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¿Hora de vencer el miedo?

La captura y muerte de Nemesio Oseguera sembró una nueva ola de miedo en parte importante de la población; el reto, ahora, es reducirlo. | José Antonio Sosa Plata

Escrito en OPINIÓN el

El conocido escritor y periodista de izquierda, Eduardo Galeano, aseguró en 1998 que estamos viviendo el tiempo del miedo: “Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo…  Miedo a los ladrones, miedo a la policía… Miedo a la puerta sin cerradura… Miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar”. 

En los últimos años, el miedo resurgió en nuestro país, con otro perfil: Miedo al robo con violencia y a la extorsión. Miedo al secuestro. Miedo al robo de identidad. Miedo al despojo y a la invasión. Miedo a los tiroteos en las calles o cerca de las escuelas. Miedo al asalto en transporte público o en la puerta de tu casa. Miedo a convertirse en “daño colateral”. Miedo a la pérdida del patrimonio. Miedo al futuro. Miedo a que los seres queridos no lleguen a casa. Miedo a la falta de medicinas. Miedo a morir.

El operativo del Ejército mexicano en el que se capturó y abatió a Nemesio Oseguera Cervantes no sólo demostró la fuerza del Estado. También la capacidad y voluntad política de la presidenta Claudia Sheinbaum para combatir al crimen organizado. Fue un golpe de alto impacto con múltiples beneficios. Hasta ahora, la situación parece estar bajo control. Pero también es verdad que hoy más políticos le tienen miedo al escándalo o a sufrir un atentado. 

El balance y la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum son positivos. “Ya hay más tranquilidad y hay gobierno. Hay fuerzas armadas, hay gabinete de Seguridad y hay mucha coordinación. Entonces, pueden estar tranquilos de que se está resguardando la paz, la seguridad y la normalidad en el país”, dijo el lunes pasado. El resultado, sin duda, es motivo de reconocimiento y apoyo a uno de sus mayores logros en materia de seguridad.

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A pesar de lo anterior, con esta acción se ha sembrado una nueva ola de miedo en parte importante de la población. El domingo pasado, miles de personas vivieron momentos de verdadero terror. Unas, en caminos, carreteras y autopistas. Otras, en comercios, gasolineras y aeropuertos. Y muchas más en las calles e incluso dentro de sus casas. También se convirtieron en noticia.

Lo que vivió en forma directa la población en Tapalpa, Guadalajara, Puerto Vallarta y decenas de ciudades en varios estados de la república no es un asunto menor. El terror se ha apoderado de mucha gente en diversas ocasiones. Lo saben bien en Sinaloa, Michoacán, Guanajuato y más. El impacto directo de la inseguridad en las personas se entiende mejor cuando se ha vivido en carne propia.

Es lo que piensan, sienten y dicen los miles que no han podido acudir a trabajar, estudiar o divertirse por los enfrentamientos, bloqueos e incendios durante y después de la captura del jefe delincuencial. También quienes realizan compras de pánico y han tenido que hacer largas filas para adquirir alimentos. Es lo que perciben quienes vivieron en las llamadas “ciudades fantasmas”, tras lo sucedido en Jalisco el domingo por la mañana.

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Esta perspectiva de la inseguridad no siempre parece ser prioritaria, ni para muchos gobiernos ni para algunos medios de comunicación. Cuando los enfrentamientos, conflictos y violencias se pueden capitalizar política o comercialmente, se colocan en el centro de las agendas. El resto, parece apuntar a la consolidación de un proceso de “normalización”, pero que sin duda mantiene un miedo latente en todo momento.

La inseguridad es un problema profundo y complejo que se ha arraigado en casi todos los países democráticos. Erradicarla es una de las misiones más complejas. Y las sociedades han aprendido y entendido que las capturas y aniquilamientos de sus principales cabezas son necesarios e importantes, pero no suficientes. Por la misma razón, erradicar el miedo es también una labor sumamente compleja.

La razón de este último argumento se ha demostrado en diversos estudios. La captura o muerte de los altos mandos del crimen organizado deviene en enfrentamientos, pugnas y disputas por el control y subsistencia de las organizaciones. Las “decapitaciones” de los cárteles provocan escisiones y éstas dan lugar a la multiplicación de acciones violentas de los grupos armados que participan en la lucha por el poder.

Consulta: E. Rodríguez Pinzón, J.A. Fernández Leost y Á. García-Mayoral. "Inseguridad, miedo y democracia en America Latina y El Caribe: el fortalecimiento institucional como estrategia", en Documentos de trabajo número 107 (segunda época), Madrid: Fundación Carolina, 2025.

Desde el sexenio del presidente Felipe Calderón, fuimos testigos de que las acciones de alto impacto contra una organización criminal son aprovechadas por sus grupos rivales para apropiarse de los espacios y territorios que quedaron débiles o desprotegidos dentro de sus áreas de influencia, aumentando así la violencia.

Aún más. Con este tipo de estrategias las luchas contra los criminales se prolongan, tienen costos mayores y amplifican las zonas geográficas donde se imponen la incertidumbre, el miedo y el pánico. Este argumento no pretende descalificar ni cuestionar el éxito de la presidenta Sheinbaum, la SEDENA y su gabinete de seguridad. 

De lo que se trata es de no restarle importancia a la infiltración y control que han logrado los criminales en algunas instituciones públicas. Tampoco de pasar a segundo término el miedo que tienen millones de mexicanas y mexicanos con el tema de la inseguridad. Por eso, es imperativo ponerle una mayor atención a las estrategias de comunicación, a la par de las acciones que ya se están realizando para reducir las amenazas y riesgos reales que desafortunadamente estamos viviendo.

Recomendación editorial: Mauricio Meshoulam. Miedo y construcción de paz en México. México: CIDE, 2019.

 

José Antonio Sosa Plata

@sosaplata