VERACRUZ, VER.- Luz del Carmen Teobal llegó a la avenida Independencia, del Centro Histórico de Veracruz, en 1985 cuando el esquite de 6 onzas costaba 150 viejos pesos y no 40 pesos como hoy. También cuando era la única persona que tenía un puesto ambulante sobre una de las avenidas comerciales más importantes de la ciudad.
Hace 41 años sólo había esquites, elotes, mayonesa, limón y dos salsas: la que sí pica y la que no pica, en su carrito metálico color blanco. Pero cuando su hijo Humberto creció y se mudaron a la esquina de Mariano Arista e Independencia, el puesto evolucionó con chicharrones y sopas preparadas, dorilocos, tostilocos, cinco tipos de salsa, grano amarillo y “toppings” como cacahuates chinos, media crema, chamoy y otros.
Entonces, cuando el Centro Histórico tenía ventas y visitantes aún después de las 8:00 de la noche, Lucha y Humberto permanecían al lado de la zapatería Canadá, ubicada en la esquina de Esteban Morales e Independencia, de 4:00 de la tarde a 10:00 de la noche.
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Ahora, los dolores y enfermedades que la aquejan a los 70 años no le permiten estar tanto tiempo en el puesto, por lo que este recayó en Humberto, un hombre de 49 años que creció entre desfiles, carnavales y nortes.
Cuando la cuesta de enero no era tan dura como este 2026, y cuando “esto no estaba tan jodido” como dice Lucha, las ventas bajas permitían vivir con tranquilidad hasta las primeras semanas de febrero, cuando turistas y locales regresaban con dinero para gastar en el Carnaval de Veracruz.
El puesto de Lucha, Humberto y su esposa fue uno de los que sobrevivieron a las bajas ventas que provocó la remodelación del Centro Histórico. Durante nueve meses, los 30 o 40 clientes diarios se convirtieron en 8 o 12, por lo que esta cuesta de enero, aunque apretada, no los asusta.
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Luz del Carmen está cubierta con una bufanda larga, un suéter y una falda que cubre sus tobillos del frío. Su nieto Fernando, de 23 años y criado en el mundo del comercio informal, sostiene su silla de ruedas ubicada al costado del puesto de esquites que levantó durante décadas.
Mientras, Humberto atiende a los pocos clientes que aún visitan el Centro Histórico, entre semana, después de las 7:30 de la tarde. “Yo estoy jodida. Esto está jodido”, dice Lucha mientras recuerda los mejores años de su negocio.
“Es un sube y baja. O sea, tú vendes en diciembre, pero lo que vendes tienes que saber administrarlo y no gastártelo porque baja en enero y en febrero sube tantito, pero igual juntarlo hasta que vuelva a venir el frío en noviembre, porque desde finales de febrero hasta junio, julio, casi no hay venta por los calores”, dice Humberto, de 49 años, quien emigró desde Soledad de Doblado con su madre.
Para soportar las cuestas de enero, el incremento de precios y golpes como la remodelación del Centro Histórico, Humberto tuvo que reinventar el negocio y vender algo más que los elotes y esquites que le enseñó a preparar Luz del Carmen.
“Hace 9 o 10 años costaba 20 pesos el esquite, póngale que sí ha aumentado un 50 por ciento, pero también tratamos de meterle más cosas, más variedad de chiles o de botellas”, explica Fernando, quien aún desconoce si continuará con el negocio familiar.
Enfrente de ellos está el puesto del otro hijo de Lucha, mientras que en Aquiles Serdán está el puesto de su hija, todos, aprendices del oficio de Luz del Carmen, de ojos grandes y cabello castaño, aprendió a punta de errores y perseverancia.
lm
