VERACRUZ, VER.- “¿Qué hemos hecho para que nos hables y te sepas mi nombre?” pregunta Moisés a Nadia entre lágrimas de vez en cuando. “Don Moi, usted es tan digno como cualquier otra persona”, le responde Nadia en las escaleras de la parroquia Santa Rita de Casia, de la ciudad de Veracruz, cuando le lleva su “cenita con amor”.
“Vete a tu casa, déjanos”, le insiste aquellas veces cuando está triste, cuando se siente indigno el adulto mayor que duerme al pie de la iglesia hace casi una década.
Ahí lo conoció Nadia hace ocho años un día que pasó por casualidad. Era un diciembre frío. Moisés tenía uno o dos años de haber llegado a las escaleras de la parroquia Santa Rita, ubicada en la zona conurbada.
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Días después le llevó despensa y ropa para pasar el invierno. Platicaron y ella lo frecuentaba. En enero de 2018, cuando en su casa sobró comida de año nuevo, Nadia decidió comprar 50 bolillos y repartirlos a más personas en situación de calle como Moisés.
“Salí con un amigo y dije: si los encuentro, voy a tratar de hacerlo más recurrente, y sí los encontramos. Empezamos a salir una vez cada 15 días, una vez a la semana (...) y para agosto ya comenzamos a salir diario, de lunes a viernes”, dice Nadia mientras conduce para recoger los postres donados de hoy: 25 vasos de arroz con leche.
Pero no serán para todos, sólo para los favoritos: aquellos y aquellas con las que formó una relación cercana, para la pareja que tiene dos hijos en un hotel que les cobra 190 pesos la noche, y para los adultos mayores. Personas que representan apenas una tercera parte de las 80 cenitas con amor que entregará hoy.
Moisés es uno de ellos. Le celebra su cumpleaños cada 2 de noviembre, el día que una mujer lo bautizó hace 64 años. Nadia cuenta que, en realidad, Moisés no existe: nunca fue asentado en el Registro Civil y no sabe su fecha de nacimiento.
Su mayor miedo, explica con la voz entrecortada, es morir en la calle y terminar en una fosa común. A veces no es el frío, sino ese pensamiento el que no le permite dormir por las noches.
Una noche de dignidad
“¡Hola, bonita!”, le dice un hombre a Nadia con efusividad cuando ve llegar su camioneta color gris. Desde el vehículo, Norma y Frida –quienes donaron tortas y aguas, y ayudan a repartir las cenas esta noche- le entregan una orden de tacos al pastor, agua, pan de muerto y su arroz con leche al hombre que no para de sonreírle a Nadia.
“Pórtate bien, ¿eh? Disfruta la cena”, le dice Nadia luego de agradecer la imagen de la Santísima Trinidad que le obsequió, y antes de continuar con su camino alrededor de la Terminal de Autobuses ADO.
Nadia López es una mujer de 44 años dedicada completamente a Cenitas con Amor, proyecto que nació formalmente el 16 de agosto de 2018 con su página en Facebook, la cual acumula más de 18 mil seguidores.
Tiene el cabello rubio, viste siempre con un quirúrgico que lleva el logo del proyecto y la sonrisa nunca le falta. Nadia se ríe, conversa, les deja medicamentos, ropa y calzado siempre que puede y lo necesitan.
En ocasiones celebra cumpleaños regalando pastel y cada día, sin falta, les entrega una pieza de pan dulce, uno de los alimentos favoritos de las personas a quienes ayuda.
Diario gasta 800 pesos en piezas de pan, y entre las botellas de agua y las cenas, los gastos diarios ascienden alrededor de mil 500 pesos. Pero Nadia no está sola.
Aunque es ella quien lleva las redes sociales y la logística de Cenitas con Amor, son las empresas, negocios y personas que donan diariamente quienes hacen posible la continuación del proyecto.
Esta vez, la cena consistió en tacos al pastor con salsa y limón, tortas de jamón con queso que incluían una manzana verde, pan de muerto, conchas, arroz con leche y una botella de agua. Todo, donado por el Señor Asadero, Norma y Frida, quienes además compraron medicamentos para curar la quemadura en la espalda de “El Profe”, un adulto que duerme sobre la calle Tuero Molina, al lado de la Terminal de Autobuses ADO.
Nadia se describe a sí misma como el medio para que las personas en situación de calle de Veracruz sean ayudadas por otras. Sin embargo, reconoce que es difícil.
El abandono, la soledad, el desprecio que enfrentan y las historias de abuso sexual que escucha de las mujeres en situación de calle, la drenan emocionalmente.
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“Me encontré a una señora que me dijo que la violaron, que le arrancaron un pedazo de oreja y que estaba muy enojada”, recuerda. Hace no mucho, cuenta, Adela, una mujer que habita las calles de la zona centro, le contó que un hombre la abusó sexualmente con un objeto durante la noche. Nadia le dijo que podía llamar a la Policía Naval, pero dice que finalmente el hombre terminó por abandonar la zona.
“También hay gente que me dice: fuimos al comedor y un viejo de al lado quería manosear a mi hijo”, explica.
Eso y los días en que las cenitas escasean, hacen que, ocasionalmente, Nadia piense en dejar el proyecto. Sin embargo, dice que siempre ocurre algo que la rescata. “A veces siento esa voz que me dice: no estás logrando nada, esto es solo una cena. Yo sola me doy para abajo, pero de repente salgo y una persona me agradece llorando porque no ha comido en dos días y entonces digo: sí importa”.
“Yo estoy comprometida con esto mientras Dios me preste vida. Siempre veo algo que me marca, una sonrisa, y ese agradecimiento es lo que siempre me motiva (...) Todas las causas importan. No olvidemos que todos estamos conectados, y que, si el otro está bien, yo voy a estar bien”, asegura.
Nadia se ha topado con mujeres que piensan que las va a envenenar, que las quiere dañar y que desconfían de ella. “Hay gente muy mala, imagínate todo lo que han vivido”.
lm
