DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Una niña puede soñar con ser artista y bailar en Bellas Artes: Monse Villalvazo

Mientras estudiaba ingeniería, Monse se dio cuenta que su vida debería estar dedicada a la danza. Esta decisión la ha llevado a pisar los escenarios más importantes del país

Escrito en VERACRUZ el

XALAPA, VER.— “¿Renunciar a tus sueños o seguir?”, es una pregunta que ha acompañado a Monserrat Villalvazo desde que eligió la danza como profesión. Dudó cuando llegó a vivir a Xalapa —a los 16 años— y supo que más bailarines ya habían estado en academias profesionales desde pequeños. Volvió a cuestionarse cuando se inscribió a una carrera de ingeniería por tener “algo con estabilidad”; y le ocurrió de nuevo en pandemia, cuando las oportunidades laborales para los artistas escasearon. 

“Pero al final siempre volvía con más ganas y contenta”, dice Monse, quien actualmente es bailarina ejecutante en el Ballet folklórico de la Universidad Veracruzana (UV) y define al arte, y la danza, como un estilo de vida del que ya no puede separarse.  

“Desde niña yo me sentía especial, a pesar de que no fui a academias. Aunque no tuve ciertos privilegios decidí creer, decidí audicionar, decidí bailar. Sí hubo momentos no tan buenos; tuve recaídas en esos pensamientos negativos, pero la danza poquito a poco me fue nutriendo cada vez más y ya no lo pude dejar”. 

Monse ahora tiene 26 años. Es una mujer alegre y risueña, que comienza a bailar a las ocho de la mañana y deja de hacerlo a las ocho de la noche. “Soy bailarina, maestra de baile y tengo más actividades. Soy animadora de eventos, conductora; he hecho pininos de cantante y un poco de modelaje. Siempre digo que soy aprendiz de todo y experta en nada”, comparte mientras mueve su cabeza de un lado a otro, al ritmo de una canción que suena a lo lejos. 

En entrevista con LA SILLA ROTA, Villalvazo Rodríguez hace una pausa en su día laboral, que bien podría demandar la misma energía de un obrero o algún deportista, para compartir su testimonio con niñas y adolescentes que sueñan con alguna rama de las artes. Ella es originaria de Soledad de Doblado, ubicado en la región del Sotavento de Veracruz. A sus ocho años, su madre la inscribió a unos cursos en la casa de cultura del municipio vecino de Manlio Fabio Altamirano.

“A mi mamá le encantó la idea y me llevó —recuerda con cariño—. Al principio había demasiados niños del pueblo, pero comenzaron a pasar los años y solamente quedamos un grupo pequeño. Allí bailaba repertorio nacional (folklore) de los estados de Tabasco, Yucatán, Jalisco, Nuevo León, Chihuahua. Todo fue empírico; la maestra nos decía ‘ustedes aprendan y desarrollen sus habilidades’. Fue todo un reto porque me frustraba muchas veces, especialmente porque era una niña, y lo dejé; lo dejaba por 1 año, lo dejaba por 6 meses, pero regresaba”. 

A los 16 años, Monserrat emigró de su lugar natal para radicar en Xalapa. En la capital terminó sus estudios de bachillerato y se inscribió en la carrera de ingeniería química porque creía que “estudiar una carrera así me daría dinero y estabilidad”. Con el paso del tiempo se convenció de que su vida estaba destinada a la danza. A los 19 años desertó de las fórmulas matemáticas y postuló en el Ballet folklórico de la UV, una compañía que se formó en 1975 y se ha presentado en los principales foros de México, así como en la mayoría de los países de Europa, Asia y América. 

Bastó una audición para que fuera aceptada en la compañía de la UV y desde entonces ha escalado en ese espacio donde, además, su trabajo le es remunerado. “Tengo entendido que la UV es la única institución que tiene en la nómina a sus bailarines, porque también hay ballets super reconocidos en el país, como el de Amalia Hernández o el de la Universidad de Guadalajara, donde las cosas son distintas. Para la Universidad el arte es muy importante, como lo dice su lema: Arte, Ciencia y Luz”. 

Sin embargo, para llegar adonde está ahora, Monse pasó por más retos y dificultades. “A los 19 años (ya en la compañía) descubrí que muchos bailarines habían bailado toda su vida con grandes personalidades del gremio, y yo no conocía a nadie. Tuve que abrirme camino solita. Muchas veces llegaba y me preguntaban ‘¿y tú, de dónde eres?’, ‘¿de dónde vienes?’, ¿con quién bailaste?’ Y pues les explicaba que no era de aquí. Así aprendí que ninguna oportunidad te la regalan”.

Monse también reconoce que los espacios en el campo laboral para los artistas veracruzanos, como en muchas partes del país, son escasos y que una vez que logras un lugar en la danza, gracias a tu talento, el siguiente reto es que sea remunerado. 

“Primero tienes que exponerte, te tienen que ver bailar, tienen que saber qué haces y de lo que eres capaz. Una vez que te vieron, ahora el reto es generar ingresos. Qué bueno por las personas que dedicarse a la danza y estudiar sin esa necesidad de trabajar. Cuando no tienes ese colchón económico tienes que saber que eso a lo que te quieres dedicar te deberá que retribuir de alguna manera”. 

Monse, además del ballet folklórico, tiene cuatro empleos. Trabaja los siete días de la semana. 

—¿Es necesario ser multifacética para poder hacer lo que te gusta: la danza?

“¡Ay!, ese es un chiste que lo he visto bastante. Es un chiste que aparece en las redes sociales que dice, ´Ya le entendí a esto de ser artista, solo debes tener otros tres trabajos y ya’ —ríe con ironía—. Entonces, quisiera decir que no, pero pues es la realidad de muchas personas que se han querido dedicar a esto que tanto aman, pero les retribuye poco o les retribuye nada. Yo creo que, al menos en mi experiencia, sí tengo que saber hacer otras cosas aparte de bailar”.  

—¿Podrías dedicarte a otra cosa, a cambio de un mejor salario?

“Creo que en este punto ya no, porque cuando que decidí dejar mi primera carrera fue porque justo entré a bailar. Y una vez en la compañía me dije: "Okay, bien o mal, estoy viviendo de lo que me gusta hacer. No me iba realmente mal, podía hacer lo que me gustaba. Ahora en este punto, donde solo me dedico a bailar desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche, yo ya no podría hacer otra cosa”. 

—¿Cómo una niña como tú, que no pudo ir al ballet en academias pudo ganarse un lugar en el campo laboral?

“Porque supe aprovechar las oportunidades. Así sean muy mínimas hay que saber tomarlas cuando se presentan. Cuando te pregunten si sabes hacer algo —aunque no lo sepas—, tú di que sí y con mucha seguridad aprende. Desde chiquita tuve una idea en mi cabeza y es que yo era especial. Ese tipo de pensamientos te llevan a cosas grandes. Cree en ti, en tu potencial. Aunque a veces haya vocecitas que te digan que no puedes, no es cierto, tú sabes que no es cierto”. 

—¿Qué le dirías a una niña de un lugar lejano que quiere dedicarse a la danza?

Que mantenga una actitud positiva, porque las personas se van a acercar a una persona abierta, agradable. Si tú te cierras en tu mundo de ‘no, pues cómo yo voy a hacer eso’, evidentemente no lo van a lograr. No tener miedo y seguir la intuición, ¿sabes? Si hay algo dentro de esa persona, de esa niña que le está diciendo, "tú vas a lograr cosas, tú sabes que vas a lograr cosas’, así va a ser”.

De quedarse sin empleo a bailar en Bellas Artes

—¿Tuviste alguna complicación durante la temporada de la pandemia?—

“Sí, pues no tener trabajo”, responde Monse con una nueva sonrisa. Ella fue una de las casi 72 mil personas que perdieron su empleo durante la pandemia por coronavirus en el estado de Veracruz, según cifras oficiales. Monse renunció por un tiempo al ballet folklórico de la UV y entonces sus otros trabajos que ahora tiene tampoco existían. 

“De los cinco que tengo ahora no tenía ninguno, porque yo había recaído en los pensamientos negativos. La danza seguía en mi vida, porque bailaba sola en mi casa, pero fue ahí donde tuve que descubrirme otros talentos porque en ese momento no pude vivir de la danza. Empecé a explorar otras partes de mí misma y fui chef; empecé a hornear, a vender galletitas de postres, todo ese tipo de cosas. Después vino la oportunidad de volver a la compañía, cuando ya todo se estaba restableciendo”. 

Afortunadamente las personas que seguían trabajando, que sí tenían su contrato activo, no les fue mal a lo que tengo entendido. Yo, por estar pasando por esta etapa rara en mi vida realmente me perdí y creo que le puede pasar a muchas personas que de repente creen que están haciendo su mejor esfuerzo, y piensan que no. Pero, como te digo, al final siempre vuelvo porque forma parte de mí desde muy pequeña”. 

Después de esa mala racha las cosas mejoraron. Monse pudo bailar en Bellas Artes. 

ÚNETE A NUESTRO CANAL DE WHATSAPP Y RECIBE LA INFORMACIÓN MÁS IMPORTANTE DE VERACRUZ

“Corrí con la suerte y la fortuna de conocer el Palacio de Bellas Artes, de bailar ahí, aunque fuera solo una vez, ya puedo decir que pisé ese escenario. Es algo muy importante para mi”. 

—¿Qué le regala la danza a una persona?

Te da una un estilo de vida muy padre. Te mantiene sano, te mantiene en forma, te mantiene activo, te permite desarrollarte bastante bien en el aspecto social. La gente te comienza a conocer, a reconocer; te relacionas con personas importantes dentro del gremio que te invitan a proyectos. Con solo ver tu nombre en los créditos es un logro. La danza te permite conocer lugares. He viajado dentro del país; desafortunadamente no he tenido la suerte de salir del país, pero las generaciones anteriores conocen casi todo el mundo. Ahorita en este punto no hemos tenido este tipo de giras, pero las que me precedieron conocen Japón, Italia, China y otros lugares. 

—¿Te genera orgullo ser promotora de la cultura gracias a la danza

“Sí, mucho. Últimamente las redes sociales son lo que más te da difusión a veces tu video ya tuvo 1 millón de vistas y eso está super padre. El otro día me encontré a un un chico y me dijo, ´yo te conozco, te he visto aquí y y sé cómo te llamas'. Entonces sí se siente un orgullo que te reconozcan especialmente por el hecho de bailar. Te dicen ‘yo te vi bailar la danza tarahumara, me encanta cómo bailan. Y es donde me doy cuenta de que la gente realmente empieza a absorber lo que nosotros hacemos”. 

“En la UV, la verdad me siento muy privilegiada porque tengo vestuarista, tengo personas que se encargan de eso: de planchar, de lavar el vestuario, de transportarlo, me hacen la utilería; yo no necesito hacer nada, solo necesito ir a bailar. Aparte recibo esta compensación y tenemos prestaciones. Sé que no en todos los lugares es así porque bailé en otros lugares donde tú tenías que hacer todo ese trabajo”. 

Así termina la entrevista. La felicidad en el rostro de Monse es una garantía de que no hay mayor retribución en un trabajo que hacer lo que te apasiona.

mb