Cada año, en el marco del Día Internacional de la Mujer, escuchamos básicamente los mismos discursos en los que, por un lado se reconoce a las mujeres, se hacen llamados para erradicar la violencia de género y avanzar en la igualdad de derechos, además de presentar cifras alegres, difundir logros –como la inauguración de un hospital oncológico– y anunciar nuevos programas, acciones etc.
Es cierto que gracias a una larga lucha de mujeres que con gran valentía y determinación se enfrentaron a la cultura patriarcal aún predominante en nuestro país, se han registrado avances muy importantes en lo que se refiere al acceso a cargos públicos pues actualmente ambas cámaras del congreso están integradas paritariamente y son presididas por mujeres, 13 entidades son gobernadas por mujeres y el número de ayuntamientos cada vez es mayor, instituciones como el Banco de México o el INE también son encabezadas por mujeres, por vez primera recientemente la Suprema Corte de Justicia fue presidida por una mujer y, desde luego, contamos con la primera presidenta de la República que cuenta con un gabinete paritario y creó una secretaría ex profeso. Hay que decir que en estos significativos avances, el INE y el TEPJF han jugado un papel relevante.
Sin embargo, la presencia de un mayor número de mujeres en los espacios de toma de decisión, e incluso la aprobación de reformas legislativas como la llamada Ley Olimpia, no se han traducido en un cambio sustancial en la realidad que viven millones de mujeres. Se calcula que a este 8 de marzo llegamos a un acumulado de 6 mil 440 feminicidios en los últimos 7 años, y que el promedio actual de mujeres asesinadas con violencia es de 8 diarias y, aunque se ha celebrado la reducción en esta cifra que en años anteriores llegó a 11 feminicidios cada día, se ha observado un crecimiento en los casos de desapariciones.
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Según datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas, en 2025 se reportaron alrededor de 40 casos diarios que representa un incremento del 12%, muchas de ellas de adolescentes entre 12 y 17 años y, en lo que va de enero y febrero suman cuando menos otras 340 desapariciones. Tan solo el pasado domingo, después de acudir a la marcha del 8M en Tehuacán Puebla en la que mostró un cartel que decía “somo el corazón de las que ya no están”, Lorena, de 19 años desapareció en el camino de regreso a su casa de acuerdo al mensaje que mandó a su familia. Es igualmente preocupante que en redes sociales se publicaron algunos despreciables comentarios como: “eso le pasó por salir a marchar”.
Lamentablemente la gran mayoría de las mujeres no se sienten ni están seguras en prácticamente ningún lugar, pues los riesgos están lo mismo en la calle, que en el transporte público, en el entorno laboral y muchas veces también en sus casas. Las violencias que enfrentan las mujeres son múltiples, además de la física, sexual o la psicológica que están a la orden del día, hay que sumar otros derechos que en la práctica son inaccesibles o muy difíciles de exigir. Por ejemplo, en la realidad no existe la igualdad laboral, en México las mujeres ganan entre 20 y 35% menos que los hombres por el mismo trabajo, no hay un reconocimiento y muchos menos redistribución del trabajo doméstico o de cuidados no remunerados, que en gran medida son realizados por mujeres entre muchas otras desigualdades. En este contexto, no hay mucho que celebrar y, por el contrario, es necesario reconocer que como sociedad, les seguimos fallando a las mujeres niñas y adolescentes.
