WILLIE COLÓN

Willie Colón: los 10 himnos que lo consolidaron como ícono eterno de la salsa

Desde los barrios latinos de Nueva York transformó vivencias colectivas en crónicas musicales que combinaron audacia sonora, conciencia social y una estética inconfundible

Fue, ante todo, un narrador de ciudad
Willie Colón no solo fue un productor visionario.Fue, ante todo, un narrador de ciudadCréditos: IG @ realwilliecolon
Escrito en YO SOI TU el

El silencio que este sábado 21 de febrero envolvió a la música latina no fue casual: fue la consecuencia de una ausencia irreparable. En la ciudad de Nueva York, a los 75 años, murió Willie Colón, uno de los arquitectos fundamentales del sonido que dio identidad al Caribe urbano en la segunda mitad del siglo XX.

La noticia fue confirmada por su familia mediante un comunicado oficial en el que se informó que el artista partió en paz, rodeado de sus seres queridos, tras permanecer hospitalizado varios días debido a complicaciones respiratorias. Su deceso no solo enluta a colegas y seguidores; cierra un capítulo decisivo en la historia cultural de América Latina.

Colón no fue únicamente un intérprete virtuoso del trombón ni un productor visionario. Fue, ante todo, un narrador de ciudad. Desde los barrios latinos de Nueva York transformó vivencias colectivas en crónicas musicales que combinaron audacia sonora, conciencia social y una estética inconfundible. Su obra no se limitó a acompañar una época: la explicó, la cuestionó y la celebró.

Willie Colón: los 10 himnos que lo consolidaron como ícono eterno de la salsa

Su primera gran etapa estuvo marcada por la sociedad artística con Héctor Lavoe, un binomio que redefinió la salsa brava. Piezas como “Che Che Colé” (1969) revelaron su temprana inclinación por integrar ritmos africanos en estructuras caribeñas tradicionales, mientras que “La Murga” (1970) —con la participación del cuatrista Yomo Toro— rescató raíces panameñas y puertorriqueñas para convertirlas en himno festivo continental.

En 1973, “El día de mi suerte” y “Calle Luna, Calle Sol” mostraron dos caras de un mismo pulso urbano: la esperanza obstinada del barrio y la crónica descarnada de sus riesgos. Allí comenzó a consolidarse lo que críticos y músicos denominarían el “Sonido de Willie”: metales incisivos, arreglos densos y una narrativa que no rehuía la realidad social.

La cúspide creativa llegó con el álbum Siembra, realizado junto a Rubén Blades. De esa producción emergieron “Pedro Navaja” y “Plástico”, composiciones que ampliaron los límites de la salsa al incorporar recursos cinematográficos, crítica social directa y una modernidad sonora que dialogaba incluso con la música disco de finales de los años setenta. Con ellas, Colón demostró que el género podía ser literatura urbana cantada.

Lejos de estancarse, su carrera evolucionó hacia nuevos registros. En 1984 sorprendió con “Gitana”, fusión que incorporó matices flamencos y evidenció su disposición permanente a experimentar. Más tarde, con “El Gran Varón” (1989), asumió una postura valiente al abordar temas de identidad y el impacto del VIH en un contexto de profundos prejuicios, confirmando que su música no estaba divorciada de las urgencias sociales. En los años noventa, canciones como “Idilio” y “Talento de Televisión” reafirmaron su capacidad de adaptación sin renunciar a la ironía y el espíritu crítico que siempre lo distinguieron.

IG @realwilliecolon. En 1984 sorprendió con “Gitana”, fusión que incorporó matices flamencos

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A lo largo de más de cinco décadas, Willie Colón diseñó un mapa sonoro donde convivieron la denuncia, el romanticismo, la memoria migrante y la celebración colectiva. Su trombón no solo marcó compases: trazó identidad. Hoy, mientras la música latina despide a uno de sus grandes referentes, su obra permanece como testimonio de una época y como legado vivo para nuevas generaciones. La voz podrá haberse apagado, pero el eco de su creación continúa resonando en cada esquina donde la salsa sigue siendo lenguaje, memoria y resistencia.

LCM