JÜRGEN HABERMAS Y EL DIÁLOGO

La apuesta por el diálogo

Una de sus principales aportaciones de Jürgen Habermas es la teoría de la acción comunicativa que se enfoca en el entendimiento mutuo y no en la imposición, es decir, en el diálogo. | Agustín Castilla

Escrito en OPINIÓN el

En estos tiempos de cada vez mayor polarización a nivel global -y nuestro país no es excepción- en que al parecer sólo se comunican entre quienes comparten las mismas ideas o afinidades políticas y se ignora a aquellas personas o grupos que piensan distinto. Las redes sociales se han convertido en el principal espacio para construir narrativas, difundir y defender posturas prevaleciendo la descalificación o hasta el insulto, y la búsqueda de consensos o siquiera de acercamientos en la esfera pública se ha vuelto prácticamente inexistente imponiéndose la ley del más fuerte sin atender ninguna otra razón, preocupación o propuesta, se vuelve necesario apostar de nuevo por el diálogo.

El pasado 14 de marzo falleció a los 96 años, el filósofo alemán Jürgen Habermas, quien es reconocido como uno de los pensadores más importantes del último siglo por lo que en estos días han abundado reseñas sobre su obra, siendo precisamente una de sus principales aportaciones la teoría de la acción comunicativa que se enfoca en el entendimiento mutuo y no en la imposición, es decir, en el diálogo

Habermas sostenía que la política se ha devaluado ante el abandono del argumento y la razón, imperando una lógica meramente propagandística que provocó una crisis de motivación y legitimidad social. Por ello, consideraba que la política debía basarse en la discusión racional, consciente y sin coacción para la búsqueda de fines comunes, pasando de la racionalidad privada en la que prevalecen los intereses individuales a la racionalidad pública en función de intereses colectivos. Estaba convencido de la existencia de valores universales que permiten conclusiones comunes, y que la razón tiene una dimensión comunicativa por la cual, a través del diálogo, la razón privada puede devenir en razón pública hasta alcanzar consensos sociales que a su vez dan espacio a la autonomía y libertad personal.

En este contexto, apuntaba la necesidad de crear condiciones para un diálogo civilizado que parta de la razón, del argumento, de la inteligencia, y no por la demagogia, la mentira o la manipulación. No debe verse al debate como una confrontación que tiene como único propósito demostrar superioridad, la deliberación pública no consiste en confirmar quien tiene la razón, sino en un intercambio entre quienes se reconocen mutuamente como interlocutores que tienen mucho que decir y aportar. Para Habermas, la legitimidad política surge de la deliberación racional, abierta, sincera e inclusiva entre ciudadanos libres e iguales que trasciende el mero voto, que es lo que se conoce como democracia deliberativa.

Basta con asomarse en cualquier momento a los medios de comunicación o redes sociales que dan cuenta de lo que está ocurriendo en nuestro país y en el mundo, para percatarnos de lo lejos que estamos de lo que postulaba el filósofo alemán. La visión imperante de quienes hoy detentan el poder político y económico, es la de considerar como enemigo a todo aquel que tenga una posición distinta o simplemente que no muestre un apoyo incondicional, y avasallarlo sin miramiento alguno bajo la lógica de que la popularidad y control de los instrumentos del poder son suficientes para imponerse, sin reparar en las inconformidades, el malestar, desgaste, divisiones y fracturas que aun silenciosamente se van provocando y tarde o temprano habrán de manifestarse y, sobre todo, sin reparar en que nada es para siempre.

Agustín Castilla

@agus_castilla