Trading (HFT). Estudios académicos del MIT demuestran cómo los bots de compra automatizada pueden ejecutar transacciones en milisegundos, barriendo inventarios enteros antes de que un humano pueda siquiera cargar el CAPTCHA.
Estos scripts atacan las API de las boleteras directamente, saltándose la interfaz gráfica. El boleto no toca el mercado primario; viaja directamente al mercado secundario (StubHub, Viagogo) con un sobreprecio del 400 por ciento.
Un estudio de la Universidad de Yale advierte que la “fijación dinámica de precios” (Dynamic Pricing) transfiere el excedente del consumidor directamente a las plataformas, generando una pérdida de bienestar social neta del 6.3% en comparación con precios fijos.
El monopolio de MATCH Hospitality
No es que falten boletos; es que están secuestrados. La estructura de negocio de la FIFA triangula el grueso del boletaje premium hacia MATCH Hospitality AG.
Esta empresa suiza no es un proveedor cualquiera; tiene vínculos históricos con Infront Sports & Media, dirigida hasta hace poco por Philippe Blatter, sobrino del expresidente de la FIFA, Sepp Blatter.
MATCH Hospitality bloquea miles de los mejores asientos para paquetes corporativos B2B. Lo que sobra cae en el mercado.
Un reporte de investigación de Publica detalla cómo esta entidad opera como un monopolio de facto, inflando precios de alojamiento y entradas sin competencia real. El aficionado mexicano compite contra corporaciones globales que compran palcos enteros como gasto deducible de impuestos.
Europa vs. América
La situación en México y Estados Unidos contrasta violentamente con el modelo europeo. En la Premier League o la Bundesliga, la reventa no autorizada es un delito perseguido. Los boletos son nominales e intransferibles fuera de las plataformas de intercambio ético del propio club, donde el precio no puede exceder el valor facial.
En cambio, el modelo norteamericano del Mundial 2026 abraza el capitalismo salvaje del ticketing.
Aquí, la reventa es legal y se llama “Mercado Secundario Verificado”. Plataformas y boleteras cobran comisiones dobles: una vez por la venta original y otra por la reventa, incentivando la especulación. Estudios de la revista académica Cosma Journal sobre la percepción del fan indican que esta práctica erosiona la confianza y la lealtad hacia el deporte a largo plazo, pero maximiza las utilidades trimestrales.
‘Gentrificación del Estadio’: Un fenómeno global
El fenómeno no es exclusivo del futbol. Investigaciones sociológicas sobre gentrificación deportiva describen cómo los estadios modernos se diseñan para excluir a las clases populares. El Estadio Azteca, en su remodelación, eliminó miles de butacas generales para construir palcos y zonas lounge.
Se busca un nuevo tipo de aficionado: el consumidor pasivo que gasta $8,000 pesos diarios, en lugar del hincha apasionado que sostiene la mística del recinto. Esta ‘amputación cultural’ convierte a la Copa del Mundo en un evento privado celebrado en espacio público, donde el mexicano promedio solo es requerido como personal de servicio o como decorado folclórico en las Fan Zones.
¿Pierde dinero la industria al dejar fuera al fan mexicano de su Mundial? A corto plazo, absolutamente no.
La derrama económica estimada para México ronda los $3,000 millones de dólares, impulsada por un turismo internacional dispuesto a pagar tarifas de hospedaje infladas en un 40% y entradas VIP.
Sin embargo, el costo es intangible y devastador a largo plazo. Al romper el vínculo con la base social que sostiene el negocio durante los cuatro años entre mundiales, se erosiona la lealtad generacional. El fan que hoy se siente maltratado y excluido por el fraude de Fanki y la indiferencia de la FMF es el mismo que mañana podría dejar de consumir la Liga local.
Soluciones y comparativas
Mientras en México la Profeco actúa de manera reactiva y tibia, países como Brasil implementaron el Estatuto de Defensa del Aficionado, que en el idioma original es Estatuto de Defesa do Torcedor y que criminaliza la reventa digital.
En Francia, la tecnología blockchain se utilizó en París 2024 para garantizar la trazabilidad de cada entrada olímpica, impidiendo la especulación masiva: Las entradas se enviaban vía SMS pocos días antes del evento mediante códigos QR rotativos que solo se activaban cerca de la sede.
Para el Mundial 2026, la solución para el fan excluido es el "premio de consolación": los Fan Fests. En la CDMX y Monterrey, se preparan recintos para recibir a millones.
Cuestión de enfoques, pero: ver el partido mundialista del Tricolor en una pantalla gigante en el Parque Fundidora, mientras el estadio está a unos kilómetros vacío de compatriotas, suena más a segregación que a inclusión.
El Mundial 2026 será un éxito financiero rotundo en los libros de Zúrich, pero pasará a la historia como el torneo donde el mexicano promedio fue extranjero en su propia tierra, víctima de un sistema aparentemente diseñado para dejarlo fuera. No, ojalá que no haya portazos de ningún tipo. #Pls!
