Con el inicio del periodo vacacional, la planificación de viajes adquiere un matiz distinto para quienes han decidido integrar a sus animales de compañía en sus experiencias de descanso. Esta tendencia, cada vez más frecuente, responde al deseo de mantener el vínculo cercano con perros y gatos, sin comprometer su bienestar. No obstante, lograr una experiencia satisfactoria implica asumir una preparación rigurosa que contemple tanto aspectos de salud como de logística.
El traslado de mascotas requiere previsión. Desde la valoración médica previa hasta la organización del trayecto, cada detalle influye en su seguridad. En este sentido, la revisión veterinaria se vuelve un punto de partida indispensable.
“El primer paso para viajar con un perro o un gato es asegurarse de que cuenta con su esquema de vacunación completo y vigente. Además, es importante realizar un check-up general antes del viaje para identificar cualquier condición que pueda representar un riesgo durante la estancia”, explica el Dr. Fausto Reyes Delgado, director Médico y de Desarrollo Institucional del Hospital Veterinario UNAM-Banfield.
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Cuando el viaje contempla un destino internacional, la preparación adquiere un carácter aún más estricto. Es necesario cumplir con disposiciones sanitarias específicas, entre ellas la obtención del Certificado Zoosanitario para Exportación (CZE), emitido por las autoridades correspondientes. Este documento acredita que el animal cumple con los requisitos de salud exigidos por el país receptor y evita contratiempos en puntos de ingreso.
A la par, existen medidas prácticas que contribuyen a preservar la estabilidad del animal durante el viaje. Mantener su dieta habitual ayuda a prevenir alteraciones digestivas; contar con los medicamentos previamente indicados evita interrupciones en tratamientos; y disponer de contactos veterinarios —tanto del especialista habitual como de uno en el lugar de destino— permite actuar con rapidez ante cualquier eventualidad.
La identificación del animal constituye otro elemento clave. Portar una placa con datos actualizados del tutor facilita su localización en caso de extravío, especialmente en entornos desconocidos. Asimismo, el uso de transportadoras adecuadas, que permitan al animal moverse con comodidad, resulta fundamental tanto en viajes terrestres como aéreos, no solo por seguridad, sino también para favorecer una convivencia adecuada con otros pasajeros.
De igual forma, el uso de correas y arneses durante la estancia es indispensable para explorar nuevos espacios de manera controlada. Antes de concretar cualquier reserva, es recomendable verificar que el alojamiento permita la estancia de animales de compañía y que cuente con las condiciones necesarias para recibirlos.
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Al concluir el viaje, la atención no debe interrumpirse. Una revisión veterinaria posterior permite detectar posibles afectaciones derivadas de cambios de clima, exposición a nuevos entornos o interacción con otros animales, las cuales podrían no manifestarse de inmediato.
“Viajar con nuestros animales de compañía puede ser una experiencia enriquecedora, siempre que exista una planeación adecuada. La prevención y el acompañamiento veterinario permiten disfrutar del viaje con mayor tranquilidad y seguridad”, agrega el doctor Reyes Delgado.
Incorporar a los animales de compañía en los planes vacacionales implica, en última instancia, un compromiso integral con su bienestar. La anticipación, el cuidado constante y la asesoría profesional son factores determinantes para garantizar que el viaje transcurra en condiciones óptimas, tanto para ellos como para sus tutores.
LCM
